domingo, 26 de abril de 2015

Desde que el mundo es mundo existe la desigualdad, la pobreza extrema y la riqueza.

Siempre los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
África, la cuna de la vida, es un continente que tiende a desaparecer. Las cosas más insólitas, las tristezas más grandes, el espanto y la desesperación se vive a cada paso en ese inmenso territorio, tan rico en recursos naturales, lo que constituye la mayor de las paradojas.

¿Cuántos africanos están condenados por el SIDA? ¿Cuántos por la tuberculosis? ¿Cuántos niños están desnutridos? ¿Cuántos pequeños mueren cada minuto por enfermedades curables? ¿Qué tiempo durará esta población sobre la Tierra?

Nadie sabe. Solo existe la certeza de que la población de ese continente marcha de forma acelerada hacia el reino del silencio. Porque África es el dolor del mundo.

Ver vídeo


Esta es la imagen más famosa de cuantas he hecho.

Es una imagen del reconocido escritor de la provincia de Las Tunas, Guillermo Vidal, que se ha reproducido en la Red sin límites, porque ha ido de mano en mano a partir de la original que alguna vez publiqué un año después de su muerte, en 2005, cuando en www.tiempo21.cu hicimos un dossier sobre la vida y la obra del escritor, como un homenaje a su memoria.

Y aunque nadie nunca me la solicitó para publicarla, y como sé que es mía, porque la hice y porque tengo el original por si alguien lo dudara, me ha dado mucha satisfacción la reproducción en cuanta publicación hable de él, porque eso también es un homenaje por mi amigo desaparecido.

Cuento por primera vez en público la historia de esa foto.

Data de finales de 2003, con motivo de un video arte que Alejandro Lora y yo hacíamos al Guille, y la imagen está en la portada del disco con el audiovisual.

Recuerdo que durante toda una tarde, sentados los tres en el suelo del patio de su casa, a la sombra de un árbol, discutíamos el guión del video para promocionar su novela La saga del perseguido, con la cual acababa de ganar el Premio Alejo Carpentier, uno de los más importantes de la literatura, y la idea original que llevábamos quedó enriquecida, y al final resumíamos la esencia de su libro.

Después comenzamos a maquinar para filmar una película sobre una de sus obras, y nos propuso que fuera sobre Las manzanas del paraíso, cuya producción era muy pero que muy difícil por la trama de la misma y sobre todo por sus escenarios, nada fácil de reproducir.

Así también surgió la idea de hacer un grupo de cine independiente en el que estaríamos los tres y al que se sumarían después otros profesionales, y a la hora del nombre, empezamos a decir lo que se nos ocurría, hasta que el Guille dijo loco de alegría: “lo tengo”. Y cuando le preguntamos nos dijo a rajatablas: “Acoytes”.

-¿Cómo que Acoytes?- le preguntamos Alejandro y yo- ¿Qué quiere decir eso?

- A cojones y a testículos –nos respondió con la más original de sus carcajadas-. Cómo no tendremos de nada para trabajar pues lo haremos a cojones y a testículos –volvió a decir y todos reímos de su ocurrencia.

Y así nació Acoytes, una firma con la que hicimos dos películas: una de Guillermo: el largometraje Los Cuervos, en 2006-2007 y el corto Homoerectus, un año después, y aunque el Guille no pudo sobrevivir al tiempo para hacer los guiones de cine que soñaba, porque murió unos meses después de aquel vídeo arte, el 15 de mayo de 2004, todo lo que hacíamos era en su homenaje.

Por ello ahora me satisface dar a conocer la pequeña historia de esta imagen que ha recorrido el mundo en la Red, a la memoria del Guille.

Ver vídeo arte



sábado, 25 de abril de 2015

Desde niño tuvo inclinaciones por los cuentos, y se la pasaba inventando historias que escribía detrás de sus libretas de la escuela, pero no es hasta que ingresa al Servicio Militar en La Habana, cuando comienza en serio en la literatura, con una visión menos estigmatizada, y con patrones universales que le hicieron descubrir su propio camino, como César Vallejo, Pablo Neruda y Eliseo Diego.

La guerra de Angola sorprende a Carlos Esquivel en plena juventud, y las huellas del desastre marcan sobre todo su mente, porque vive la muerte, la metralla, las desgracias humanas, y en medio de las calamidades y la zozobra que impone un enfrentamiento armado, toma los versos en serio, y aunque desecha muchas cuartillas otras sobreviven el momento y el tiempo, para convertirse en poemas que va moldeando en cada revisión posterior o sobre la marcha, encima de un camión, o dentro de la trinchera, en espera del silbido de los proyectiles de los cañones enemigos.

En Angola, Carlos Esquivel lee en voz alta para sus amigos y otros miembros de la tropa, que se olvidan por momentos de la guerra por la belleza de aquellas palabras que traspasan el umbral del espíritu, y sus textos le sirven no solo para crecer como poeta, porque lo impulsan a cumplir con éxito cada misión del mando superior, y es condecorado por servicios distinguidos y gana algunos premios convocados por la Misión Militar Cubana.

Así pasaron largos años, y llega victorioso a casa, más espigado sobre sus más de seis pies de estatura, y con el corazón dándole vuelcos por la vida, que preserva a fuerza de tesón y de versos, de entereza y valentía, aunque el tiempo y sus desafueros lo marquen para siempre porque la huellas de la guerra no lo abandonarían jamás en su tortuosa vida, llena de espantos y ternuras, de sacudiones e intranquilidad.

Impetuoso y decidido ingresa en un taller literario, y aunque algunos de sus textos sucumben ante los análisis, otros, la mayoría, logran traspasar las miradas escrutadoras y los análisis casuísticos de sus compañeros, que veían y sobre todo sentían, que estaban delante de alguien grande no solo de estatura, sino de espíritu, y al mismo tiempo se involucra en su otra pasión: el cine, para analizar cintas y verter criterios sobre el buen o el mal hacer en el séptimo arte, que lo atrapa como la literatura para no soltarlo más.

Hoy, con el paso del tiempo y las distancias, con las musas despiertas y dormidas, con la vida golpeándole la espalda y la prisa siempre detrás de sus pasos, Carlos Esquivel es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba después de integrar la Asociación Hermanos Saíz, y sus libros asombran y acarician a los lectores que se sienten realizados con sus versos y sus narraciones, y sus premios nacionales e internacionales lo reconocen como el más grande del momento de la poesía tunera, siempre junto a los escritores Guillermo Vidal y Alberto Garrido, una trilogía prominente en sus letras de encanto, y lo conocen personas de Europa y Latinoamérica, y sus versos, cuentos y novelas acompañan a seguidores de Canadá, México, Argentina, España, Puerto Rico, Estados Unidos y Cuba.

Entonces, como para recordar quién es y de dónde viene, siempre, en algún momento de estacionamiento en el camino, se da un baño de luz y recuerda sus primeros poemas de finales de los años 80 del pasado siglo, y se mira a sí mismo y desdeña todo orgullo, porque viene de la guerra y la paz, de la nada y del todo, con los pies puestos en la tierra que le acaricia los pasos, y sin ufanarse por su magia para enamorar a quienes lo leen.

Por el contrario, sigue Esquivel siendo el mismo muchacho, un poco más grande, que partió a Angola y compartió la trinchera por un mundo mejor, y maneja la angustia del precio de ser él mismo, al decir de Silvio, y trastoca lo malo en bueno, y supera la desidia y los malos ojos, y se levanta con su voz despierta y sus versos afilados, para poner en alto la literatura de la provincia de Las Tunas y de Cuba, sin proponérselo, porque solo sabe que es mortal y que los mortales sucumben un día, y de ahí la necesidad de vivir su tiempo y sus espacios con el alma abarrotada de sueños y placeres, sinsabores y encontronazos, amores contentos y amores destrozados, porque el azar marca al poeta y su vida, siempre incompleta, siempre perdurable.


domingo, 19 de abril de 2015

Los periodistas de la oriental provincia de Las Tunas son protagonistas en las elecciones parciales que se desarrollan hoy domingo en Cuba toda, y llevan los detalles de tan importante acto a todas las plataformas para informar al mundo.

En la ciudad capital de la provincia un equipo de trabajo recorre los colegios electorales para conocer de primera mano cómo se desarrollan los comicios y trasmitir para las audiencias la transparencia de este vital proceso.









sábado, 18 de abril de 2015

Tiempo21/Foto Angeluis.
Pocas ciudades de Cuba tienen el privilegio de contar con un escritor como Alberto Garrido, no solo por sus relevantes resultados en el mundo de la narrativa y la poesía, sino por todo lo que le ha aportado a la provincia de Las Tunas desde su posición como editor de la Casa Sanlope, y por lo que representa para los demás colegas del territorio, que se miran en su espejo y lo observan con el orgullo a flor de piel.

Y si aseguro que Las Tunas se privilegia con Garrido lo es más cuando en una misma época él coincidió en la narrativa y en su vida con Guillermo Vidal, y es hasta más seguro que pocas ciudades de Cuba cuentan con un dúo que supo revolucionar la literatura parabién de la cultura nacional.

Porque Garrido, como en vida Guillermo, es de esos hombres que impresionan con su sola presencia, sin contar que para cualquier interlocutor es su verbo amplio y sabichoso una suerte de diálogo con la propia literatura, y con su andar despacio, como asegurándose siempre de pisar tierra firme, ha sido una de las mejores figuras con que ha contado la ciudad en muchos años.

Cuando llegó aquí, Garrido acababa de salir de la adolescencia, y venía cargado de sueños de su Santiago de Cuba, de su egreso del Instituto Superior Pedagógico, y aquella suerte de que el muchacho llegara a esta ciudad, nunca pasó inadvertida, porque su talento sobresalía por encima de su ropa, aunque siempre fue el maestro Guillermo Vidal, más viejo que él y mucho más maduro en los quehaceres literarios, quien vislumbró su futura carrera y no se cansaba de afirmar en los círculos de amigos o literarios, que había que seguir de cerca a aquel muchacho de rostro imberbe, acabado de llegar de la Cuna de la Revolución, la rebelde y hospitalaria Santiago de Cuba.

Así, con su modestia siempre por delante, con su juicio sólido ante los más variados temas, con su aguda mirada para los quehaceres literarios, y sobre todo, con su afilada pluma para hacer que nazcan prosa y versos, el muchacho santiaguero comenzó a convertirse en tunero y nunca más se marchó de la ciudad que lo acogió como uno de sus mejores hijos, y comenzó a triunfar en la narrativa y la poesía, con su verbo cortante y capaz de trasladar al lector hasta las escenas que creaba, hasta que un día, un libro titulado El muro de las lamentaciones se alzó sin remedio con el Premio Casa de las Américas, por encima de más de 100 obras de Latinoamérica toda, y Garrido casi toca el cielo, aunque no se envaneció por ello, y por el contrario, siguió con su sencilla manera de ser para ganar más adeptos.

Ahora que hace unos años trabaja en República Dominicana, no deja de pensar en Las Tunas primero que en Santiago, y en su casa cierra los ojos y se traslada acá, y siempre que tiene un tiempecito se llega hasta esta ciudad, para desconectar tensiones, como él mismo dice, aunque asegura que él solo está un poco más allá de su Santiago natal, porque son muchas las coincidencias entre cubanos y dominicanos, por lo que cree en la prolongación de su país un poco más al este.

Y estando aquí, como ahora mismo, pasea por las calles de su ciudad, y la gente y los amigos lo paran y hablan sin parar, y le preguntan por la familia, por sus libros, por sus planes, y lo invitan a sentarse, y él, siempre con su tiempo demasiado libre cuando está aquí porque a eso viene, se sienta y habla, y se ríe y goza con su pueblo que lo admira y lo quiere, y que se entera rápidamente de su presencia porque la noticia de que está aquí corre por doquier.

De ahí el orgullo recíproco de él con su ciudad y su gente, el amor que pactó con esta tierra desde hace 26 años, cuando llegó con su pelo negrísimo y su rostro sin barba y sus sueños acumulados y esperanzadores hacia lo más alto de la literatura, para decir como ahora cuando se detiene y con la vista recorre la ciudad y expresa bajo pero a todo pulmón: ¡Qué bien me siento aquí! Y echa a andar nuevamente por sus calles y con su gente hasta que se pierde entre las personas pensando quizás en el próximo poema o en la última idea del cuento o la novela que escribe para, sin proponérselo, seguir siendo grande y para coger un aire de luz.


Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

Archivo del blog

Con la tecnología de Blogger.

Followers

Vistas de página en total

Ads 468x60px

Featured Posts

Entradas populares