sábado, 4 de agosto de 2018

En la semana que concluye, los post más visitados en mi blog ¿casualmente? me agradan, porque son como la vida: unos me alegran, pero uno me entristece, y esa es la existencia.

El más visitado fue el de mi colega Yanetsy, como personaje de mi gremio. Después la muchacha a la que adoro y la Red que ella adora; el de mi entrañable amigo Villegas, que penosamente la muerte no perdonó, el de mi equipo de TeleSur querido, que es decir la Mesa de Asignaciones, del otro lado del Caribe, e Intención II, un poema que amo porque amo a su dueña, pues me gusta refugiarme en su mirada.

Por eso sigo escribiendo, por quienes me siguen y tienen la amabilidad de leer algunos de mis post. Y eso reconforta.


La muchacha y el violonchelo se funden en una bella escena en que ambos intercambian caricias, miradas llenas de ternura, amor sin límites. Muchacha y chelo muestran su belleza sin igual. Están callados, como pensando uno con respecto a la otra. Ella pasa la mano, lo acaricia; él se queda muy tranquilo, en pleno disfrtute de la mano que lo llena de regocijo. Después, cuando la muchacha lo decide, emite su sonido, humano, bello, inigualable.
La flauta es capaz de provocar sensaciones múltiples cuando es tocada por una virtuosa del instrumento. Y llega a nuestro oído para acariciar el encanto que solo es propia de una bella melodía. Cuando la escuhas te atrapa y no te suelta hasta que deja de sonar. Y aun así, parece seguir en tu oído, suave, tierna, sacudidora. Pero eso sucede si solo quien la toca es capaz de invadirte para siempre con sus notas, con su inigualable sonido.

martes, 31 de julio de 2018

Arte y sensualidad en la ballerina del Ballet Nacional de Cuba, durante una de sus presentaciones en Las Tunas, provincia al oriente de Cuba. Fue una noche en que brillaron las muchachas junto a Alicia Alonso, siempre tierna, siempre bella, con su mítica presencia que llenaba el Teatro Tunas. Y ahora mismo, aquí, le entrego esta imagen sensual, como el propio Ballet.


Ella está en la Red. Espera que le sirvan el almuerzo y está en la tela de araña. Casi no percibe nada de lo que pasa a su alrededor. Como un reflejo incondicionado le da las gracias a la muchacha que le sirve agua y sigue entre comentarios, me gusta, me encanta. Su acompañante le pregunta algo y no responde de momento. Al rato levanta sus ojos negros y dice ¿qué? Y sigue en metida dentro del móvil. Ríe por algo que lee y escribe. Llega el almuerzo y le pesa interrumpir la comunicación. Deja el teléfono a un lado, pero bien cerca, donde pueda ver lo que pasa en del otro lado. Corta un pedazo de carne y lo lleva a su boca. Mastica lentamente y sus manos, como un resorte, toman nuevamente ese imprescindible aparato que abre su ventana al mundo. Levanta sus ojos dos segundos y mira a su acompañante que disfruta lo que ella hace. Le muestra su sonrisa lujuriosa. «No te preocupes, ya termino», le dice y sigue pasando su dedo por el cristal, de abajo a arriba, mientras degusta un pedazo de bistec uruguayo de cerdo, su carne preferida, que aun así, no compite con la Red.


Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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