Le
dicen El Gitano por su carácter bohemio en sus años de juventud, cuando andaba
trasnochando detrás de una mujer o de un buen trago, y llegaba a la Redacción
del diario 26, de la provincia de Las Tunas, pasadas las 12:00 del día, aunque Infante, el director, decretara
que había que llegar temprano para repartir las tareas del día y él hacía caso
omiso a la orden.
Entonces le pusimos El Vespertino, porque con sus ojos rojos por la falta de sueño y su parsimonia habitual, llegaba y se sentaba frente a la máquina de escribir y llenaba la sección cultural en un dos por tres, porque ya venía con la información, la entrevista, el comentario o la crónica en la mente. Una vez hecho esto, nos miraba sonriente y nos decía a rajatablas: “aprendan a vivir y a trabajar, partida de lentos”. Y se marchaba con su cojera a entregar el texto al jefe de Información.
Entonces le pusimos El Vespertino, porque con sus ojos rojos por la falta de sueño y su parsimonia habitual, llegaba y se sentaba frente a la máquina de escribir y llenaba la sección cultural en un dos por tres, porque ya venía con la información, la entrevista, el comentario o la crónica en la mente. Una vez hecho esto, nos miraba sonriente y nos decía a rajatablas: “aprendan a vivir y a trabajar, partida de lentos”. Y se marchaba con su cojera a entregar el texto al jefe de Información.


