Vladimir
Santiago es un hombre plenamente feliz. Cuando lo dice, sus ojos le brillan y
su lápiz se detiene ante el papel montado en el caballete de su taller, en el
que el cuerpo de una bella mujer se dibuja en sus más sugerentes formas en
busca de un cuadro erótico.
Y
es feliz porque su vida transcurre apacible, aun en medio de lo convulso que
resulta el arte plástico, pues pinta lo que le gusta y reflexiona y hace
reflexionar sobre el hombre en su modo genérico, la belleza de las mujeres, el
cuidado del medio ambiente, siempre sobre ideas que puede haber trabajado desde
hace muchos años.
Para
él, la vida de los hombres parece estar signada desde su nacimiento, y el
tiempo como categoría siempre está presente en la historia de la humanidad, que
sigue con su curso mientras los hombres quedan, pero es importante dejar la
huella para que recuerden el paso por la vida.
Vladimir
es un caricaturista por naturaleza, apegado al tiempo que le ha tocado vivir
siempre anda en busca del humor reflexivo, que marque la vida del espectador,
mientras que el paisaje siempre surge en su obra en un momento o en otro, con
el pensamiento puesto en la acción destructiva del propio hombre, consciente o
no.
Como
filosofía, Vladimir pinta un bello paisaje para que las personas reflexionen
acerca de lo malo de perder el verdor de la naturaleza, y aunque huye un poco
de la figura humana, ella siempre está en su mente para erigirse siempre sobre
todo lo demás.
Pintor
postmodernista o hiperrealista, figurativo, Vladimir sabe sacar el máximo de
sus fotografías creadas con la mano, para al final perdurar entre su público
que lo sigue en sus propuestas, porque él es uno de los artistas de la plástica
que marcan el tiempo en Las Tunas, parabién de la cultura.


