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domingo, 28 de junio de 2015

Médicos cubanos atienden los nativos. (Foto: Ahmed Velázquez)
Los akans o ashantis llegaron a Ghana, en el África subsahariana, en 1300 procedentes del norte. Sobre la costa ya estaba organizado el poderoso reino de los fanti de Denkiera y los akans se establecieron en las selvas del interior. Así fundaron pequeños reinos que pagaban tributo al estado costero.

En el  siglo XV, aproximadamente, los ashantis se integraron a los circuitos comerciales del Sudán frecuentando el mercado de Begho. Allí cambiaban esclavos y oro de aluvión por telas y artículos sudaneses o tal vez de más lejos (en el tesoro del rey de Kumasi se encontró una jarra labrada que perteneció a Ricardo II, rey de Inglaterra entre 1367 y 1400).

Una nueva migración de pueblos amenazó la existencia de los pequeños reinos de la selva en el siglo XVII. Todos los akans se unieron para enfrentar a los invasores doma, que fueron derrotados.

El litoral estaba dominado por Denkiera que dejaba sin mercados a los ashantis, quienes le hicieron la guerra y resultaron victoriosos. Después organizaron un estado centralizado y Ashantihene se convirtió en el líder del pueblo  que contaba con un ejército poderoso. A partir de 1700, los akans dominaron el tráfico de esclavos hacia la costa y el de productos europeos hacia el interior.

Cuando los ingleses empezaron a reprimir el comercio de esclavos, los ashantis enfrentaron la nueva crisis de mercado tratando de desalojar a los fantis de la costa, donde aún acaparaban buena parte del comercio del litoral.

Entre 1806 y 1816 se inicia la primera guerra entre los Ashanti y los ingleses. Después hubo otras guerras entre 1825 y 1828 y en 1874. Entonces, los ingleses convirtieron el territorio fanti en colonia de la corona y en 1895, con el pretexto de defender la región contra Samori Turé,  proclamaron su protectorado sobre los territorios del norte.

Ashanti es una de las regiones más prósperas de Ghana y su pueblo se distingue del resto del país, quizás porque se sienten superiores, o porque hay mucha más gente con una buena solvencia económica; es la única región en donde se ven algunos rasgos de violencia social y en verdad, según afirman es la tierra del oro, donde viven los más importantes reyes y la gente de más poder.

En mi recorrido por Ghana, marchamos hacia Ashanti después de que Ahmed y yo nos recuperamos de la malaria. En una noche oscura abordamos un ómnibus cuyo recorrido debe hacerse en unas nueve horas. Pero, nuevamente, el retraso es grande por otra rotura en medio de la selva, después de unos cien kilómetros recorridos.

Dos horas de arduo trabajo son suficientes para arreglar el ómnibus y continuar el viaje. A Kumasi, la capital de la Región Ashanti y segunda ciudad de Ghana, llegamos alrededor de las 8:00 de la mañana.

Kumasi se parece en algo a Accra, aunque es más pequeña. Según algunos entendidos, está mejor trazada. Aquí hay un buen flujo de turistas y se pierde un poco la nobleza que caracteriza al ghanés de otras regiones, sobre todo de toda la parte norte.

En la terminal de ómnibus son muchos los taxistas que salen a nuestro encuentro para llevarnos a Mampong Ashanti, donde están los médicos cubanos. No sabemos con exactitud cuál es la distancia que existe entre Kumasi y Mampong, por lo que también es difícil conocer el precio que se puede pagar por un taxi. Uno de los taxistas propone 70 mil. La temperatura está en unos 20 grados por lo que se siente el frío, mucho más, cuando en el norte sobrepasa los 30 grados. Al final  conciliamos el precio y acordamos pagar la cifra.

Mampong Ashanti está en un valle, por lo que el vehículo va en subida la mayor parte el tiempo. El paisaje es bello y es preciso detenerse un momento para dejar constancia de tan hermoso lugar. En un puente desde el que se ve lejano el valle tomamos algunas instantáneas y continuamos el viaje.

Cuando el auto entra en el poblado de Mampong Ashanti, solo se han recorrido unos 25 kilómetros, por lo que es una estafa pagar 70 mil cedis por la carrera. En el hospital, le pedimos al taxista que no se vaya para buscar la casa de los cubanos en caso necesario. Una vez procurados los galenos llega Jorge Amado Poll Pineda, un clínico santiaguero que es el jefe del grupo de cuatro médicos que allí laboran.

Poll nos presenta al director del hospital y le explica el motivo de la visita. Después manda a buscar a Elizabeth Palau Benítez, joven pediatra de Palma Soriano, de notable belleza y carisma.

En una de las ambulancias del hospital, la marcha es hacia la casa, un poco alejada del centro. Allí está Herenia Robelt Rojas, anestesista holguinera, quien es algo así como la barredora de tristeza de la casa, la alegría del grupo, contagiosa y bonachona, siempre con una sonrisa hasta en los momentos más duros, mujer que ha sabido sortear difíciles obstáculos en su vida personal y profesional.

Luego llega Nelson Mena González, ginecólogo, también de Santiago de Cuba, hospitalario, fiestero, y muy profesional en su trabajo. Enseguida invita a celebrar la llegada de los periodistas y en un pequeño establecimiento de ventas cercano a la casa,  pide cerveza Star y algunos kibas, que son hechos con carne asada, de cerdo u ovejo, enganchados con finos palitos, con una cantidad de picante que la boca se enciende. Así pasa la primera jornada en Mampong Ashanti y después del almuerzo  conocemos las noticias del mundo a través de Internet.

En Mampong nos quedamos unos cinco días y si hubiese sido por nosotros no saldríamos nunca más de allí. 


viernes, 26 de abril de 2013



(Cary y Niki) Cary y Peribañez, en su casa de esta ciudad de Las Tunas recuerdan pasajes de su estancia en Ghana.Cary y Peribañez, en su casa de esta ciudad de Las Tunas recuerdan pasajes de su estancia en Ghana.
República de Ghana, país del África subsahariana, rico en historia y tradiciones. Tierra roja que conoce de la mano del cubano que ha ayudado a salvar a su pueblo.

Ghana, la patria de Kwame Khrumah que un día de 1957 fue liberada del colonialismo inglés para darle paso a un mundo mejor.

Y he aquí, una pequeña historia de dos médicos cubanos que un día de 2009 se fueron hasta allá para salvar vidas, y que ayudaron a escribir la gran historia de Cuba en el hermano país africano. Ella, Caridad Corría, pediatra, intensivista; él, Hilario Peribañez, ortopédico.

“Ghana lo tengo en mi corazón –asegura Caridad-. Me gustó muchísimo ese tiempo que vivimos allí porque fueron dos años de vida, empezando por las cosas de la población. Qué decirte de los niños, tan lindos, siempre nos decían Bruní, que significa hombre blanco, y siempre cuando pasamos por al lado de ellos: Bruní, bruní, bruní.

(Niki) Peribañez, junto a un paciente en Ghana.Peribañez, junto a un paciente en Ghana.“Otra cosa es el calor de los ghaneses, muy cariñosos, cuando íbamos de compra, o a pasear, en los mercados son muy cariñosos, muy atentos. Y en el hospital siempre hay algo que valoro mucho, y es la profesionalidad de las enfermeras. Las enfermeras son muy buenas, para las condiciones que teníamos allí, que cuando las comparamos con otros países como Cuba, por ejemplo, faltan muchas cosas, pero con eso que teníamos ví que a veces no hace falta que sea tan sofisticado para salvar las vidas”.

Hilario Peribañez (Niki), atento a lo narrado por su esposa, se mueve inquieto en el balance. No le gustan las entrevistas porque dice que tiene la voz muy fea, y que Cary, su esposa sí sabe expresarse bien. Él prefiere curar los huesos de las personas, pero se dispone a hablar, porque también tiene a Ghana en la memoria, y lo hace bien, de manera pausada, como si las palabras se pidieran permiso unas a las otras.

“Hubo el caso de un hombre que lo remitieron de Wa (ciudad capital de la Región Oeste Superior) hasta Sunyani, donde estábamos. Tenía dos días de evolución y llegó con toda la pierna con pérdida de todas las partes blandas y la tibia estaba expuesta. Me llamaron al cuerpo de guardia para amputarlo, yo estaba en el salón de operaciones y como era el único ortopédico y no podía salir, decidí que lo llevaran hasta allá. Como todavía tenía una parte de la vascularización íntegra, lo curamos y le hicimos un tratamiento emergente.

(Cary) Cary, junto a un pequeño paciente y su mamá en el país africano.Cary, junto a un pequeño paciente y su mamá en el país africano.“A los 10 días le hicimos unas incisiones de descargas para cubrir el hueso porque sin cobertura hay necrosis. Después que le cubrimos la pierna granuló, le hicimos injertos de piel y milagrosamente se le pudo salvar la pierna.

“Ese caso tuvimos la oportunidad de presentarlo en un Congreso de amistad Cuba-Ghana que se hacía todos los años con presupuesto del Ministerio de Salud del país, y en el que participaban los médicos cubanos y los ghaneses. Después de presentar el caso con toda su evolución a través de fotos y vídeos, mandé a que el paciente subiera al podio, porque él estaba invitado sin que nadie supiera que era él. Fue muy emocionante cuando apenas sin cojear llegó frente a todos como una prueba de lo que éramos capaces de hacer los cubanos junto con los ghaneses en las más difíciles condiciones”.

Cary sirve café y batido de guayaba y recuerda otra de las aristas inolvidables de su estancia en Ghana:

“Nunca olvido las comidas de allá, comen con mucho picante, y como nos acostumbramos a eso lo extrañamos, por lo que a veces cocinamos aquí con bastante picante recordándolos a ellos. Era costumbre en ellos el fufú, el bancú, el quenque, el pescado, como platos típicos, que siempre acompañaban con un vino que lo hacían con yerbas, y hacían también el frijol carita como si fuera un congrí, pero muy mojado.

“Otra cosa que nos impresionaba era su respeto para tratar a los demás, es un pueblo muy noble, educado, son conversadores y muy buena gente. Y de todas sus tradiciones los funerales eran de lo más representativos, pues eran grandes fiestas, tenían que despedir a quienes se iban con alegría y respeto. Duraban tres días y era todo un acontecimiento que se anunciaba durante toda la semana, como un gran compromiso social”.

“En los dos años que estuvimos trabajando en Ghana –dice Peribañez- por la misma características de nuestro trabajo teníamos que visitar muchos hospitales, muchas regiones, y nos daba mucho orgullo que en todos los lugares siempre había ghaneses que estudiaron en Cuba. Incluso, en una ocasión llegamos al hospital de Koforigua y nos encontramos a una enfermera que había estudiado aquí en nuestra ciudad de Las Tunas, en el politécnico Mario Muñoz Monroy, y nos hablaba con mucho orgullo de la ciudad, de sus lugares, y aseguraba que ella era tunera.

“Por supuesto que para nosotros era una gran emoción que a tantos kilómetros de Cuba nos encontráramos a personas que querían a Fidel Castro, a la Revolución”.

Ghana, la tierra de los Fanti y los Ashanti, de la Costa de Oro, de los reyes naturales, de Accra y Kumasi, sus dos más importantes ciudades; la tierra roja debajo del Sahara, donde un día, muchos días, estos dos médicos, como parte de los cientos de cubanos que han pasado por allá, dejaron su huella en aquel noble pueblo, que también los marcó a ellos para siempre.



Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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