Alhaj Mumuni despierta
sobresaltado en su pequeña choza en medio de la selva. Se sienta en su dura
cama y piensa un momento en todo cuanto ha soñado. Está intranquilo, pero al
mismo tiempo siente una sensación de alegría que le sacude el cuerpo. Y vuelve
a ver aquellos pasajes de hombres y mujeres invadiendo la comuna con ropas
blancas y objetos desconocidos. aunque hoy sus sueños tienen un sabor distinto.
Y ve a Mariama, la niña sin risa, que corre por entre las chozas y ríe feliz, a la vista de toda la comunidad de Tanina que ha salido a recibirla. Se estremece ante las luces y los hombres blancos que rodean a su niña. Hasta que Yumino, la bisnieta de Alhaj, vuelve a descifrar sus sueños, cuando llega desesperada hasta el lugar donde está el anciano. Sin aliento y con voz entrecortada, le dice: "Abuelo, los hombres de la camisa blanca, los doctores cubanos, han salvado a Mariama."
Tensión en Wa
Hace casi dos meses la tensión acompaña a los seis médicos cubanos que viven y trabajan en el hospital de Wa, la capital de la Región Oeste Superior de la República de Ghana, en el África subsahariana.
Mariama padece de una
hipertrofia del tejido mamario, que se produce, casi siempre, por trastornos
hormonales, la única solución es el tratamiento quirúrgico. Cada uno de sus
senos pesa más de 20 libras. Ahora lleva más de tres semanas ingresada para
practicarle la intervención, mas su hemoglobina se ha mantenido demasiado baja
y el acto quirúrgico se ha pospuesto una y otra vez.
Este, quizás, sea el caso más importante de la brigada médica en este país africano. Eso lo saben muy bien los especialistas que conforman el equipo que operará a Mariama: los cirujanos Elvis Pardo Olivares, de Santiago de Cuba, Edward Gyader, de Ghana; los anestesistas Lino Abel Armas, de Ciudad de La Habana; Miriam Bayard, de Guantánamo, y Charles Bulcaré, de Ghana.
La operación se prolonga por lo difícil del caso desde el punto de vista clínico. Mariama es una muchacha mal alimentada, con muchos problemas de salud, y una anemia que la ha dejado muy débil. Sin embargo los signos vitales se mantienen en sus indicadores normales y el equipo crece ante las dificultades y enfrenta con profesionalidad los riesgos de un acto como este.
Después de tres horas y media, la intervención quirúrgica concluye satisfactoriamente: uno de los senos de la joven fue extirpado por las pésimas condiciones del tejido mamario; el otro está a salvo y aquellas dos bolas inmensas han desaparecido.
La triste historia de Mariama
La niña sin risa permanecía sentada todo el día en su manta. Desde su trono observaba a los miembros de la comuna realizar las labores diarias. Hacía muchos años estaba allí, desde que el crecimiento exagerado de su tejido mamario la inmovilizara para siempre.
El viejo Alhaj Mumuni y su tribu la aceptaron como parte de su familia cuando su padre falleció, tres lustros atrás, y quedó desamparada, lanzada a la boca de la muerte, observada por los intrusos, despreciada por los indolentes, amada por los más sensibles.
Ella no conoce el sonido de la pobreza y nunca ha podido pronunciar su nombre. Desde pequeña la acompaña el silencio; el llanto de sus ojos tristes es la única forma de expresar sus sentimientos.
Vivía oculta en la comunidad de Tanina, lugar al que nunca había llegado un médico, donde viven en condiciones precarias 655 personas, una buena parte de ellas niños y mujeres. Los galenos cubanos, una vez que descubrieron a la jovencita, de 18 años, comenzaron a hacer las gestiones para que se sufragaran los gastos de la operación, ascendentes a un poco más de un millón de cedis (unos 143 dólares), los que finalmente fueron asumidos por la seguridad social de este país.
La sonrisa de Mariama
Mariama sonríe feliz ante el equipo médico que le ha salvado la vida. Todavía está ingresada, en fase de recuperación y los galenos cubanos hacen todo lo que está a su alcance para que se recupere lo más rápidamente posible.
Y ve a Mariama, la niña sin risa, que corre por entre las chozas y ríe feliz, a la vista de toda la comunidad de Tanina que ha salido a recibirla. Se estremece ante las luces y los hombres blancos que rodean a su niña. Hasta que Yumino, la bisnieta de Alhaj, vuelve a descifrar sus sueños, cuando llega desesperada hasta el lugar donde está el anciano. Sin aliento y con voz entrecortada, le dice: "Abuelo, los hombres de la camisa blanca, los doctores cubanos, han salvado a Mariama."
Tensión en Wa
Hace casi dos meses la tensión acompaña a los seis médicos cubanos que viven y trabajan en el hospital de Wa, la capital de la Región Oeste Superior de la República de Ghana, en el África subsahariana.

Este, quizás, sea el caso más importante de la brigada médica en este país africano. Eso lo saben muy bien los especialistas que conforman el equipo que operará a Mariama: los cirujanos Elvis Pardo Olivares, de Santiago de Cuba, Edward Gyader, de Ghana; los anestesistas Lino Abel Armas, de Ciudad de La Habana; Miriam Bayard, de Guantánamo, y Charles Bulcaré, de Ghana.
La operación se prolonga por lo difícil del caso desde el punto de vista clínico. Mariama es una muchacha mal alimentada, con muchos problemas de salud, y una anemia que la ha dejado muy débil. Sin embargo los signos vitales se mantienen en sus indicadores normales y el equipo crece ante las dificultades y enfrenta con profesionalidad los riesgos de un acto como este.
Después de tres horas y media, la intervención quirúrgica concluye satisfactoriamente: uno de los senos de la joven fue extirpado por las pésimas condiciones del tejido mamario; el otro está a salvo y aquellas dos bolas inmensas han desaparecido.

La niña sin risa permanecía sentada todo el día en su manta. Desde su trono observaba a los miembros de la comuna realizar las labores diarias. Hacía muchos años estaba allí, desde que el crecimiento exagerado de su tejido mamario la inmovilizara para siempre.
El viejo Alhaj Mumuni y su tribu la aceptaron como parte de su familia cuando su padre falleció, tres lustros atrás, y quedó desamparada, lanzada a la boca de la muerte, observada por los intrusos, despreciada por los indolentes, amada por los más sensibles.
Ella no conoce el sonido de la pobreza y nunca ha podido pronunciar su nombre. Desde pequeña la acompaña el silencio; el llanto de sus ojos tristes es la única forma de expresar sus sentimientos.
Vivía oculta en la comunidad de Tanina, lugar al que nunca había llegado un médico, donde viven en condiciones precarias 655 personas, una buena parte de ellas niños y mujeres. Los galenos cubanos, una vez que descubrieron a la jovencita, de 18 años, comenzaron a hacer las gestiones para que se sufragaran los gastos de la operación, ascendentes a un poco más de un millón de cedis (unos 143 dólares), los que finalmente fueron asumidos por la seguridad social de este país.
La sonrisa de Mariama
Mariama sonríe feliz ante el equipo médico que le ha salvado la vida. Todavía está ingresada, en fase de recuperación y los galenos cubanos hacen todo lo que está a su alcance para que se recupere lo más rápidamente posible.
Por primera vez, en mucho tiempo, Mariama ríe. Aunque siga sin escuchar el sonido de la pobreza y nunca pronuncie su nombre, ella sabe que a partir de ahora todo es distinto, que ha abandonado para siempre su triste trono, y que en unos días, cuando regrese a su tribu en Tanina, el centenario Alhaj Mumuni será el primero en recibirla. Y aunque no pueda verla bien porque ya sus ojos no tienen la luz necesaria, la seguirá protegiendo y seguirá soñando con los hombres y mujeres de batas blancas y equipos desconocidos, que llegaron para salvar a su niña.
ke bien ke pueda una niña sonreir de nuevo gracias ala ayuda de los medicos es una niña vendecida
ResponderEliminarBendito sea dios y esos médicos maravillosos le han devuelto la alegría a Mariama.
ResponderEliminarEsa es la huella que los médicos cubanos dejan por el mundo, si no hubiese sido por ellos Mariama estuviese muerta hace mucho tiempo.
EliminarHola Miguel, soy español y desde aquí estan continuamente despotricando contra venezuela, cuba y sudamerica en general, es vergonzoso. Sin embargo yo, que he leído medios alternativos me he dado cuenta de que tenéis mucho que enseñar a Europa. Debo felicitarte por la labor de los médicos cubanos en África(sobretodo con lo del ebola) Muy buenos articulos!!
EliminarGracias por su comunicación, fuerzaobrera, la culta Europa tiene que aprender mucho de nosotros, por lo menos en sensibilidad, solidaridad y buenos sentimientos. Y gracias por su comentario.
Eliminar