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viernes, 26 de julio de 2013

Ahora recuerdo aquel 26 de julio de 1978, cuando la vieja rotoplana parió por fin el primer número del diario 26, un hecho que marcaba un hito en la historia de la joven provincia de Las Tunas, pero sobre todo, se alzaba un reto enorme ante el bisoño colectivo de periodistas y trabajadores.

Y recuerdo al colectivo enardecido que vibraba de emoción y de alegría, porque había mucho escepticismo ante el hecho de lograr la tirada, con una vieja rotoplana que se había pasado años a sol y sereno, y Eduardo Infante, el mecánico del taller, son su ingenio, la echó a andar, pero las dudas flotaban en ver si en verdad podría lograr la tirada completa.

No se puede describir la alegría del colectivo de periodistas y trabajadores cuando salió el primer número del periódico, ya en horas de la mañana y José Infante, el director, y Carlos Tamayo, estudiante universitario que colaboraba con el periódico, partieron hacia Santiago de Cuba para llevar los primeros ejemplares al Comandante Faure Chomón Mediavilla, primer secretario del Partido Comunista en la provincia, para que los entregara a Fidel Castro y los demás dirigentes de la Revolución.

sábado, 6 de julio de 2013



Róger Aguilera, en la redacción de la Corresponsalía de la Agencia Cubana de Noticias. (Tiempo21 Fotos /Angeluis)
El día que lo vimos por primera vez nos quedamos mirándolo fijamente, mientras él precisaba algo en el Departamento de corrección del Periódico Sierra Maestra, de Santiago de Cuba. “Ese es Róger, el periodista de Las Tunas”, me dijo Alexis Peña, mi amigo y compañero de estudios.

Recuerdo que lo miramos con admiración y respeto, porque era nada más y nada menos que un periodista oriundo de Las Tunas, cuando este territorio todavía no era provincia, allá por los primeros años de la década del 70 del pasado siglo. Pero además, porque habíamos oído hablar de él por parte de Gallo (Rossano Zamora Paadín), considerado el Padre del periodismo tunero después de la Revolución, que en aquel momento se desempeñaba como funcionario de la esfera ideológica del Partido Comunista en la región, y era quien había enviado a un grupo de jóvenes a estudiar Artes Gráficas a la entonces capital de la provincia de Oriente, con vistas a abrir un periódico diario en la futura provincia de Las Tunas.

Como Alexis y yo estudiábamos Fotograbado, cuyo departamento pertenecía al taller y Róger estaba en la Redacción central, casi no nos veíamos, pero siempre que nos encontrábamos nos saludábamos de manera amable, por ser coterráneos.

Y así pasó el tiempo.

En 1978, cuando se funda el diario 26, en la provincia de Las Tunas, a Alexis y a mí, que ya nos habíamos graduado de Fotograbado y trabajábamos como profesores de secundaria básica, nos mandan a buscar para el Departamento de Fotograbado, y así comenzamos nuevamente en los avatares de un periódico, pero esta vez como profesionales y no como estudiantes.

Por ese entonces Róger Aguilera Morales, El Árabe para los amigos más cercanos, ya había regresado a la naciente provincia y trabajaba como corresponsal de Juventud Rebelde en Las Tunas. Después va para el Servicio Militar y al egresar del ejército comienza a desempeñarse como corresponsal de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en la provincia, aunque en el servicio no se desvinculó del Periodismo y laboraba para una revista militar.

En esa etapa, Alberto Rodríguez era el corresponsal jefe de la ACN, y junto a Róger, Antonio Paneque, Ricardo Varela, Beltrán, Lobón, Luis Manuel Quesada, Florencio Lugones, Gallo, entre otros que laboraban en los diferentes medios, integraban la generación que marcaba el paso profesional de aquel grupo de periodistas que edificaron los cimientos de los órganos de prensa hasta la actualidad.

Ya por ese tiempo las relaciones entre Róger y yo comenzaron a estrecharse por ser colegas, y nació una amistad entre nosotros que nos llevaba a compartir no solo la profesión, sino parte de la vida social. Salíamos a divertirnos con mujeres, con amigos, como jóvenes al fin, que cada día nos levantábamos con ganas de comernos el mundo.

Así, un día le dieron la tarea de desempeñarse como el funcionario que atendía a la prensa en el Departamento Ideológico del Partido, misión que  cumplió con profesionalidad, y cuando terminó ingresó al Periódico 26 y fue mi jefe de Información, y me enseñaba todo cuánto sabía desde su posición de velar por la calidad, el enfoque, la intención del mensaje, y yo, como buen alumno, aprendía todo cuánto me trasmitía.

Otro día de 1998, al fallecer repentinamente Ricardo Varela, a Róger le dan la tarea de ser el corresponsal jefe de la ACN, y el Periódico se sintió la ausencia de uno de los principales elementos de su columna vertebral, y desde entonces ha estado al frente de la Corresponsalía, y aunque se dice muy fácil y rápidamente, en estos 15 años él ha marcado un territorio importante dentro del Periodismo en Las Tunas, por la profundidad en sus análisis, por sus opiniones atinadas, por su visión, por su calidad como profesional, que también lo llevan a cargos colaterales importantes dentro de la Unión de Periodistas de Cuba, como Asesor de la Presidencia y Presidente de la Comisión provincial de Ética.

Y por eso hoy, un día cualquiera, de la manera más sencilla, le quiero rendir merecido homenaje a una parte pequeña de la vida y la obra de este hombre, que prácticamente echó los dientes en el Periodismo, siempre con su mirada aguda, su análisis fino, su consejo sano, su mano amiga; porque periodistas como Róger no se encuentran al doblar de la esquina, y se ubican en el grupo de los imprescindibles en esta difícil y controvertida profesión que da y quita el sueño.

 

viernes, 22 de junio de 2012

Antes de conocer algo de un periódico por dentro, casi que me rompía la cabeza tratando de adivinar, cómo era posible llevar una imagen a un papel, sin pensar siquiera que un día yo iba a estudiar los principios de la fotografía y el fotograbado como especialidad de las Artes Gráficas.  
Así, por primera vez en mi corta vida, escuché hablar de Tipografía, Impresión, Fotografía de prensa, Fotograbado, Linotipo..., como algunas de las especialidades relacionadas con los periódicos, y enseguida me fascinó la idea de convertirme en fotorreportero y escuché con atención todo lo que debían hacer los interesados.

Era por aquel entonces estudiante de secundaria básica y tenía fascinación por las cámaras, las fotos, el cine y el periodismo, y estando en noveno grado se apareció a mi escuela un periodista y fotógrafo que le decían Gallo y conversó con los alumnos para captar estudiantes para diferentes especialidades de las Artes Gráficas, porque ya se vaticinaba la nueva división político administrativa en Cuba, y el territorio donde vivíamos sería una provincia y se abriría un periódico diario y había que preparar a los especialistas que trabajarían en la futura empresa.


Unos días después, varios estudiantes nos personamos en la dirección del Partido Comunista del entonces Territorio Tunas-Puerto Padre, perteneciente a la provincia de Oriente, y nos presentamos ante Gallo, cuyo verdadero nombre era Rosano Zamora Paadín y era el padre del periodismo revolucionario en la región, quien tenía la misión de echar a andar el futuro periódico, desde su posición de funcionario del Partido.

Nos apuntamos como pretendientes de futuros especialistas de las Artes Gráficas, con vistas a estudiar en la escuela poligráfica provincial Félix Bravo Hernández, de la ciudad de Santiago de Cuba, capital de Oriente, y unos días después tendríamos que presentarnos en aquel centro para hacer el examen de aptitud, que nos daría el pase a los estudios.

Y así llegó el día, y a Santiago nos fuimos un grupo como de 30 estudiantes de diferentes secundarias básicas, y en tren llegamos a la famosa urbe oriental, llena de lomas, historia y gente hospitalaria, por donde había comenzado la Revolución que triunfó el primero de enero de 1959, con el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, por un grupo de jóvenes comandados por Fidel Castro. Durante todo un largo día hicimos el examen cientos de alumnos de toda la provincia de Oriente y regresamos a casa en espera de la selección final.
 
Por aquellos días el curso escolar 1971-1972 terminaba, y un día Gallo, que vivía muy cerca de mi casa, me llamó y me dijo que había sido uno de los seleccionados y que tendría que marchar a Santiago a finales de agosto para comenzar el calendario docente el primero de septiembre, creo, y así fue.

De mi territorio habíamos sido seleccionados José Pérez Gamboa, Walfrido Machado (Palito), Alexis Peña López, Norge Santiesteban Vidal, Carlos y Alberto, cuyos apellidos no recuerdo y yo, quienes partimos a Santiago en la fecha prevista para iniciar el calendario 1972-1973.

Cuando llegamos a la escuela comenzaron a repartirse las especialidades según las solicitudes, y en Fotografía solo había una plaza, que en el caso de Las Tunas pedíamos Norge y yo y no recuerdo por qué se la otorgaron a Norge. Entonces me decidí por el Fotograbado, junto con Alexis, de lo cual me alegré tiempo después, porque con los mismos principios de la fotografía era una especialidad inédita en mi territorio y algo verdaderamente fascinante. José Pérez, Palito, Carlos y Alberto se inclinaron por la Impresión y la Tipografía.

Las clases teóricas se impartían en la escuela, ubicada en la calle Calvario entre Enramada y San Gerónimo, en el mismo corazón de la ciudad, y la práctica se hacía en los diferentes talleres de las Artes Gráficas. En el caso de Fotograbado Alexis y yo hacíamos las prácticas en el periódico Sierra Maestra, emblemático diario de Cuba, y que abarcaba a toda la provincia de Oriente, la más grande del país.

A la vuelta de tantos años me es imposible narrar la experiencia que para mí (y para Alexis) representaba estar dentro del periódico Sierra Maestra, por lo que era aquel medio de prensa. Y yo, además de estudiar en profundidad el Fotograbado, no me perdía ni uno de los rincones del taller y la Redacción del diario, y tuve en Bell y Ocaña a mis grandes profesores del Fotograbado, que me cautivó para siempre.

El Fotograbado cuenta como especialidad con tres departamentos: Copia, Pase y Grabado, y aunque uno se formaba integralmente, después de graduados los fotograbadores se especializaban en uno de los tres.

La Copia (el más fascinante para mí y del que depende la calidad del trabajo final), consiste en copiar en una película la foto que se quiere llevar al papel, mediante una cámara fotográfica oscura y a través de una retícula o trama, para lograr los puntos en relieve. La luz utilizada es cegadora, y se logra mediante carbones para que la imagen se capte a través del lente. Es preciso seleccionar la abertura precisa y el tiempo preciso de exposición, para que el negativo no quede ni subexpuesto ni sobrexpuesto.

Ese negativo se lleva al departamento de Pase, en el que se utiliza una plancha con una aleación de zinc y aluminio que se limpia con un polvo llamado piedra pome para quitarle toda la grasa. Cuando está completamente limpia se cubre con un esmalte sensible a la luz que se seca mediante calor, luego se le coloca el negativo encima y se le expone a la luz, también de carbón. Una vez expuesta ya la fotografía queda captada en la plancha, pero es necesario lograr el relieve para la impresión y entonces aparece el Grabado, que cuenta con una máquina con ácido nítrico rebajado con agua.

Dentro de esa máquina se coloca la plancha con la foto y se echa a andar; la máquina cuenta con unas paletas que giran a velocidad y le van tirando ácido a la plancha, para ir comiendo las partes blancas de la imagen. Al final, los puntos quedan a relieve y la fotografía está lista para la impresión.

Todo este proceso requiere de mucha maestría porque la precisión es vital en cada uno de los departamentos para lograr un trabajo de excelencia.

Una vez graduados en el curso escolar 1973-1974, regresamos a Las Tunas, pero como el periódico no había comenzado, me reorienté hacia la educación y comencé a formarme como profesor de Secundaria Básica, hasta que en 1978, cuando ya Las Tunas era provincia desde 1976, se iniciaron los preparativos del inminente diario con el montaje de todo el taller y la Redacción, y el 26 de julio de 1878, con la primera edición, salieron a la luz nuestros primeros grabados, todo un acontecimiento personal y para la provincia.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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