El día que
lo vimos por primera vez nos quedamos mirándolo fijamente, mientras él
precisaba algo en el Departamento de corrección del Periódico Sierra Maestra,
de Santiago de Cuba. “Ese es Róger, el periodista de Las Tunas”, me dijo Alexis
Peña, mi amigo y compañero de estudios.
Recuerdo
que lo miramos con admiración y respeto, porque era nada más y nada menos que
un periodista oriundo de Las Tunas, cuando este territorio todavía no era
provincia, allá por los primeros años de la década del 70 del pasado siglo.
Pero además, porque habíamos oído hablar de él por parte de Gallo (Rossano
Zamora Paadín), considerado el Padre del periodismo tunero después de la Revolución,
que en aquel momento se desempeñaba como funcionario de la esfera ideológica
del Partido Comunista en la región, y era quien había enviado a un grupo de
jóvenes a estudiar Artes Gráficas a la entonces capital de la provincia de Oriente,
con vistas a abrir un periódico diario en la futura provincia de Las Tunas.
Como Alexis
y yo estudiábamos Fotograbado, cuyo departamento pertenecía al taller y Róger
estaba en la Redacción central, casi no nos veíamos, pero siempre que nos
encontrábamos nos saludábamos de manera amable, por ser coterráneos.
Y así pasó
el tiempo.
En 1978,
cuando se funda el diario 26, en la provincia de Las Tunas, a Alexis y a mí,
que ya nos habíamos graduado de Fotograbado y trabajábamos como profesores de
secundaria básica, nos mandan a buscar para el Departamento de Fotograbado, y
así comenzamos nuevamente en los avatares de un periódico, pero esta vez como
profesionales y no como estudiantes.
Por ese
entonces Róger Aguilera Morales, El Árabe para los amigos más cercanos, ya
había regresado a la naciente provincia y trabajaba como corresponsal de
Juventud Rebelde en Las Tunas. Después va para el Servicio Militar y al egresar
del ejército comienza a desempeñarse como corresponsal de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en la provincia, aunque en el servicio no se
desvinculó del Periodismo y laboraba para una revista militar.
En esa
etapa, Alberto Rodríguez era el corresponsal jefe de la ACN, y junto a Róger,
Antonio Paneque, Ricardo Varela, Beltrán, Lobón, Luis Manuel Quesada, Florencio
Lugones, Gallo, entre otros que laboraban en los diferentes medios, integraban
la generación que marcaba el paso profesional de aquel grupo de periodistas que
edificaron los cimientos de los órganos de prensa hasta la actualidad.
Ya por ese
tiempo las relaciones entre Róger y yo comenzaron a estrecharse por ser
colegas, y nació una amistad entre nosotros que nos llevaba a compartir no solo
la profesión, sino parte de la vida social. Salíamos a divertirnos con mujeres,
con amigos, como jóvenes al fin, que cada día nos levantábamos con ganas de
comernos el mundo.
Así, un día
le dieron la tarea de desempeñarse como el funcionario que atendía a la prensa
en el Departamento Ideológico del Partido, misión que cumplió con profesionalidad, y cuando terminó
ingresó al Periódico 26 y fue mi jefe de Información, y me enseñaba todo cuánto
sabía desde su posición de velar por la calidad, el enfoque, la intención del
mensaje, y yo, como buen alumno, aprendía todo cuánto me trasmitía.
Otro día de
1998, al fallecer repentinamente Ricardo Varela, a Róger le dan la tarea de ser
el corresponsal jefe de la ACN, y el Periódico se sintió la ausencia de uno de
los principales elementos de su columna vertebral, y desde entonces ha estado
al frente de la Corresponsalía, y aunque se dice muy fácil y rápidamente, en
estos 15 años él ha marcado un territorio importante dentro del Periodismo en
Las Tunas, por la profundidad en sus análisis, por sus opiniones atinadas, por
su visión, por su calidad como profesional, que también lo llevan a cargos
colaterales importantes dentro de la Unión de Periodistas de Cuba, como Asesor
de la Presidencia y Presidente de la Comisión provincial de Ética.
Y por eso
hoy, un día cualquiera, de la manera más sencilla, le quiero rendir merecido
homenaje a una parte pequeña de la vida y la obra de este hombre, que
prácticamente echó los dientes en el Periodismo, siempre con su mirada aguda,
su análisis fino, su consejo sano, su mano amiga; porque periodistas como Róger
no se encuentran al doblar de la esquina, y se ubican en el grupo de los
imprescindibles en esta difícil y controvertida profesión que da y quita el
sueño.