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lunes, 29 de abril de 2013



Nunca he tenido presente el día que en Las Tunas, ciudad del oriente de Cuba, donde vivo, cayó un diluvio de hielo del cielo, que copó las calles de la entonces pequeña ciudad y llenó de terror a sus habitantes. Solo ahora, que he visto en facebook una nota de mi amigo Juan Morales Agüero, me detengo a pensar en la fecha: 29 de marzo de 1963, nada menos que 50 años de la llamada Granizada de Las Tunas.

No obstante al tiempo pasado, y a mis escasos cinco años en aquella jornada de estupor, recuerdo nítidamente cada momento de tan aciaga fecha, en que la ciudad se enfrió por tanto hielo en sus alrededores.

Esa tarde mi papá me llevaba de la mano hacia algún lugar que no preciso y caminábamos de prisa porque quería llegar antes de que comenzara a llover, pero cuando íbamos a unas cuatro cuadras de la casa, el cielo estaba tan negro que metía miedo y ya las lloviznas comenzaban, por lo que decidió regresar.

Recuerdo que me cargó para caminar más aceleradamente, y corría hacia la casa por la tormenta que se avecinaba. Yo, que te tenía –le tengo- un miedo inexplicable al viento, sentía una sensación extraña ante la actitud de mi padre, y ya cuando llegábamos a la puerta de la casa comenzó la lluvia.

Mi casa de la calle Julián Santana, donde vivíamos mis padres, mi único hermano en aquel entonces y mi abuela, tenía una puerta de dos piezas, alta, con un postigo a la altura de mis ojos, y por las rendijas de esa pequeña ventana comencé a mirar y vi como el viento doblaba los árboles que estaban en el solar de enfrente, por lo que despavorido, corrí hacia el cuarto, me acosté y me tapé cabeza y todo, pero sentía cómo en las tejas del techo sonaban como piedras, que después supe eran aquellos granizos que inundaron la ciudad.

Yo sí no preciso cuánto tiempo duró la tormenta. Solo recuerdo que cuando escampó salimos al patio y una enorme mata de anoncillos estaba caída de raíz sobre el brocal del pozo.

Entonces salí a la calle, y enfrente, un señor nombrado Raquel, despejaba con una pala la puerta de su casa colmada de hielo y la calle toda era blanca, y los muchachos jugaban tirando pedazos de hielo de un lado para el otro.

Por supuesto que por mi edad no supe de noticias por la prensa, la radio y la televisión, solo sé que fue algo terrible, con mucho viento, árboles y casas derrumbadas y que las calles estaban llenas de curiosos que caminaban sobre el hielo.

Después fui creciendo y escuchando las leyendas que se tejían sobre la Granizada de Las Tunas, que pasó de una generación a otra, y cada vez que veo la negrura en el cielo que la gente llama La Bayamesa, la piel se vuelve a erizar ante la amenaza de una nueva y misteriosa tormenta de viento y hielo. Gracias que nunca más ha pasado. 



viernes, 22 de junio de 2012

A Juan Morales Agüero lo conocí en la década del 80 del pasado siglo. Yo era el presidente de la Delegación provincial de la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia de Las Tunas, organización que decidió otorgar algunas becas de Periodismo a corresponsales voluntarios de todo el país.

Recuerdo que después de publicada la convocatoria, unos seis o siete compañeros de experiencia que tributaban a los medios, optaron por la única plaza que se ofertaba, y se citó para el examen de aptitud que realizaría una comisión integrada por tres reconocidos profesores de la Universidad de Oriente: Rafael Lechuga, Vicente Guash, y Ana Elba Galán, y por la provincia, José Infante Reyes, director del entonces diario 26 y yo.

Llegó el día del examen y ya al terminar la mañana habían pasado todos los aspirantes, menos Morales, que brillaba por su ausencia. Ya cuando veíamos las posibilidades de cada quien, llegó Juan desde el municipo de Manatí, donde vivía, y la Comisión comenzó a hacerle el examen de forma oral, que no tuvo que concluir, porque en pocos minutos nos dimos cuenta de que estábamos en presencia de un periodista sin título, y la distancia que le llevaba de ventaja a los demás no daba lugar a dudas de que la plaza era de él.

Así pasó el tiempo y Juan Morales hizo época en la Universidad de Oriente por sus conocimientos sobre el periodismo, pero sobre todo, por la manera sabrosa de escribir aquellos textos que deslumbraban a más de uno.

Después de graduado, inició sus labores profesionales en el diario 26 y además de ser colegas nació una amistad entrañable entre nosotros, y nos mostrábamos los textos de uno y otro antes de publicarse y siempre que lo leía me fascinaba su estilo y su forma de llevar al lector por los caminos que él determinaba.

De aquel inicio han pasado algunos años y Juan, como el vino, mientras más viejo tiene mayor calidad como periodista, y se erige, en mi opinión, en el mejor profesional del gremio en el territorio que hoy ocupa la provincia de Las Tunas y un poco más allá.

Juan es un cronista por excelencia. Cuando se mete dentro de ese género goza de lo lindo con el lenguaje, con las imágenes sugerentes, con la sabrosura de quien disfruta lo que escribe y hace disfrutar a los demás. No obstante, en cualquiera de los géneros que incursiona hay que quitarse el sombreo e inclinar la cabeza a modo de reverencia, porque no deja resquicios ni espacios para la banalidad, o la falta de interés, o las palabras huecas.

Memorables son sus crónicas desde Guatemala, donde no solo dio cobertura a la colaboración médica cubana en el centroamericano país, sino que supo exprimir las posibilidades de las costumbres, tradiciones y la cultura de ese pueblo. Títulos como aquel de "En mulo hasta la Estrella Polar", por solo citar uno, se han quedado en la mente de quienes leen sus textos.
 
Tampoco Juan es de a los que le ha pasado la tecnología por encima, como dijo alguna vez Gabriel García Márquez, en referencia a ciertos periodistas. Por el contrario, en cuanto llegaron a su vida las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones e Internet, comenzó a estudiar y hoy es respetable su labor profesional en la Web 2.0, en la que su cuenta de Twitter es de las más destacadas del país, y cuando se habla de blogueros también hay que quitarse el sombrero ante su página personal Cuba Juan, laureada en una ocasión con el Premio Nacional de Periodismo 26 de Julio en su categoría. También es Máster en Ciencias de la Comunicación, porque como dice él, "siempre se ha de estar en el frente."

Como magnífico escritor ya tiene publicado un libro titulado Postales tuneras, por la Editorial Sanlope, de Las Tunas, en el que lleva al lector por la historia de esta ciudad a partir de textos breves, brillantes.

Nada, que Juan Morales Agüero es un nombre obligado en el periodismo cubano. Mencionarlo es sinónimo de un buen verbo, sencillo, sin colorines, y sobre todo encendido.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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