Hoy es un
día en el que se mezclan la alegría y la tristeza, y ambas relacionadas con la
salud. La tristeza de mi padre en una cama de la sala de terapia intermedia del
Hospital General Docente Ernesto Guevara, de la provincia de Las Tunas, y la
alegría porque Jose Alberto, mi hijo menor, acaba de concluir el tercer año de
la carrera de Medicina.
Siempre que
hay un examen las tensiones se disparan, no solo por parte del estudiante, sino
de los padres, mucho más si el último examen del año es Medicina interna, una
de las más complicadas de las especialidades médicas, porque abarca todas las
demás especialidades y los exámenes siempre son difíciles y además porque la
carrera tiene dos años muy complejos: el primero y el tercero.


