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sábado, 7 de mayo de 2016

En Ghana, país del África subsahariana, abundan los vendedores por doquier, y los panaderos son por montones, donde quiera que se detenga un ómnibus ahí están ellos, con un alimento que cualquiera agradece.

Comer algo de los vendedores siempre es un riesgo de enfermedad, porque en ese continente el medio ambiente es demasiado hostil; sin embargo, los panes siempre tenían buena presencia, correcta envoltura con nylon, y sobre todo son extremadamente sabrosos, porque no son ni dulces ni salados, y son suaves.

Siempre en los ómnibus detenidos llegan muchos vendedores, pero los panaderos son mayoría, y observe en la imagen la lucha por vender, porque de eso viven y pasan largas horas para que alguien les compre.

De todo lo que nuestro equipo de prensa comió por su recorrido africano, fue sin dudas el pan lo más aceptado. Y era nuestra costumbre cuando viajábamos, el comprar aquellos panes, tres o cuatro latas de sardinas y hacer grandes bocatidos que bajaban con Coca Cola o Fanta, para resistir las largas horas sobre el camino.



martes, 3 de mayo de 2016

Ocurrió un día cualquiera de nuestro recorrido por Ghana, en el África subsahariana, cuando comenzábamos la intensa faena por todo el país.

Una mañana en que andábamos con médicas cubanas nos encontramos en la carretera del pueblito nombrado Town, a unos niños con su tradicional carga sobre la cabeza, y a Santana se le ocurrió que nos colocaran aquellos objetos sobre las nuestras, lo cual resultó una verdadera odisea, porque no lográbamos el equilibrio para sostener las viandas en lo más alto de nuestra estatura.

Así el intrépido y genial fotorreportero Ahmed Velázquez dejó plasmada en su lente esta escena, en la que, ¡al fin! pude sostener la bandeja para la historia, al lado de aquellos pequeños niños africanos a los que se les alegraba la vida cuando compartíamos un momento con ellos.

Y yo me sentí africano en ese instante, y comprendí algo difícil de explicar: qué se siente al llevar un peso como ese en la cabeza.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

Doctor James P. Guzek, de Pensilvania. /Foto: Ahmed Velázquez.
Es una novedad hablar de Kpando. De sus olvidadas casas y callejuelas de tierra roja, de sus gentes empeñadas en buscar el sustento diario, lo que muchas veces resulta infructuoso.

De Kpando se ha hablado muy raras veces en muchos años. El solo hecho de estar en un punto tan alejado en la Región del Volta, en la extensa geografía de Ghana, en el África subsahariana, lo ha hecho más inaccesible para aquellos que no saben que existe, incluso en tierras cercanas.

Sin embargo, en los años 1999-2000, Kpando cambió y despertó interés para su población natal y las comunidades vecinas, por la labor de médicos cubanos y norteamericanos en el hospital católico Margaret Marquart.

El centro asistencial se levanta a un costado del poblado. Es una construcción modesta, se distingue de las del resto del país por ser más asequible para la gente pobre, y por la característica, única en Ghana, de la labor conjunta de los especialistas de la Isla y Estados Unidos.

En el hospital de Kpando primaba el respeto y la admiración mutua entre los médicos de los dos países. Más de dos años  trabajando juntos en aras de la salud del sufrido pueblo ghanés es una muestra elocuente de cuánto ha hecho este equipo en el noble empeño de preservar la vida de la población nativa.

Aun cuando el Gobierno de los Estados Unidos se empeña en su diferendo con Cuba, los médicos de ambos grupos no tuvieron en cuenta la política del Imperio, se relacionaban como verdaderos profesionales, y los resultados fueron halagüeños en los principales indicadores de salud.

Jennifer Thoene es una joven profesional de California, que pertenece a la Mision Doctors Asociation y se desempeñaba como directora del Margaret Marquart. Ella estaba encantada por tener a los médicos cubanos allí, porque sin ellos no hubiesen logrado todo cuanto se hizo. Se sentía  realmente impresionada con su profesionalidad y entrega al trabajo.

Aunque no estaban en el hospital, se encontraban de guardia las 24 horas en sus casas, y en cualquier momento que se les iba a buscar, llegaban con una disposición sin igual; con una conciencia increíble”, decía.

Jennifer confesaba que antes de estar en Ghana no tenía referencia de la medicina cubana por las barreras existentes. «Todo lo que se dice en mi país sobre Cuba está tergiversado y de lo bueno que se hace allá no se habla nada. Pero ahora que he tenido la posibilidad de trabajar con un grupo de médicos cubanos te aseguro que están muy bien entrenados, y le pido al Gobierno de Cuba que siempre envíen ms profesionales para nuestro hospital».

Para el doctor James P. Guzek, de Pensilvania, la oftalmología es pasión. Su trabajo en este hospital desde 1998 le permitió laborar con varios médicos cubanos, primero desde su posición de director del centro asistencial, después como especialista.

James disfrutaba trabajar con los cubanos, que son muy profesionales y talentosos. En lo personal los une una gran amistad, y desde el punto de vista de la labor diaria, constituyen una fuerza insustituible. Cree que sin ellos el centro no funcionaría bien.

«Y no solo este grupo, porque el anterior también dio muestras de un trabajo envidiable en todos los sentidos. Además de buenos profesionales son excelentes personas».

Peter Meade es el único de los norteamericanos que habla español, por el  hecho de haber trabajado durante mucho tiempo en misiones con mexicanos. Cirujano de Los Ángeles, integra la Organización católica Mision Doctor, Médicos sin fronteras y Compañeros de Los Ángeles.

«Ha sido un buen entrenamiento trabajar con los médicos cubanos. Hay cosas que ellos no saben y otras que yo no sé, y entonces intercambiamos experiencias y conocimientos, lo que constituye una buena oportunidad para aprender cosas juntos.

«Desde el punto de vista personal esta experiencia me ha servido de mucho, porque los profesionales cubanos que he conocido en mi país son personas que reniegan del Gobierno de la Isla, por lo que yo solo veía un lado del asunto; pero ahora veo ambos lados y las cosas no son como yo creía por las pobres referencias que tenía. Y te digo que estoy impresionado con la labor de los profesionales que trabajan aquí. Sería beneficioso que un día otros médicos de mi país tuvieran la oportunidad que yo he tenido ahora».

Por eso Kpando salió de su escondida geografía y se conoce más. Porque es un hecho notable el que este grupo de norteamericanos laborara con el anestesista Jorge Luis, la pediatra Sandra, el ginecólogo Miguel y el médico general integral Sergio Rufín, quienes conformaron un equipo multidisciplinario cubano-estadounidense que luchó, día a día, para preservar la salud de los olvidados de este mundo.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Los niños se entregan al trabajo desde las más tempranas edades. (Foto: Ahmed Velázquez).
Todos los días son iguales en Peki. 

Allí no hay un jardin ni una flor alrededor de las callejas de tierra roja, ni una alegría que haga cabalgar al corazón dentro del pecho, ni algo nuevo entre ese cielo y esa tierra que se unen en cada una de las montañas que rodean al valle donde se encuentra el pueblito.

En Peki la vida es tan aburrida que los hombres prefieren buscar sus horizontes en otros lugares y tratan de revender mercancías para encontrar el sustento, y  las mujeres se la pasan pilando viandas para hacer el fufú tradicional.

Pero los niños, esos que no pueden salir del pueblito, están confinados al trabajo desde las más cortas edades, mientras los más pequeñines andan de un lado para otro con sus miradas perdidas en el tiempo, y su única fiesta es cuando ven a los yiuwo (hombre blanco en dialecto ewe), a los que les salen a su encuentro, y les dan sus manitas y les dicen adiós con tristeza cuando se alejan.

Peki es un lugar retirado en la Región del Volta, a unos 200 kilómetros al sureste de Accra, la capital de Ghana, en el África subsahariana, que nació sin infancia, donde la sonrisa es más triste que el llanto.


viernes, 11 de septiembre de 2015

Recuerdo el 11 de septiembre de 2001 como ahora mismo. Ahmed Velázquez, fotorreportero de Granma Internacional, y yo, estábamos en África en cobertura al trabajo de la brigada médica en Ghana, África subsahariana, y vemos por la televisión el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, en aquel acto terrorista que estremeció al mundo.

Aquella tarde en África, solo nos faltaban tres días para regresar a Cuba, y teníamos una carrera contra el tiempo porque nos trasladábamos desde Ho, ciudad capital de la Región del Volta, hacia Cape Cost, en la costa del Golfo de Guinea, por lo que debíamos recorrer más de 400 kilómetros en transporte público.

Eran alrededor de las 4:00 de la tarde cuando llegamos a Accra, la capital ghanesa, para pasar por la casa de los jefes de la brigada médica –nuestro cuartel general- para recoger alguna ropa y seguir camino. 

Cuando llegamos a la casa de Margot, una de las médicas cubanas, nos dice alarmada: «unos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono», y corremos hacia el televisor,  en el que la CNN rueda constantemente las imágenes de los aviones traspasando las torres en medio de aquellas bolas de fuego.

«Horrible», comentamos y corremos a recoger lo que debemos llevar porque nos coge la noche y todavía nos quedan más de 200 kilómetros por transitar.

Aquel fue el preámbulo de lo que pasaríamos después, porque en materia de viaje, el atentado a las Torres Gemelas nos traería muchos contratiempos cuatro días después, de regreso a Cuba a través de los aeropuertos de Dakota, en Accra, y la Terminal Norte, en Londres, en los que se vivía una angustia terrible por aquellos actos que alborotaron todas las terminales aéreas del mundo.


jueves, 30 de julio de 2015

Fotos: Ahmed Velázquez

Mampong Akuapemg es uno de los distritos de la Región Este, a unos 60 kilómetros de Accra, la capital de Ghana, en el África subsahariana.

En un día medio frío vamos al encuentro de los médicos cubanos que allí laboran en el Nissan asignado al jefe de la Brigada. Llegamos a Manfee (uno de los poblados) alrededor de las 11:00 de la  mañana. El viaje ha sido lento, primero porque el tráfico en Accra es infernal y el camino es peligroso, con empinadas lomas y pronunciadas curvas, además de las constantes paradas para tomar fotos. Cuando se va subiendo los oídos zumban; abajo se ve un gran valle que va despidiendo a Accra.

Manfee es uno de los tantos pueblitos con que cuenta Ghana. La casa de los cubanos está a un costado y en ella viven el especialista en Medicina Interna Doris Cala Rodríguez, de Guantánamo; Julia Vancol Naranjo, técnica de laboratorio, de La Habana y Caridad Camacho, licenciada  en Tecnología de la Salud, de Matanzas.

Por la noche, cuando la comida está servida, llega la ambulancia del hospital a buscar a Doris para una urgencia. Todos vamos para el Tetequarshie Memorial Hospital. Se trata de un viejito trabajador del centro, de unos 70 años de edad, con una hiperglicemia. 

Doris lo diagnostica como en coma y pronostica un paro cardíaco. Está en el cuerpo de guardia, con mucha falta de aire. El paro llega y el especialista pide medicamentos que no hay en el hospital. Doris comienza a reanimarlo, pero a los 10 ó 12 minutos el paciente no responde. Todo es inútil.

Cuando regresamos a la casa, la comida no sabe igual. En la mente de todos está el viejito, un hombre bueno que partió sin remedio.

Por la mañana el hospital se nota diferente. Es grande el cariño que sienten los ghaneses por los médicos y técnicos cubanos. Sin ellos el centro  es nada.




sábado, 18 de julio de 2015

La fallecida, sentada como presidiendo la ceremonia.
(Fotos Ahmed Velázquez(.
En el norte de Ghana los funerales son diferentes a lo que se celebran en el sur de ese país del África Subsahariana. La población es mayoritariamente musulmana y las creencias y tradiciones son distintas.

Las ceremonias son brevísimas y los fallecidos no se velan en ataúdes. Cuando alguien muerem durante la noche se hacen disparos como un tipo de arcabuz que suena como un cañón. En la mañana, se construye un pedestal de unos tres metros de alto, en el cual se coloca al fallecido sentado, rodeado de objetos propios de los nativos. A su alrededor se baila, pero con sonidos de marimbas y tambores; los que llegan a rendirle tributo al que se va, le tiran monedas alrededor de la base del pedestal.

Luego de unas pocas horas, a la hora de llevarse al fallecido, los nativos comienzan a romper tinajas y otras vasijas de barro que tiran con fuerza contra el suelo, se llevan al muerto a un lugar al que solo puede ir la familia y se sepulta en tierra pelada, sin ataúd.

Esta imagen fue tomada con teleobjetivo porque nadie podía
acercarse en ese momento.
Después el Rey del lugar recibe a las personalidades que él considere, entre los que siempre están los médicos cubanos, y brinda con *pitó, que se sirve en un pozuelo hecho con la mitad de una calabaza. Entonces los invitados cooperan con la familia del fallecido dándole algún dinero.

Y aquí llega el gran dilema del grupo de periodistas que andábamos por esas tierras rojas que agreden y cautivan, porque el tomar pitó no nos hacía ninguna gracia.

Santana, a mi lado me dice bajito que él no se va a tomar eso, pero si los ghaneses se dan cuenta lo toman como un desaire imperdonable para ellos. Y hay cervezas en la mesa, pero primero hay que tomarse el pitó. «Ve barajándolo poco a poco -le digo como el que no quiere las cosas-, pero mira a ver que no se den cuenta». José Luis ya ha tomado parte de su cuota y hace muecas que trata de disimular; Ahmed, parece muy interesado en la conversación con el jefe de la región.

Finalmente me decido a darme un trago. Cierro los ojos y allá va eso. Y para mi sorpresa no es  tan malo, solo sabe a rayos. Como si fuera medicina, me digo mentalmente y comienzo a vaciar el pozuelo, pero cuando el líquido va llegando al fondo una nata blanca me frena en seco y mi estómago se revuelve.

A los demás les pasa lo mismo. Increíblemente Yánez y Carlos, los dos médicos cubanos que laboraban en el distrito de Lawra, de la Región Norte, se toman aquello como la cosa más rica del mundo y piden más. Después del mal rato, la cerveza Star quita el gusto de la bebida tradicional.

*Pitó: Bebida tradicional del norte de Ghana, hecha con maíz fermentado a sol y sereno, durante varios días en el que las moscas y otros insectos son protagonistas del proceso.

Lea más: África en la memoria: La alegría de morir



domingo, 28 de junio de 2015

Médicos cubanos atienden los nativos. (Foto: Ahmed Velázquez)
Los akans o ashantis llegaron a Ghana, en el África subsahariana, en 1300 procedentes del norte. Sobre la costa ya estaba organizado el poderoso reino de los fanti de Denkiera y los akans se establecieron en las selvas del interior. Así fundaron pequeños reinos que pagaban tributo al estado costero.

En el  siglo XV, aproximadamente, los ashantis se integraron a los circuitos comerciales del Sudán frecuentando el mercado de Begho. Allí cambiaban esclavos y oro de aluvión por telas y artículos sudaneses o tal vez de más lejos (en el tesoro del rey de Kumasi se encontró una jarra labrada que perteneció a Ricardo II, rey de Inglaterra entre 1367 y 1400).

Una nueva migración de pueblos amenazó la existencia de los pequeños reinos de la selva en el siglo XVII. Todos los akans se unieron para enfrentar a los invasores doma, que fueron derrotados.

El litoral estaba dominado por Denkiera que dejaba sin mercados a los ashantis, quienes le hicieron la guerra y resultaron victoriosos. Después organizaron un estado centralizado y Ashantihene se convirtió en el líder del pueblo  que contaba con un ejército poderoso. A partir de 1700, los akans dominaron el tráfico de esclavos hacia la costa y el de productos europeos hacia el interior.

Cuando los ingleses empezaron a reprimir el comercio de esclavos, los ashantis enfrentaron la nueva crisis de mercado tratando de desalojar a los fantis de la costa, donde aún acaparaban buena parte del comercio del litoral.

Entre 1806 y 1816 se inicia la primera guerra entre los Ashanti y los ingleses. Después hubo otras guerras entre 1825 y 1828 y en 1874. Entonces, los ingleses convirtieron el territorio fanti en colonia de la corona y en 1895, con el pretexto de defender la región contra Samori Turé,  proclamaron su protectorado sobre los territorios del norte.

Ashanti es una de las regiones más prósperas de Ghana y su pueblo se distingue del resto del país, quizás porque se sienten superiores, o porque hay mucha más gente con una buena solvencia económica; es la única región en donde se ven algunos rasgos de violencia social y en verdad, según afirman es la tierra del oro, donde viven los más importantes reyes y la gente de más poder.

En mi recorrido por Ghana, marchamos hacia Ashanti después de que Ahmed y yo nos recuperamos de la malaria. En una noche oscura abordamos un ómnibus cuyo recorrido debe hacerse en unas nueve horas. Pero, nuevamente, el retraso es grande por otra rotura en medio de la selva, después de unos cien kilómetros recorridos.

Dos horas de arduo trabajo son suficientes para arreglar el ómnibus y continuar el viaje. A Kumasi, la capital de la Región Ashanti y segunda ciudad de Ghana, llegamos alrededor de las 8:00 de la mañana.

Kumasi se parece en algo a Accra, aunque es más pequeña. Según algunos entendidos, está mejor trazada. Aquí hay un buen flujo de turistas y se pierde un poco la nobleza que caracteriza al ghanés de otras regiones, sobre todo de toda la parte norte.

En la terminal de ómnibus son muchos los taxistas que salen a nuestro encuentro para llevarnos a Mampong Ashanti, donde están los médicos cubanos. No sabemos con exactitud cuál es la distancia que existe entre Kumasi y Mampong, por lo que también es difícil conocer el precio que se puede pagar por un taxi. Uno de los taxistas propone 70 mil. La temperatura está en unos 20 grados por lo que se siente el frío, mucho más, cuando en el norte sobrepasa los 30 grados. Al final  conciliamos el precio y acordamos pagar la cifra.

Mampong Ashanti está en un valle, por lo que el vehículo va en subida la mayor parte el tiempo. El paisaje es bello y es preciso detenerse un momento para dejar constancia de tan hermoso lugar. En un puente desde el que se ve lejano el valle tomamos algunas instantáneas y continuamos el viaje.

Cuando el auto entra en el poblado de Mampong Ashanti, solo se han recorrido unos 25 kilómetros, por lo que es una estafa pagar 70 mil cedis por la carrera. En el hospital, le pedimos al taxista que no se vaya para buscar la casa de los cubanos en caso necesario. Una vez procurados los galenos llega Jorge Amado Poll Pineda, un clínico santiaguero que es el jefe del grupo de cuatro médicos que allí laboran.

Poll nos presenta al director del hospital y le explica el motivo de la visita. Después manda a buscar a Elizabeth Palau Benítez, joven pediatra de Palma Soriano, de notable belleza y carisma.

En una de las ambulancias del hospital, la marcha es hacia la casa, un poco alejada del centro. Allí está Herenia Robelt Rojas, anestesista holguinera, quien es algo así como la barredora de tristeza de la casa, la alegría del grupo, contagiosa y bonachona, siempre con una sonrisa hasta en los momentos más duros, mujer que ha sabido sortear difíciles obstáculos en su vida personal y profesional.

Luego llega Nelson Mena González, ginecólogo, también de Santiago de Cuba, hospitalario, fiestero, y muy profesional en su trabajo. Enseguida invita a celebrar la llegada de los periodistas y en un pequeño establecimiento de ventas cercano a la casa,  pide cerveza Star y algunos kibas, que son hechos con carne asada, de cerdo u ovejo, enganchados con finos palitos, con una cantidad de picante que la boca se enciende. Así pasa la primera jornada en Mampong Ashanti y después del almuerzo  conocemos las noticias del mundo a través de Internet.

En Mampong nos quedamos unos cinco días y si hubiese sido por nosotros no saldríamos nunca más de allí. 


domingo, 26 de abril de 2015

Desde que el mundo es mundo existe la desigualdad, la pobreza extrema y la riqueza.

Siempre los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
África, la cuna de la vida, es un continente que tiende a desaparecer. Las cosas más insólitas, las tristezas más grandes, el espanto y la desesperación se vive a cada paso en ese inmenso territorio, tan rico en recursos naturales, lo que constituye la mayor de las paradojas.

¿Cuántos africanos están condenados por el SIDA? ¿Cuántos por la tuberculosis? ¿Cuántos niños están desnutridos? ¿Cuántos pequeños mueren cada minuto por enfermedades curables? ¿Qué tiempo durará esta población sobre la Tierra?

Nadie sabe. Solo existe la certeza de que la población de ese continente marcha de forma acelerada hacia el reino del silencio. Porque África es el dolor del mundo.

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domingo, 5 de abril de 2015

Alegría en el funeral. (Foto: Ahmed Velázquez).
Para morir siempre hay dinero. Para preservar la vida es mucho más difícil. El ghanés se caracteriza por huirle a los costos de la salud. Los pobres, que representan la mayoría, no piden un crédito ni para salvar a un hijo. Para los de mayores posibilidades lo primero son los negocios.
A diario la situación es dramática en los hospitales atendidos por médicos cubanos. Cuando la madre ve que su hijo pasa demasiado tiempo ingresado, la pregunta es inminente: “¿Se va a morir doctor? Si se va a morir me lo llevo, porque en la casa tengo otros que necesitan el poco dinero para seguir viviendo”.
Entonces los profesionales de la Isla comienzan a persuadir a la madre para que mantenga al pequeño en el hospital pero todo es en vano.
No sucede así en caso de muerte. La familia de esa misma madre que no pide dinero para salvar al hijo solicita un crédito para el funeral, que sí es una obligación.
En ese acto se gastan miles y miles de cedis (la moneda nacional), y toda la familia, en cualquier región que viva, debe aportar para despedir al que se va, en ceremonias que duran cuatro días, sin contar el tiempo que se mantiene el cadáver en refrigeración –a veces pasan meses-, mientras se organizan las honras fúnebres y se reúne el dinero suficiente.
Las tradiciones en Ghana, África subsahariana, son muy respetadas, y nadie osaría quebrantarlas en este país cuya población en su mayoría es cristiana, con asentamientos musulmanes hacia el norte.
Es la fuerza de la costumbre lo que se impone. No importa si alguien se va por falta de dinero. Lo imperdonable es que no se despida con pomposidad y respeto.

martes, 3 de marzo de 2015

El Paramount Chef tradicional (tercero de izquierda a derecha)
con su equipo de trabajo. (Foto Ahmed Velázquez)
Cuando las copas se alzan para brindar y chocan entre sí, el doctor Puobe Chiir VII lo hace por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, y expresa su mensaje de gratitud al líder cubano por lo que hace por su pueblo. “Le deseo que viva 100 años más”, dice y bebe la cerveza que hace sudar la jarra. Qué así sea, asienten todos y se aplaude por el brindis.

Es un día muy caliente en Nandom, en el que el Paramount Chef tradicional y presidente de la Casa Nacional de Jefes de Ghana, en el África subsahariana, le ofrece una recepción a los médicos que trabajan en esa zona: Antonio, Carlos, Fred y Alfredo.

Cuando el Rey recibe a los galenos en una terraza del piso superior, lo primero, después de las presentaciones, es agradecerles lo que hacen por Ghana. “Los admiro mucho porque ustedes están realizando algo que los médicos de mi país no son capaces ni de pensar siquiera: trabajar en los lugares más pobres y apartados de esta nación”, dice el Paramount Chef.

Puobe Chiir VII cursó sus estudios superiores en la universidad Ca' Foscari, de Venecia, Italia, donde obtuvo el título de doctor en Economía. Viste un elegante traje tradicional y sobre su pecho cuelga una gruesa y larga cadena de oro con un medallón que lo identifica como el Paramount Chef (Jefe de jefes) de toda Ghana.

Después de una hora de recepción el encuentro se vuelve informal y Puobe Chiir asegura que la presencia de los médicos cubanos en Ghana es uno de los hechos más trascendentales en la historia de ese país. Y en prueba de máximo agradecimiento les dice a sus invitados su nombre de pila: Charles Puore Imoru y les regala un chivo, que es como un animal símbolo de Ghana.

Al salir de la recepción, ya en las afueras del palacio, uno de los ayudantes del Rey les comenta a los médicos: “nunca había visto a mi jefe tan contento. Ni siquiera yo conocía su verdadero nombre”.


domingo, 15 de febrero de 2015

Foto: Ahmed Velázquez.
Elizabeth Palau Benítez es una joven cautivante. Su carisma la hace demasiado atractiva, y para los niños es como una alegría desbordante, como alguien que aleja la tristeza a su paso por las salas del hospital del distrito de Mampong Ashanti, en Ghana, África subsahariana, donde labora. 

Quizás por ese “ángel” que tiene para los niños es que se decidió por la pediatría. Aunque en ese país su especialidad le ha traído los momentos más amargos y difíciles, porque el cuadro de salud infantil es deprimente; cada vez que un pequeño se le va de las manos sufre mucho, y viene a su mente su hijo Roberto, de 14 años de edad.

También hay satisfacciones, porque cada vez que salva a un niño se siente crecer y entonces se alienta a seguir luchando por estos pequeños seres que la mayoría de las veces llegan al hospital cuando queda muy poco por hacer.

Elizabeth tiene 35 años de edad, aunque aparenta 26 ó 27. Es muy bella no solo de cuerpo sino de espíritu. Mas, no se envanece por ello, porque en verdad es su sencillez dejada al tiempo la que la hace más hermosa. 

Según su opinión para una mujer enfrentar una misión como esta es verdaderamente difícil. Hay que prepararse muy bien psicológicamente desde que no se ha salido de Cuba, y no puedes flaquear porque fracasas. Su caso ha sido mucho más duro, porque tiene un hijo adolescente que al principio no se adaptaba a su ausencia, y eso le trajo muchos inconvenientes emocionales en los primeros meses, lo que en varias ocasiones le hizo pensar que tendría que regresar. 

La correspondencia entre ellos es constante y siempre le explica el porqué de su estancia en Ghana, de su misión de curar a niños como él; con el apoyo de la abuela materna, su pensamiento fue cambiando y hoy su razonamiento es distinto. ¡Ahora hasta la alienta en sus cartas! Eso la hace grande, porque piensa que también es fruto de la formación que le ha dado.

Especialista del hospital pediátrico de Palma Soriano, en Santiago de Cuba, Elizabeth busca sus propios mecanismos de defensa para luchar contra la nostalgia por Cuba, que es constante. En la casa es lo más difícil. El trabajo te absorbe, pero la casa es la nostalgia viva por su país. 

Valga que entre sus compañeros siempre están inventando algo para combatir la nostalgia y muchas veces lo logran. El problema es tener muy poco tiempo libre para mantener la mente ocupada. En verdad cuando no están en el hospital o en la comunidad, están localizados aquí en la casa...

Y llega la ambulancia del hospital a buscarla a ella pues está de guardia, porque hay una emergencia. Son las 12:00 de la noche. Cuando aparece en el cuerpo de guardia como el viento interrogador, le pasa la mano al pequeño paciente que sufre una malaria cerebral; el niño abre los ojos y comienza a sentirse mejor.



domingo, 8 de febrero de 2015

Foto: Ahmed Velázquez.
Alhayi Luwiwe Kanton IV, rey de Sissala, murió en una tarde de enero, en la que el Harmatan, viento seco del desierto de Sahara, copaba de una arenilla fina el aire de Tumú. Entonces los pobladores, musulmanes todos, salieron a las calles con expresión de luto, lloraban por la caída del monarca, que dejaba un espacio que debía ocupar otro miembro de la familia, como dicta la tradición.

El palacio de Tumú quedó como en la penumbra. El trono daba cierto aire de tristeza por su soledad, la comunidad comenzó a clamar por el nuevo rey, cual guía verdadero de sus destinos, pues aun cuando en el país exista un Gobierno constitucional, es él quien manda en su comarca y todo lo que respecta a ella  hay que consultárselo.

Durante seis meses, Sissala estuvo de luto. Y en una calurosa mañana, se inicia la ceremonia de toma de posesión del nuevo rey, Gilbert Badzoe Kanton V, quien ha sido designado para enrumbar a ese pueblo, situado a unos mil 300 kilómetros de Accra, la capital de la República de Ghana.

Foto: Ahmed Velázquez.
El poder de los reyes es tan viejo como la propia historia de Ghana. A esa región llegaron varios reinos desde el siglo XVI, los que trajeron la influencia Saheliana: los Songai y Kanem-Bornu. Cada reinado basaba su poder en el monopolio que ejercía sobre la extracción de oro, el cual se distribuía entre los clanes con la condición de entregar las pepitas al erario y aunque las tradiciones han cambiado en esencia, el poder de los monarcas sigue siendo real.

Por eso Sissala deja de estar de luto. La fiesta comienza temprano. En el palacio real la ceremonia es acompañada por cantos y bailes tradicionales. Los musulmanes le rinden tributo a su nuevo monarca, que toma posesión con reconocimiento nacional. Los tambores dejan escuchar su canto. Niños, jóvenes y viejos muestran sus trajes tradicionales. En el palco de los invitados especiales están Ernesto y Tomás los dos médicos cubanos, quienes forman parte importante de ese pueblo, que los quiere y respeta.

Altas autoridades del Gobierno de Ghana, jefes tradicionales de otras regiones y hasta de Burkina Faso, acuden a la ceremonia en el palacio real.

Se escuchan disparos de salva. Se iza la bandera de Ghana. Gilbert Badzoe Kanton V, vestido de rojo y blanco, saluda a su pueblo.

Terminada la ceremonia, el nuevo rey de Sissala recibe en su palacio a las más altas personalidades, entre las que se encuentran Ernesto y Tomás.




viernes, 6 de febrero de 2015

Carlos y Antonio en plena comunidad. (Foto: Ahmed Velázquez)

Lawra es un pueblito que se alza entre lo más intrincado de la selva de la Región Norte Superior de la República de Ghana, en el África subsahariana, en el cual la lluvia siempre da la bienvenida al visitante.

Cada amanecer sus callejuelas de tierra roja y fango arcilloso anuncian la falta de un sol que no nace para todos. Los pastores conducen  sus ovejas con la esperanza  de que un día no se parezca a otro, de que al fin sonría la fortuna.

Amuka Abudu lo sabe muy bien. En sus 80 años sobre esa tierra que se alza en la parte más alta de ese país ha visto nacer y morir a varias generaciones y, ahora, mira con asombro y cierto respeto a dos hombres blancos que han sido enviados desde el más allá para cuidar de su pueblo rojo.

Las noches de Lawra son todas iguales: la lluvia y los relámpagos, como intrusos que irrumpen en la oscuridad de la selva y apagan sus sonidos y sombras, son el mejor momento para Amuka sentarse a mirar el horizonte, a fumar en su pipa una hierba que según las creencias constituye el secreto de su longevidad. Y cuando por excepción aparece la luna, entonces le da gracias a su dios por un acontecimiento que es el primero en Lawra, por lo menos en sus 80 años de vida: la aparición de los dos herbalist de piel blanca que, al fin, han venido a salvar a los suyos.

Pero Antonio y Carlos no curan con yerbas como piensa Amuka. Ellos se adueñaron de Lawra para salvar a cientos de niños, mujeres y ancianos, con una peculiar forma de trabajar: ir constantemente en busca de los nativos.

La idea surgió al ver que la gente no asistía al hospital del lugar, entonces comenzaron a visitar las comunidades; y los domingos de mercado, cuando cientos de personas se concentran allí, invaden el lugar en busca de mujeres embarazadas y niños desnutridos. Así citan a las madres y a sus pequeños para el hospital, y si no asisten, los buscan en sus casas, lo que les ha permitido disminuir notablemente la mortalidad infantil y mejorar la salud de los nativos.

Por eso Amuka Abudu, todo un símbolo de Lawra, recibe cada semana a los médicos cubanos en su pequeña choza de barro que se alza en una de las elevaciones del lugar, comparte con ellos el pitó, que es la bebida tradicional confeccionada con millo hervido y fermentado, les agradece lo que hacen por su pueblo rojo, aunque en realidad mire con cierto respeto el esfigmo y el estetoscopio que los médicos llevan consigo.

sábado, 31 de enero de 2015

Restos de la antigua Keta.
Boyal Emmanuel despierta de la madrugada y comienza a preparar sus redes para salir en busca del sustento diario. Se detiene en la puerta de su pequeña casa y mira hacia el mar, del que sale un ronquido que él conoce muy bien. “Habrá tormenta”, se dice al tiempo que sigue preparando sus artes, pero no se sustrae a la tentación de mirar una y otra vez hacia la masa de agua que ruge  imponente, mientras las ráfagas de viento, a ratos, se hacen sentir sobre el techo.

Antes de clarear la mañana, Emmanuel desiste de salir en su bote, después de varios intentos; se dispone a poner a buen recaudo su pequeña embarcación, mas no puede. La tormenta llega con su canto de guerra. El mar se alza sobre Keta, pueblo de pescadores, y ansía devorarlo todo. El joven marino se da cuenta de lo que se aproxima y por ese instinto de salvación, corre en sentido contrario a la masa de agua, alejándose de la costa.

miércoles, 1 de octubre de 2014


Janet Odamea va a morir sin remedio. 

A pesar de la sangre que acaban de transfundirle sus 20 años se apagan, y en su mirada existe la súplica de una salvación que no es posible.

No se sabe ciertamente qué tiempo lleva contagiada, solo que hace dos semanas que enfermó y ahora marcha inexorablemente hacia la muerte. 

lunes, 29 de septiembre de 2014




Cuando ya la muerte de su padre era inminente, Kofi comenzó a pensar en los preparativos del funeral con sus ceremonias y fiestas, y en mantener en frío el cadáver de su progenitor hasta la llegada de los familiares y amigos de otras regiones del país.

El deceso dio lugar al engalanado acontecimiento: la familia y amistades vistieron sus mejores trajes y la bebida y la
música fueron las protagonistas principales del hecho. El cadáver del viejo Kofi quedó relegado a un segundo plano  y su presencia sirvió para dar lugar a la fiesta por su partida.

viernes, 4 de abril de 2014



Fotos: Ahmed Velázquez

Elmina es un pueblito de pescadores en Ghana, África subsahariana, en el que un día se construyó un castillo que evolucionó durante tres siglos. Fue edificado por los portugueses como un fuerte en 1482 para defenderse de los españoles, cuando el comercio del oro dominaba las ideas expansionistas de los europeos en África.

jueves, 3 de abril de 2014



De isquierda a derecha en primera fila: Ahmed Velázquez,
Armando Santana, Puober Chiir VII y yo..
Cuando las copas se alzan para brindar y chocan entre sí, el doctor Puobe Chiir VII lo hace por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, y expresa su mensaje de gratitud al líder cubano por lo que hace por su pueblo. “Le deseo que viva cien años más”, dice y bebe la cerveza que hace sudar la jarra. Qué así sea, asienten todos y se aplaude por el brindis.

Es un día muy caliente en Nandom, en el que el Paramount Chef tradicional y presidente de la Casa Nacional de Jefes de Ghana, en el África subsahariana, le ofrece una recepción a los médicos que trabajan en esta zona: Antonio, Carlos, Fred y Alfredo.

domingo, 15 de diciembre de 2013



Dicen que fue el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien lo dijo: para ser hombre, hay que sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, aunque hace unos días un colega me aseguró que el más universal de los cubanos nunca dijo eso.

Lo cierto es que desde que tengo uso de razón siempre he escuchado esa supuesta sentencia martiana en boca de muchas personas, y aun cuando no lo haya dicho en su extensa y abarcadora obra, lo tomo como mío, por el simple hecho de que siempre me he vanagloriado de que soy un hombre por esas tres razones, y crece mi estatura porque el libro que terminé de escribir en 2002, unos meses después de mi regreso de África fue publicado por la Editorial Pablo de la Torriente Brau, de la Unión de Periodistas de Cuba.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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