martes, 11 de diciembre de 2018

Góngora, así de simple, ha muerto, en un día triste, en una tarde medio fría y más triste todavía. Se ha despedido de la vida después de luchar por más de un año contra un cáncer que se ensañó con él, que nunca se había enfermado y a quien todos celebrábamos por su salud de hierro porque no le daba ni gripe.

Aun cuando era una muerte esperada porque estaba muy enfermo, fue como un mazazo cuando me lo dijeron en la redacción de Radio Victoria, y a mi mente llegaron de golpe todas las anécdotas de nuestra juventud, cuando se iniciaba el periódico diario en la naciente provincia de Las Tunas.

Entonces me fui hasta la funeraria, y me llené de fuerzas para entrar a la capilla donde estaba tendido el cuerpo sin vida de mi maestro, de mi amigo, y no pude evitar las lágrimas cuando Niurka, su esposa, se abrazó de mí llorando, y hablamos en pocos minutos de su vida, de sus últimas horas, de sus cosas.

Mi relación con Oscar Leandro Góngora Jorge data de cuando era el jefe del equipo político-ideológico en el diario 26 en el que yo iniciaba mi vida como redactor-reportero que atendía los temas de la educación y la juventud, y fue literalmente el primer maestro que tuve en el Periodismo, porque además de mi jefe, acopiaba toda su paciencia para tratar de armar aquellos lead de las informaciones que le entregaba, muchas de las cuales las rompía en pedazos e iban a parar a un cesto de basura que tenía al lado de su puesto de trabajo, con una sentencia: «hazla otra vez», sin ni siquiera darme la oportunidad de fijarme en lo que había escrito.

En aquellos inicios, me era extremadamente difícil construir un lead y responder las preguntas clásicas, y todos los días hacía ejercicios mentales para determinar cuáles eran los datos más importantes para comenzar mis textos, y era decepcionante cada vez que Góngora me rayaba con su afilado bolígrafo mis líneas de novato verde.

No obstante, lo que más agradecía era cuando Góngora se sentaba en su entonces máquina de escribir Robotrón, de 12 puntos, que él tenía engrasadita y volaba bajito, y a partir de los datos que yo le daba me hacía un lead excelente en menos de un minuto, para espetarme a rajatabla: «eso es para que aprendas y te convenzas de que yo soy el mozo de la información».

Góngora era realmente un maestro para todo el equipo que dirigía, integrado además, por Julio César Pérez Viera, Ulises Espinosa Núñez y Roberto Doval Bell, y creo que en el 98 por ciento de los señalamientos que nos hacía tenía razón, aunque lo veíamos como un tipo quisquilloso, rompe cuartillas, pero lo hacía para enseñarnos y educarnos, y lo lograba.

Y así pasó el tiempo y un día me fui del periódico para la radio y Góngora siguió después como reportero porque los equipos se disolvieron, y después siguió con su madera de maestro como jefe de Redacción del semanario, velando por el buen escribir, por las estructuras correctas de los géneros, educando y formando no solo a los jóvenes, sino a los que ya llevan años en la profesión, porque parabién de 26 y del periodismo tunero, Leandro será siempre el Mozo de la información. 


domingo, 9 de diciembre de 2018

Cuando veas la luna y un farol
piensa en mí
yo estaré haciendo lo mismo.
Cuando veas la luna y un farol
mira fijo al firmamento
yo estaré haciendo lo mismo.
Y miraré tus ojos a través de la luna y el farol
entraré por ellos
buscaré en sus desafiantes caminos
y llegaré al centro de tu centro
allá, donde solo yo puedo llegar
mientras tú
sin proponértelo
mirarás la luna y el farol.

martes, 20 de noviembre de 2018

Muchacha de noviembre
porque eres luz y sombra
en el justo momento de la aurora
cuando espantas el augurio
de eterno deseo 
y posas en los ojos
que descubren la silueta tenue del camino.
Muchacha de noviembre
que revuelves todo con tu paso
cuántas ansias despiertas
en segundos
sobre el lecho injusto del anhelo
en el delta donde levantas tus puentes
para que el agua duerma
entre tus piernas.


sábado, 13 de octubre de 2018

Gretel, en su programa televisivo para Internet Agenda deportiva. (TIEMPO21 FOTO /Angeluis).
Ya a las 7:00 de la mañana la encuentro en la Redacción deportiva de Radio Victoria, sumergida frente al ordenador en busca del mundo del deporte para encauzar el trabajo del día. Su máquina está de frente a la puerta por lo que ella queda sentada de espaldas y nunca me siente llegar. Entonces la abrazo por detrás y le digo ¡no te muevas! Y ella me toma del brazo y el saludo de amigos, de colegas, invade el local.

¿Cómo pinta el día?, le pregunto y sus ojos brillan y se vuelven pequeños, casi imperceptibles con su risa amplia y linda, y siempre me responde entusiasmada con algún tema que la fascina. Y no le ocupo mucho tiempo, solo unos poquísimos minutos porque Gretel Yanet Tamayo Velázquez no para cuando de trabajar se trata, y como jefa de la Redacción deportiva de la planta provincial busca el horizonte informativo del día para discutirlo con sus colegas y enrumbar el programa a su cargo: Deporte y algo más, y los demás espacios de la jornada.

Hoy sí nos sentamos a hablar, le digo y ella me responde: ¡Seguro! Pero a la hora acordada para el diálogo se interpone una reunión de momento con directivos del Deporte, y cuando sale tiene otra tarea pendiente y ya cuando cree que puede llega la hora de la revista, la cual dirige, y se ríe y me dice con picardía: «mañana sí, ¡seguro!», porque sus días son así de cargados. «Me tengo que dividir en 20», me dice y vuelve a reír y la veo cómo se aleja con paso rápido y firme, rumbo a los estudios.
Gretel es muy joven, apenas 27 años, pero su madurez asombra, al igual que su liderazgo para lograr cada meta, cada sueño, y su día no alcanza. Mas, al fin, nos sentamos, escondidos en uno de los estudios.
– Desde que eras estudiante fuiste líder, ¿eso te lo propusiste o está en ti?
– Está en mí. No lo busco, está intrínseco en mi personalidad, en mi manera de ser. No lo busco, pero las personas me siguen, no sé por qué.
– Tú fuiste la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) en el preuniversitario, ¿pero ese trabajo de liderazgo venía desde antes?
– Sí, incluso desde la primaria. Siempre fui jefa de mi colectivo en mis escuelas seminternado Vado del Yeso, en la secundaria Jesús Suárez Gayol, siempre en puestos de dirección dentro de la Organización de Pioneros José Martí.
– ¿Cómo entras a la dirección de la FEEM?
– En mi etapa de secundaria los muchachos de la FEEM iban a las escuelas y conversaban con algunos líderes de la enseñanza, como una forma de garantizar el relevo, para captarte. Y cuando llego al décimo grado en el instituto preuniversitario José Peña Fernández, me seleccionan como dirigente a nivel de provincia.
– Cuál era tu expectativa cuando comienzas a dirigir a todos los estudiantes de preuniversitarios de la provincia de Las Tunas, que es una tarea por demás difícil?
– Las expectativas eran muchas porque ser dirigente a cualquier nivel no es fácil, pero cuando se es adolescente y tienes una responsabilidad y la asumes es muy complicado, más cuando tenía que estudiar, cumplir con la docencia y con las tareas de la organización. En la FEEM no es solo dirigir, hay que llevar muchos procesos, dialogar y compartir con el estudiantado, saber cómo pensaba y ser ejemplo en todo.
– ¿Cuál fue tu mejor enseñanza en la etapa de la FEEM?
– Creo que estar siempre vinculada a los procesos propios que uno tiene, qué piensa quien te rodea, ser ejemplo.
-¿Desde entonces viene tu responsabilidad ante todo?
– Yo creo que desde antes, del seno familiar, del lugar donde crecí, de las enseñanzas de mi mamá, de mi abuela, de mi abuelo.
– En tu casa había un gran dilema y una gran expectativa por lo que tú ibas a estudiar, pues la aspiración familiar era la Medicina. ¿Cómo llegas al Periodismo? Sé que no lo tenías como la primera opción.
– El Periodismo lo pensé en el mismo grado 12, porque tenía un espectro abierto en lo que podía estudiar sobre todo con las letras, y mi abuela, con una gran influencia sobre mí, quería que fuera médica, porque esa es una aspiración que siempre está en la mayoría de las familias. Sin embargo mi no por la Medicina fue rotundo, no quería. Me gustaba el Derecho porque mi mamá siempre trabajó en los tribunales, pero ya en el duodécimo grado dije que quería ser periodista, y en eso influyó la FEEM porque siempre tenía que estar en los medios de prensa para difundir nuestras actividades, además de que algunos veían en mí condiciones para ser comunicadora porque tenía facilidades de hablar en público, y me decidí por hacer las pruebas de actitud de Periodismo.      
– ¿Y por qué hoy sientes un poco de vergüenza por no haber sido maestra?    
Ríe a carcajadas porque evidentemente no esperaba la pregunta.
– Eso es una historia un poco complicada. Eso viene de esa etapa de adolescente, dirigente estudiantil, de ser ejemplo ante los demás, porque no soy de las que dicen haz tú y yo no hago. Y uno de los principales procesos de la FEEM es el de las carreras pedagógicas por el déficit de profesores. Y como era la presidenta hablaba con los muchachos para que muchos de ellos se decidieran por el magisterio, y sin embargo cuando me tocó a mí no lo hice, y eso es una vergüenza que todavía anda conmigo, pero creo que no tenía aptitud.
 – ¿Será por eso que te fuiste para el Servicio Militar Voluntario Femenino, como para saldar un poco esa deuda?
– Creo que sí. Hoy, al paso de los años lo veo así. No cumplí con el magisterio pero me fui para el Servicio Militar porque además estaba relacionada con ese proceso desde el décimo grado, y atrasé un año mi sueño de llegar a la Universidad y pasé un año de Servicio primero en la fuerza antiaérea, y luego en la Región Militar de Las Tunas.
– ¿Y eso fue bueno?
– Para mí sí, porque la vida militar te forma, te hace crecer como persona, y fue decisivo en el respeto, la responsabilidad y la entrega a lo que haces.
– Después ingresas a la Universidad Ignacio Agramonte, de Camagüey. ¿Qué fue lo mejor que te pasó en ese centro de altos estudios?
– Todo el que vive la Universidad la tiene que disfrutar, porque es irrepetible, desde todo lo que te enseña de tu carrera como el propio conocimiento sobre la vida, los amigos, la relación con los medios desde el primer año. También la Universidad fue una etapa de mucho sacrificio porque enfermé de Diabetes Mellitus tipo I insulinodependiente por lo que fue muy complicado pero al mismo tiempo me formó. Creo que mi vida ha sido de mucho trabajo y sacrificio pero siempre con la demostración de que se puede.
– ¿Por qué de estudiante fuiste tan apegada al periodista Alexis Pérez Sánchez, fallecido en plenitud de facultades?
Sus ojos brillan y tratan de disimular una lágrima que se aventura a salir.
– Alexis más que un colega fue la primera persona que en un medio de prensa me abrió las puertas. Fue en el periódico 26 en mis primeras prácticas profesionales. Fue mi primer tutor, él, un profesional con un verbo muy asertivo, y una gran manera de pensar y decir las cosas, muy crítico y elocuente en el discurso periodístico, y fue la primera persona que me ayudó, y me abrió además las puertas de su casa, de su familia, me trató como a una hija. Y haber crecido bajo su inspiración me hace una mejor profesional.
– En el 2013 egresas de la Universidad. ¿Tú no tenías definido un medio al cual ir, como la mayoría de los estudiantes?
– No. Pasé por todos los medios pero nunca pensé en ninguno por si no me tocaba, para no frustrarme. Todos me atraían, y mi máxima era, donde me ubiquen lo voy a hacer bien.
– ¿Y cuándo te dijeron la radio?
– La radio es muy complicada, es el medio en el que más se trabaja, y es el medio que mejor te forma y te da más herramientas. Nunca voy a estar en ningún lugar mejor.
– ¿Y el día que llegaste, qué sentiste?
– Sentí que tenía que trabajar mucho, sentí su diarismo, que es lo más importante, es un trabajo de 24 horas, muy vinculados a la audiencia. Pero sentí que podía hacerlo por el hecho de ser los primeros en dar la noticia por su inmediatez. Y eso me cautivó desde el inicio.
– ¿Lo primero que hiciste como reportera?
– Me pusieron como tutora a Ada Cristina Higuera Tur, directora actual del noticiero Impacto, y siempre me dio mucha confianza que es muy importante. Atendía con ella los temas de la salud y el universo juvenil, aunque hice muchísimas cosas más.
– Cinco años después de graduada, ¿cómo llega Gretel a los temas del deporte, siempre lo más fascinante para ti, y sin embargo lo que nunca pudiste hacer?
– De niña siempre me gustó el deporte, porque además lo practicaba, y lo conozco. Ahora de periodista tardé en acercarme porque el equipo estaba completo y aproveché para formarme más integralmente en otras áreas. Un día se dio la posibilidad pero no me aceptaron porque debía dedicarme a otras tareas. Después hay un déficit de profesionales en el equipo y Albert Blanco me abre las puertas y comienzo a trabajar y a formarme en ese campo.
– Después jefa de la Redacción deportiva.      
– Exactamente, se da la posibilidad de que exista en Radio Victoria una redacción deportiva que no la tenía, y me ponen al frente de ella, y he tratado de encaminar la labor en ese sentido.
– Y hoy ¿cómo ves esa redacción?
– Fuerte, porque tiene narradores-comentaristas buenos y experimentados y hemos trabajado con periodistas que se han formado y ahora contamos con un buen equipo.
– El deporte es una carga doble porque los eventos son todos los días, mucho más con la Serie Nacional de Béisbol y Gretel escribiendo de los juegos diarios y en eso llega a la 1:00 o 2:00 de la madrugada mientras dura la Serie. ¿Te sientes contenta y realizada con esta carga de trabajo que tienes?
– Me siento feliz en la radio porque hago lo que quería hacer, y además por lo que ha hecho Radio Victoria para formarme como profesional, y no solo en la radio tradicional, sino en las redes sociales, en tiempo21, y en todo el espectro deportivo que es bien amplio.
– Un último tema. Háblame de tu papel como conductora de televisión en el canal de tiempo21 Video-TV.
– La radio te forma como ningún otro medio. Cuando usted sale de aquí tiene un espectro tan amplio, porque también es dirección, realización, y ahora en el canal de tiempo21 en un programa deportivo en estudio y con reportajes y entrevistas en el escenario natural de los deportistas.

Se acaban las preguntas, termina el diálogo, y Gretel ya tiene que correr porque debe subir unos trabajos a las redes sociales. Y me admiro de cómo una muchacha tan joven tiene a la seriedad y la responsabilidad como divisas, lo cual, junto a su talento natural y su belleza física, cautivan a las audiencias, porque ella hace radio en tiempos de multimedios.    


La escena internacional vuelve a conocer del talento de Las Tunas a través de Teatro Tuyo, que ahora mismo participa en la quinta edición del Festival Internacional de Clown Escénico, Festiclown, por invitación del Gobierno de El Salvador y la compañía Asociación Cultural Irreal Teatro, de ese país.

Allá está el emblemático director Ernesto Parra con sus muchachos, empeñados en demostrar que el clown está más vivo que nunca, y que puede llegar no solo a los niños, sino a todos, cuando se trabaja con la maestría y la decisión de que todo público puede estar preparado para recibir a alguien con una nariz roja.

La multipremiada obra Gris y su más reciente estreno, ¡¡¡PUM!!!, ese unipersonal de Ernesto Parra, que atrapa al espectador, son las obras que muestran en Centroamérica, y el unipersonal tiene el honor y el orgullo de cerrar el espectáculo clausura de la jornada en el Teatro Nacional de San Salvador.

Pero además, Parra trasmitirá sus conocimientos a los salvadoreños con sus conferencias en la Universidad de las Artes de San Salvador y con su taller Ver más allá de las cosas, en el que por supuesto demuestra que la mirada siempre debe ir más allá, a las esencias, para entender la vida.

El evento será propicio además para que se concrete el hermanamiento de Irreal Teatro con el Festival Internacional de Payasos, que auspicia Teatro Tuyo en la provincia de Las Tunas cada dos años, una forma de unir más a Latinoamérica a través del arte.

Una vez más Teatro Tuyo prestigia la escena internacional.




Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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