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lunes, 17 de mayo de 2021

 


A Luis Sexto lo conozco desde que comencé en el periodismo, allá por los años 80 del pasado siglo. En aquel entonces, aunque nunca lo había visto personalmente, me llamaba la atención la brillantez de su escritura, y la forma en que llevaba al lector hasta donde él quería, pero había algo que me disgustaba en sus textos, a lo cual nunca le encontré explicación.

La explicación quizás estaba en que en mis comienzos lo encontraba demasiado brillante al compararlo conmigo, o en que mostraba cierto aire de vanidad cuando escribía, o en que creía que se las sabía todas en la profesión, o...

Sabía por quienes lo conocían de cerca y por los más viejos colegas, que era uno de los periodistas más querido y odiado al mismo tiempo, lo que le daba cierto aire de misticismo, porque como dice mi amigo Machado Conte, lo importante es que de uno hablen, mal o bien, pero que hablen, porque la indiferencia es decepcionante.

Así pasó el tiempo, y un día cualquiera de 2003, cuando cursaba un Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Sexto era el profesor de Periodismo literario, y como yo andaba con mis prejuicios infundados y de causas desconocidas, pues no miraba bien a aquel hombrecito de tamaño, que hablaba demasiado bien del tema, y en una fría mañana, aproveché un análisis suyo sobre un reportaje de una colega dominicana en el que se evaluaba la narración para mostrarle mi desacuerdo con su análisis, un poco porque en verdad no compartía su criterio y un poco para encarar su probado talento dentro del gremio.

Sé, (por lo menos es lo que percibí) que a él no le cayó muy bien aquella discusión profesional, y a partir de ahí nuestro trato era distanciado -en mi apreciación, claro- durante toda la semana que duró su curso. Mas a mí lo que más me importaba era haber rebatido la opinión a uno de los grandes del periodismo, lo cual después consideré como una chiquillada llena de superficialidad.

Después, otro día cualquiera Sexto vino a la ciudad de Las Tunas, a presentar un texto que acababa de escribir, y lo entrevisté para un programa radial que hago los domingos, y cuyo título es Atrapando Espacios, y cuando terminé, pasé de forma irremediable al bando de los que lo quieren, porque me di cuenta en poco más de 30 minutos de conversación, de que en verdad estaba en presencia de uno de los grandes de las letras cubanas.

Y después, cuando ganó en buena y difícil competencia el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de toda la vida, pues me sentí reconfortado, feliz y satisfecho por esa justicia y me uno a quienes se inclinan ante este monarca de las letras, al que hoy cuento entre mis amigos.


domingo, 23 de agosto de 2020

 Elmer Almaguer Paneque posa su pícara mirada sobre mí al tiempo que la comisura de sus labios dibuja una sonrisa. Sobre sus piernas un nieto y una bisnieta rubios de ojos azules, bellos, se empeñan en no dejarlo tranquilo.

¿¡Ah?! Pero no te acuerdas bien, me espeta y me recuerda: “Segura casi nos mata y tuvimos que cambiar completamente la primera página del periódico”.

Y en verdad no recuerdo los detalles de una de las anécdotas más emblemáticas de Elmer y mía cuando estábamos de cierre juntos en el entonces diario 26, a finales de la década del 80 del pasado siglo y siempre tratábamos de imponer nuestra posición diferente en la forma de utilizar el color rojo con mayor cordura, pero sobre todo, sustentados en los conocimientos que teníamos del diseño y huyendo quizás demasiado de la norma que existía, muy generalizada, del uso del rojo de forma indiscriminada.

Cada vez que estábamos de cierre Elmer me decía “hoy rojo solo el machón”, en forma de broma, pero como para dejar sentado que lo utilizaríamos adecuadamente, y ese día quizás se nos fue la mano de acuerdo con los conceptos de los demás colegas del Consejo de Dirección, a quienes les encantaba el rojo, y todos los titulares de ese día lo utilizábamos en negro, pero basados en la sobriedad y un estilo que había que reconocer por los demás elementos gráficos usados, y un equilibrio evidente de los cuatro cuadrantes de la comunicación visual.

Así, ya con la primera diseñada, mirábamos con agrado nuestra obra, convencidos de que habíamos logrado algo diferente y bien pensado, y comentábamos el impacto que causaría la circulación de aquella edición del diario 26, cuando llegó Ramiro Segura, el director, a echarle un vistazo a la cara del medio.

- ¿Quién se murió? –preguntó Segura con cara de pocos amigos.

- ¿Cómo que quién se murió? –respondí.

- Sí, porque si la primera solo tiene rojo el machón es porque estamos de luto o ha pasado algo.

- No, Ramiro, es un estilo que se usa en el mundo –traté de explicar, pero el Director me paró en seco.

- En el mundo puede ser, pero aquí no.

- El problema es que nos avisaron que debíamos ahorrar el rojo porque no hay tinta –se atrevió a bromear Elmer con su cara muy lúcida y la ironía que siempre lo ha caracterizado.

- Elmer, esto es serio –volvió a decir Segura-. Ahora mismo me vuelven a hacer la primera plana y sin inventos –sentenció el director y nosotros tuvimos que recomenzar con nuestra labor, con formato y diseño nuevo, cargado de rojo.

Cuando Segura se marchó, Elmer me dijo: “ahora vamos a poner en rojo hasta las fotos”.

La anécdota corrió de boca en boca y los jodedores no cesaban de meterse con nosotros y cuando nos veían juntos comenzaban con los más diversos chistes desde que cambiáramos el color del machón hasta las más inesperadas bromas.

Elmer siempre fue –es- un tipo mente rápida para captar y trasmitir ideas. Aun cuando alguien pensaba que él estaba inmerso en sus formatos y diseños tenía el don de estar atento a todo lo que se conversaba y pasaba a su alrededor, y al menor descuido metía su “cuchareta” y se desembarcaba con frases y pensamientos únicos, emblemáticos, como aquella cuando Pancho Valdés, uno de los correctores trataba de justificar un error en un texto del reportero Juan Morales Agüero, en el que Pancho había “rectificado” Carrillón por el Carillón original y correcto escrito por Morales, y cuando Valdés ya apenado le confesaba a su interlocutor que había tratado de corregir un error, Elmer, sentado tranquilamente ante uno de los formatos de una página le espetó a la cara: “es decir, Pancho, que trataste de corregir y lo que hiciste fue cagarla”.

Más de 30 años dedicó Elmer al periódico 26, desde que dejó de ser fundidor en varias industrias para convertirse en formatista del diario, como alumno de Antonio Morales en sus inicios, y como profesor después de todos los que se acercaban a la especialidad en la que dejó una bella hoja de servicios.

Hoy, más viejo y jubilado, con nietos y biznietos sobre sus piernas, sigue siendo un lujo hablar con él, sobre todo para recordar y reírse con las mil anécdotas del emblemático diario 26 convertido después en semanario, de las cuales fue protagonista en un alto porcentaje junto al colectivo, pero sobre todo para comprobar que a pesar de los años él sigue siendo Elmer mente rápida.




sábado, 27 de junio de 2020

Hoy estoy con el gorrión que es un ave rapaz porque es el Día del Periodista Venezolano, fecha que festejé con mis colegas de TeleSur en 2016 y 2017. Fueron jornadas de celebración y trabajo, mucho trabajo, porque el canal multiestatal es una maquinaria que no para y busca información constantemente para ponerla en pantalla y en Internet.

A veces pienso que tengo manía de Venezuela y sobre todo del canal que ha sido mi mejor historia, mi mejor escuela. Todos los días pienso en Caracas, en cada una de las instalaciones de TeleSur, a donde llegaba cada día antes de las 7:00 de la mañana, desafiando el peligro del metro desde las 6:00 de la mañana en una ciudad que te atrapa y no te suelta por sus encantos,

pero que al mismo tiempo representa un peligro a cada paso por sus bellas calles por la violencia imperante.

Todo en el canal es fascinante. En el piso 1, donde se ubica la Redacción de Noticias, te atrapa la profesionalidad y la pasión de cada uno de los profesionales que trabajan en colectivo para lograr un producto de alta factura en la pantalla. La Mesa de Asignaciones, donde trabajé en los últimos meses, es electrizante la forma en que se gestiona el contenido propio del canal a través de sus corresponsales en todo el mundo. Pero lo mismo pasa en la Mesa de Redacción, donde también trabajé, en la cual los redactores no paran con las asignaciones de los editores de contenido. Y qué decir de la Mesa de Producción, que es la encargada de la salida al aire de cada ronda de noticias. Igual rigor tiene la Mesa de Diseño, o los editores de imágenes, el máster donde se monitorean las más disímiles señales, o ingesta, encargada de descargar los videos que solicitan los editores y productores. Es difícil de explicar tanta acción y hay que vivir la experiencia para saber de qué se habla.

En el piso 2 la Dirección General de Multimedia, donde se trabaja para el medio en Internet, con sus mesas de redacción, las redes sociales y las producciones de videos, donde comencé mis labores (como editor de contenido en todos los casos) y la Dirección de Programas Informativos, y el Deporte. Esto solo una pincelada porque hay muchas más áreas tan fascinantes como las mencionadas.

Por eso hoy extraño más a TeleSur y a Venezuela. Y sirvan estas líneas para rendirles un sencillo homenaje a mis colegas de la Patria de Bolívar, que hacen periodismo en las más difíciles condiciones de guerra que enfrenta el país por la crueldad de la oposición dirigida desde Washington.














lunes, 4 de marzo de 2019


Hoy siento un orgullo multiplicado y de alguna manera me veo reflejado en uno de   mis pupilos de la fotografía, porque Angel Luis Batista Santiesteban, acaba de ganar el Premio de Periodismo Ricardo Varela Rojas por su obra en 2018 en la especialidad de gráfica.

Y lo digo porque soy el responsable de que Luisi, como le decimos los amigos, sea hoy un fotorreportero y un camarógrafo de respeto, con una obra de mucha calidad y en ascenso.

Recuerdo ahora cuando llegó al Grupo Internet de Radio Victoria, donde se hace tiempo21. Venía graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas, pero siempre le vi alma de periodista más que de lo que había estudiado, y un día le propuse formarlo como fotorreportero y aceptó.

En la Redacción de tiempo21, Luisi siempre está trabajando.
Entonces le di una vieja cámara Sony y mucha bibliografía, y sobre la marcha hacíamos talleres sobre la luz, el encuadre, el ángulo y la composición y comenzó a desarrollarse en el mundo de la imagen y con muy buenos resultados, porque su inteligencia natural le abre el camino de forma muy rápida.

Luisi junto a mí en 2013, cuando le entregaba uno de sus primeros premios en
gráfica en un Festival de la Radio.,
Y otro día, cuando ya tenía muchas horas de recorrido en la fotografía, y contábamos con mejores condiciones técnicas, le propuse que incursionara en el video y en la edición y sin pensarlo dos veces se fue hacia ese mundo fascinante y hoy confieso que todos los días me sorprende con un plano, un montaje, un mensaje efectivo, y digo con responsabilidad que se ha graduado de fotógrafo, tanto en imágenes fijas como en movimiento.

Esas son algunas de las razones de mi orgullo por lo que hace y por lo que es, porque además de un gran profesional es una gran persona y eso basta para quererlo a pesar de ser un viejo peleón con solo 33 años de vida, que precisamente cumple hoy. Así que congratulaciones por partida doble.





martes, 11 de diciembre de 2018

Góngora, así de simple, ha muerto, en un día triste, en una tarde medio fría y más triste todavía. Se ha despedido de la vida después de luchar por más de un año contra un cáncer que se ensañó con él, que nunca se había enfermado y a quien todos celebrábamos por su salud de hierro porque no le daba ni gripe.

Aun cuando era una muerte esperada porque estaba muy enfermo, fue como un mazazo cuando me lo dijeron en la redacción de Radio Victoria, y a mi mente llegaron de golpe todas las anécdotas de nuestra juventud, cuando se iniciaba el periódico diario en la naciente provincia de Las Tunas.

Entonces me fui hasta la funeraria, y me llené de fuerzas para entrar a la capilla donde estaba tendido el cuerpo sin vida de mi maestro, de mi amigo, y no pude evitar las lágrimas cuando Niurka, su esposa, se abrazó de mí llorando, y hablamos en pocos minutos de su vida, de sus últimas horas, de sus cosas.

Mi relación con Oscar Leandro Góngora Jorge data de cuando era el jefe del equipo político-ideológico en el diario 26 en el que yo iniciaba mi vida como redactor-reportero que atendía los temas de la educación y la juventud, y fue literalmente el primer maestro que tuve en el Periodismo, porque además de mi jefe, acopiaba toda su paciencia para tratar de armar aquellos lead de las informaciones que le entregaba, muchas de las cuales las rompía en pedazos e iban a parar a un cesto de basura que tenía al lado de su puesto de trabajo, con una sentencia: «hazla otra vez», sin ni siquiera darme la oportunidad de fijarme en lo que había escrito.

En aquellos inicios, me era extremadamente difícil construir un lead y responder las preguntas clásicas, y todos los días hacía ejercicios mentales para determinar cuáles eran los datos más importantes para comenzar mis textos, y era decepcionante cada vez que Góngora me rayaba con su afilado bolígrafo mis líneas de novato verde.

No obstante, lo que más agradecía era cuando Góngora se sentaba en su entonces máquina de escribir Robotrón, de 12 puntos, que él tenía engrasadita y volaba bajito, y a partir de los datos que yo le daba me hacía un lead excelente en menos de un minuto, para espetarme a rajatabla: «eso es para que aprendas y te convenzas de que yo soy el mozo de la información».

Góngora era realmente un maestro para todo el equipo que dirigía, integrado además, por Julio César Pérez Viera, Ulises Espinosa Núñez y Roberto Doval Bell, y creo que en el 98 por ciento de los señalamientos que nos hacía tenía razón, aunque lo veíamos como un tipo quisquilloso, rompe cuartillas, pero lo hacía para enseñarnos y educarnos, y lo lograba.

Y así pasó el tiempo y un día me fui del periódico para la radio y Góngora siguió después como reportero porque los equipos se disolvieron, y después siguió con su madera de maestro como jefe de Redacción del semanario, velando por el buen escribir, por las estructuras correctas de los géneros, educando y formando no solo a los jóvenes, sino a los que ya llevan años en la profesión, porque parabién de 26 y del periodismo tunero, Leandro será siempre el Mozo de la información. 


domingo, 15 de julio de 2018

Yanetsy Palomares Pérez es una muchacha que hace apenas unos años de graduó de Periodismo en la Universidad de Camagüey, y quizás ha desmentido el pensamiento de algunos cuando la vieron tan callada y poco comunicativa, que vislumbraron a una profesional que pasaría trabajo para ejercer el Periodismo, porque en esta primera etapa de trabajo ha superado todas las expectativas.

Hoy, la perspectiva de Yane, como le decimos, va más allá de todos los pensamientos, y su quehacer diario como reportera en Radio Victoria se acerca a las necesidades del Periodismo de estos tiempos, tan carente de profesionales integrales, capaces de tributar bien para todos los canales de comunicación en los medios.

Cuando esta muchacha escribe para la radio se nota enseguida la presencia de una buena comunicadora con el público de ese medio, tan exigente, tan íntimo y tan capaz de detectar de inmediato la calidad de su emisor. Y cuando lo hace para la Red, su redacción y estilo rozan con las exigencias de un canal tan riguroso.

En tiempos de hibridez en el Periodismo, Yanetsy sabe deslindar muy bien las características entre un género y otro, y aun cuando para algunos la hibridez es un hecho y lo importante es la calidad de los textos, para otros profesionales no hay nada mejor, desde el punto de vista comunicativo, que leer, escuchar o ver una crónica, una entrevista o un reportaje puramente hablando, porque en su esencia está el mensaje de una forma más clara, sencilla y concreta.

Lo de su callada manera de ser es otra cosa, y forma parte de su carácter, pero no quiere decir en modo alguno pesadez o falta de educación, por el contrario, se relaciona plenamente, con conversaciones inteligentes y sobre temas interesantes, lo que pasa es que cuando algunos otros son más bullangueros, ella prefiere el silencio y la concentración en sus textos y realizaciones.

El haber obtenido excepcional en sus evaluaciones en una profesión tan exigente como lo es el Periodismo, es una muestra irrefutable de que Radio Victoria ganó con Yanetsy a una excelente profesional en lo particular, y en lo general, que la prensa en Las Tunas cuenta ahora con una exponente de calidad, capaz de enfrentar con acierto los desafíos de estos tiempos. Y eso es más que suficiente para sentirse contento.




domingo, 8 de julio de 2018



No sé a ciencia cierta el porqué Enrique José Villegas se auto nombra El Perro. Ni lo sé, ni quiero preguntárselo para saldar mi duda. Prefiero mantener mi idea vaga sobre eso, porque a fin de cuentas el Ville, como le decimos amigos y colegas es una de las mejores personas que he conocido en mis años por este convulso mundo.

Recuerdo cuando yo trabajaba en el diario 26, en la calle Colón 157, justamente donde se encuentra hoy la emisora provincial Radio Victoria, que para aquel entonces (años 80 del pasado siglo), estaba en la calle Francisco Varona, frente a la emblemática Plaza Martiana.

En el periódico teníamos un comedor donde se vendían suculentas meriendas, y el Ville y sus colegas, que no tenían la posibilidad en su emisora, todos los días llegaban hasta 26 para saciar sus ansias de comer, y entonces él, gordo, comilón y paradigmático, se paraba en la puerta de la cafetería y decía: “¡llegamos a la abundancia!”, y engullía de todo lo que había, que no era poco, incluida una decena de bolas de helado de chocolate.

Ese es el primer recuerdo que tengo del Ville, aunque por supuesto, con la certeza de que era uno de los mejores reporteros de Radio Victoria, siempre con el criterio en el disparador, para analizar cualquier problema que afectara al pueblo, una práctica que ha cumplido rigurosamente hasta hoy, en su posición de redactor a cargo, entre otras muchas tareas, de las quejas de la población.

Ya cuando llegué de novato a la radio, en los primeros años de la década del 90, me acerqué a él y a Oscarito Herrera para evacuar mis dudas, darles mis textos para que los corrigieran y pedirles consejos constantemente con el objetivo de adentrarme en tierra firme en el fascinante y difícil mundo de ese medio de comunicación masiva, que te atrapa una vez que llegas a él.

El Ville para todos y El Perro para él mismo, es un tipo carismático, aunque mi colega Ada Cristina Higuera Tur, directora del noticiero Impacto, del cual Villegas es el redactor, dice que es un mal necesario, por la sencilla razón de que siempre está buscándole las cuatro patas al gato, protestando, peleando, ocupado hasta del más mínimo detalle del Departamento Informativo, claro, para que se pueda trabajar mejor; pero aun en esas ocupaciones, está al tanto de lo que le hace falta a Ada desde el punto de vista personal, le busca agua y cualquier cosa que necesite para que se sienta feliz frente a su guión del noticiero.

Villegas y yo siempre hemos sido amigos, aunque constantemente estamos discutiendo por problemas de trabajo, aunque me haya bloqueado de su perfil de twitter para que no sepa nada de él en esa red social -«porque me echa palante con los jefes»-, aunque esté en desacuerdo con algunos de mis planteamientos, a los que él considera absolutos, porque «yo me creo el dueño de la verdad». Y ya cuando la discusión no tiene arreglo me espeta a la cara: «ganaste, yo no discuto con las niñas».

En materia profesional, el Ville es uno de los mejores periodistas que he conocido en mi bregar por esta profesión. Obsesivo con un tema determinado, atento siempre a lo que anda mal y afecta a la sociedad, incisivo en el manejo de las yuxtaposiciones, exquisito en la búsqueda y ubicación de las informaciones de mediana y alta intensidad para captar la atención del oyente, líder de opinión en la red social Twitter, maestro en lo que a un noticiero se refiere (él fue el creador de Impacto, «como un disparo», según su criterio), él es uno de los imprescindibles en cualquier redacción radial porque rinde por cinco, tanto en lo profesional como en lo personal.

De ahí que sus colegas todos estuvimos en vilo cuando hace ya algunos años fue operado del corazón en La Habana, y todos nos alegramos el día de su regreso triunfal porque no ha cambiado en nada su ritmo de trabajo y en su forma de ser, y en verdad su tratamiento de por vida solo lo molesta cuando ve algo de comer que él no puede ingerir por prescripción médica, y entre lastimoso y gracioso huele y dice: «qué rico», y se aleja a toda prisa de lo prohibido.

Por ser tan quisquilloso, a cualquier hora y cualquier día (incluyendo los domingos) el Ville llama a los jefes por teléfono a su casa porque algo anda mal en la Redacción. Y entonces el clamor es generalizado entre los directivos: «¿Y Villegas no piensa jubilarse?».

Mas, en el fondo, ellos y todos sabemos que el día que eso suceda quedará un vacío muy difícil de llenar en la Redacción informativa, porque redactores-reporteros como él no abundan al doblar de la esquina, por su experiencia, sus conocimientos, sus deseos continuos de que todo salga bien, por sus ansias de perfeccionamiento y, sobre todo, por su altruismo sin límites y su preocupación constante por los demás.

Nota: Villegas falleció hoy 8 de julio de 2018. La noticia me estremeció aunque era esperada, pero yo guardaba la esperanza de que saliera de este mal momento y viviera por unos años más. Pero no, era cierta y escalofriante. 
Hace solo unas horas fui a verlo en una cama de terapia intermedia del hospital Ernesto Guevara, de la ciudad de Las Tunas, y lo primero que me dijo fue a manera de sentencia: «Todos son unos pajarones, no me dieron la ADSL», en referencia a las líneas dedicadas para Internet. Mas, como ahora no estoy en condiciones de escribir, pongo a consideración de los usuarios una crónica que le hice hace unos años al Ville, publicada en Ecotunero, el sitio de los periodistas de Las Tunas, como mi sencillo homenaje al amigo que se va, porque creo que en ella retrato un poco a esa personalidad que nunca olvidaremos familiares, amigos y colegas.


viernes, 26 de mayo de 2017

Ubiquel y Lily, amor eterno.
Hoy es un día triste en la historia de mi vida. Todos los 26 de mayo, desde 1989 son días vacíos por la pérdida irreparable de un amigo-hermano, de quien nos hemos perdido su presencia, su alegría, su optimismo y todo lo bueno que él representaba.

Ubiquel Arévalo Morales dejó de existir físicamente ese día, y desde entonces su esposa, sus hijos, su familia y sus amigos lo lloramos y lo añoramos, y será así por siempre, hasta el fin de los tiempos.

La despiadada muerte lo privó de la vida, de su juventud de 32 años, de sus ganas de hacer, de amar, de vivir. Le quitó sus sueños y sus esperanzas, no dejó que viera crecer a sus hijos, que siguiera amando a Lily, que siguiera creciendo como humano y profesional.

Pero, por suerte -si es que se le puede llamar así- él se inmortalizó en todos los que lo conocimos y siempre será así, porque Ubi es de los imprescindibles, de los que siempre están.

martes, 28 de febrero de 2017

La tarde estaba alegre por la propia alegría de Caracas, de mi Canal, cuando la noticia me ha llegado como una bofetada en pleno rostro: murió Nelson Marrero, mi gremio le dijo adiós, y la noticia me invadió hasta lo más profundo, quizás mucho más de lo que uno piensa cuando de por vida comparte la profesión y los días con un colega.

Nelson fue uno de mis primeros guías en mi vida laboral, cuando juntos fundamos el periódico 26, de la provincia de Las Tunas; yo todo un muchacho inmaduro e inexperto en cuestiones laborales, un pichón de periodista; él todo un hombre maduro y ya todo un periodista.

Y así pasamos muchos años juntos en el periódico 26, trabajando fuertemente, oyendo sus descargas, sus pleitos por hacer las cosas mejores, sus encabronamientos porque el 95 por ciento de los profesionales de 26 éramos veinteañeros y él ya un cuarentón, por lo que teníamos formas diferentes de ver la vida.

Así hasta que un día me fui para Radio Victoria y tiempo después él se jubiló, pero no dejó de trabajar ni un instante, con aquella fuerza que lo caracterizaba, con aquel entusiasmo de muchacho que siempre llevó consigo, y gozábamos con él en cualquier reunión del gremio, y Juan Morales, Julio César y yo le buscábamos la lengua y se la encontrábamos.

Ya era emblemática la frase que me decía cuando yo miraba al grupo y preguntaba apuntándolo: ¿Y este qué hace aquí? Entonces, miraba a su alrededor como para que todos lo escucharan y me soltaba a rajatablas: "¡Lo que me salga de los cojones!", y la risa era un aplauso y después comenzábamos a hablar en serio, de sus planes a pesar de sus más de 80 años, de la vida, de la gente.

Y ahora se ha ido, irremediablemente, y yo tan lejos para no poder despedirlo. Pero él sabe bien que lo quería tanto como él me quería a mí, que cada jodedera la disfrutábamos porque sabía que era de cariño. Y por eso me duele tanto, así de sencillo.

Nelson estará siempre entre nosotros, y le echaremos de menos en nuestras reuniones y en nuestras fiestas. Y extrañaremos su emblemática frase, y nos reiremos a su nombre, porque más que tristeza siempre inspiró alegría. Y no digo más, no vaya a ser que me salga otra vez con su paradigmática e histórica frase para mandarme a callar.




martes, 10 de enero de 2017

Hoy me he encontrado esta foto en FB que me llena de satisfacción y alegría, porque me remonta a los años cuando comencé en el Periodismo, allá por los años 80 del pasado siglo.

En la imagen tres profesionales paradigmáticos que se desempeñaban en Radio Victoria, emisora provincial de Las Tunas, al oriente de Cuba, en tiempos en que yo trabajaba en el periódico 26 de esa misma provincia. Ellos son, de izquierda a derecha Mary Espinosa, Ana Ibis González Fonseca y Luis Rodolfo Serra.

Mary fue una de las grandes realizadoras de la radio en Las Tunas, multipremiada en cuanto concurso se desarrollaba en el medio, por muchos años directora de la revista Hablemos de, a la que cada día le ponía alma, corazón y vida por años y hoy sigue haciendo radio y literatura por Miami.

Ana Ibis es también otra de las grandes realizadoras, directora de programas, guionista y locutora de la radio y la televisión, y se mantiene en Radio Victoria, con su sello de calidad a cuestas y alegrándole la vida al oyente.

Y Serra ya está jubilado, no por edad sino por años de labor. Fue durante muchos años una de las voces emblemáticas de la locución en Las Tunas, compañero de batería de Mary en Hablemos de como conductor, y uno de los titulares del noticiero estelar Impacto, con el cual muchas veces compartí labores en ese espacio, cuando yo lo dirigía en determinadas emisiones. 

Después se fue a vivir a la capital del país y se instaló en Radio Rebelde, y fue titular entre otros espacios del Noticiero Nacional de Radio.

Por ello, sirvan estas sencillas líneas para rendirle mi modeso homenaje a estos tres buenos amigos, a estos tres imprescindibles profesionales.






lunes, 11 de julio de 2016

Cómo me duele el adiós de Pepe Lobón, amigo y compañero de tantos años.
Cómo duele una noticia como esta, mucho más cuando se está tan lejos de nuestra tierra.


Lobón fue un paradigma en todos los sentidos. Y no porque haya muerto ahora es mejor, como suele ser a veces. En este caso, Pepe traspasó todas las fronteras de la bondad y el altruismo, y por eso en vida siempre que llegaba a una reunión del gremio enseguida se convertía en el centro de atención de todos, porque sus ocurrencias y sus burlas sanas para uno, otro y otra, siempre le daban ese toque de distinción para hacer el día con alguien que no fuera él. Fuera de él, cualquiera, y solo había que buscarle la lengua.

Por eso sé que en su velorio, los amigos llorarán y reirán. Llorarán por el amigo que se va, y reirán por sus ocurrencias, porque no creerán que esté inerte, metido en un cajón que lo aleja de su existencia.

Estoy seguro: con Pepe Lobón se le va un pedazo de vida al periodismo de Las Tunas y Cuba toda. Me uno al dolor de nuestro gremio.


sábado, 23 de abril de 2016

Dicen que desde pequeña sentía gran atracción por las letras, y cuando matriculó periodismo en la Universidad de Oriente se sintió feliz, porque comenzaba a materializar una de sus grandes pasiones.

Y así pasó el tiempo y un buen día Anybis se graduó y la prensa en Las Tunas ganó a una de sus mejores exponentes.

Trabajó en la radio e hizo historia, después se fue a la televisión en la que también ha hecho historia, y hoy se cuenta como una de las mejores periodistas realizadores del medio.

Hoy Anybis se mueve entre la documentalística, el periodismo diario y la realización, un poco más pausada. Ella es una mujer de fina sensibilidad artística que va dejando un rastro de buenas obras a su paso por el audiovisual de Las Tunas, y su nombre es obligatorio ya a la hora de hacer un recuento en esas áreas del arte radial y televisivo de esta provincia.

Y por todo ello siempre aumenta su grandeza, aunque ella no lo reconozca y prefiera que no se hable de ello, porque prefiere trabajar detrás de las cámaras, todo el tiempo en busca de la idea que la haga feliz, pero sobre todo que haga felices a la audiencia.


sábado, 27 de febrero de 2016

Dicen que cuando pequeño se paraba largos ratos frente al mar para comprender sus secretos, y en los pocos años de estatura soñaba con luces y azules, y gaviotas blancas redondeando lo que después supo era el encuadre de la cámara fotográfica.

Sus estudios fueron como los de cualquier niño de una ciudad portuaria, y un día llegó al Instituto Superior Técnico de Holguín Oscar Lucero Moya, para egresar cinco años después con el título de ingeniero mecámico.

No obstante, en todos esos años las imágenes lo sorprendían y lo llenaban de curiosidad, y un día se enteró de una convocatoria para camarógrafo de televisión y vio llegar la gran oportunidad de su vida, y se diplomó en Periodismo, y llegó al arte como los grandes, y las cámaras comenzaron a respetarlo, porque sabían de su maestría y destreza para sacar imágenes muchas veces sorprendentes.

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba, en el año 2003 alcanzó el primer nivel de la especialidad de camarografía. Ha obtenido varios reconocimientos, premios, condecoraciones, medallas y menciones como Director de Fotografía, lo que ha posibilitado su membresía en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

Ha realizado obras audiovisuales en las Repúblicas de Haití y Venezuela. Actualmente funge como Artista Independiente de la filial de Cine, Radio y Televisión de la Uneac en la provincia de Las Tunas y su lente siempre anda con él como para no olvidar que es su gran herramienta, esa que saca a la luz los planos, encuadres y composiciones más sorprendentes, siempre con el ansia de la primera vez. 


sábado, 14 de febrero de 2015

He recibido con agrado la noticia de la mención de Itsván Ojeda en el Premio Anual de Periodismo Juan Gualberto Gómez, porque nuevamente un joven de mi provincia –Las Tunas- demuestra que en esta profesión, la mejor del mundo, al decir del Gabo, los de menos edad marcan la diferencia, y de cierta forma el camino hacia el futuro, que es completamente de ellos.

Cubaizquierda, el blog de Itsván, fue reconocido en el apartado de Periodismo Hipermedia, y no por gusto ni por simpatía, sino como merecido reconocimiento a una plataforma personal de análisis sobre hechos que pasan dentro y fuera de Cuba, como un estilo que Itsván hizo suyo desde que era un estudiante en la Universidad de Oriente.

Este joven tiene alma de bloguero. Pero no de bloguero común, de esos que a veces tardan días para lograr una nueva entrada. Itsván es de los furibundos, de los que siempre tiene un tema en mente para llevarlo a su espacio personal, y eso lo hace ser un bloguero sobresaliente dentro del escabroso mundo de las bitácoras personales, y siempre con temas de interés y actualidad sobre Cuba –su Cuba- y otros hechos cercanos y a veces hasta lejano, geográficamente hablando.

Ya el pasado año tuve la suerte de ser parte del jurado que le dio el lauro al  blog de Itsván en el Concurso provincial de Periodismo Ubiquel Arévalo Morales, de la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia de Las Tunas. Y veo con agrado que no nos equivocamos, porque sin dudas, alcanzar una mención en el Premio Juan Gualberto Gómez, es un alto reconocimiento al trabajo de un año.

Yo, que también soy un bloguero furibundo, me siento feliz al saber que mi provincia, y Cuba toda, puede contar con un joven como él, inquieto, audaz, agudo en sus análisis, siempre en la defensa de nuestra nación, de nuestro proyecto revolucionario, porque como él bien dice en la presentación de su espacio personal y al decir de Silvio Rodríguez en una de sus emblemáticas canciones, “si opinar no es un derecho, seguro será un izquierdo”, y él nació para opinar.


sábado, 25 de octubre de 2014



Oscar Leandro Góngora Jorge era el jefe del equipo político-ideológico en el diario 26 cuando yo iniciaba mi vida como redactor-reportero que atendía los temas de la educación y la juventud, y fue literalmente el primer maestro que tuve en el Periodismo, porque además de mi jefe, acopiaba toda su paciencia para tratar de armar aquellos lead de las informaciones que le entregaba, muchas de las cuales iban a parar a un cesto de basura que tenía al lado de su puesto de trabajo.

En aquellos inicios, me era extremadamente difícil construir un lead y responder las preguntas clásicas, y todos los días hacía ejercicios mentales para determinar cuáles eran los datos más importantes para comenzar mis textos, y era decepcionante cada vez que Góngora me rayaba con su afilado bolígrafo mis líneas de novato verde.

sábado, 20 de septiembre de 2014



Darletis, a la derecha.
Cada día me convenzo más de que la juventud es arrasadora por su fuerza y su ímpetu en todos los campos del desarrollo.

En el Periodismo, es así desde hace algunos años, y los profesionales de ahora en mi provincia, Las Tunas, en el oriente de Cuba, son mucho mejores que los que nos formamos en años anteriores.

martes, 16 de septiembre de 2014



Cuando un grupo de jóvenes periodistas y realizadores de Radio Victoria apostaron por un espacio informativo que acompañara a los tuneros con los primeros gritos de la aurora, quizás no pensaron que Hablemos de, el nombre de la revista, se mantuviera en la preferencia de los oyentes más de 30 años después.

El nombre de Hablemos de suponía hablar de todo, de esto y de lo otro, porque la información es más rica como la vida, y la vida moderna sin la radio es pobre, pues levantarse con las noticias contadas con intensidad e intención, es un agradecimiento a esos hombres y mujeres que cada día madrugan para que uno esté bien informado.

domingo, 17 de agosto de 2014



A Mandy Fernández Salazar lo conocí cuando era un niño y corría de un lado para otro por los pasillos de Radio Victoria, detrás de su madre, Marthica.

Siempre fue un niño vivaz e inteligente, y no pocos le vaticinaron su vida en la radio, porque no solo se dedicaba a andar detrás de su progenitora, sino que se metía en los estudios y se quedaba tranquilo mirando todo el proceso productivo de la radio, aunque quizás comprendiera poco, pero sin dudas comprendía.

sábado, 9 de agosto de 2014



No son pocos los que dicen que Raúl Martes González debía apellidarse mejor miércoles, por aquello de que es un tipo atravesado al medio ante las cosas que no entiende.

Boquiduro, contestatario, irreverente, y al mismo tiempo sensible, humano y respetuoso cuando lo debe ser, lo cierto es que Martes es uno de los más emblemáticos periodistas de la provincia de Las Tunas, y siempre que habla de algo hay que escucharlo con atención, porque cuando no está en lo cierto está muy cerca, casi pegadito.

Hombre sabio en el Periodismo y en la vida, Martes tiene hoy tanta fuerza en la mente como cuando comenzó en los avatares de la radio, aunque ya esté jubilado desde hace muy poco tiempo, que no quiere decir retirado, porque su sabiduría hay que aprovecharla para hacer un buen reportaje, un buen comentario, un buen programa o una buena locución, así de sencillo, y porque él tampoco puede prescindir de su emisora Radio Libertad, en Puerto Padre, esa que lo vio crecer y que él también ayudó a que fuera mejor.

jueves, 17 de abril de 2014



Nunca tuve la suerte de ver en persona a Gabriel García Márquez, aunque siempre he sentido tenerlo muy cerca. Y desde que comencé en el Periodismo, fue mi paradigma y recuerdo que en el periódico 26, donde inicié en el mejor oficio del mundo, como una vez dijo, quería parecerme a él en aquellas crónicas de domingo que incluía en la página dos del diario.

Después comencé a leer cada una de sus obras, y me encontré Cien años de soledad, y recuerdo que de vez en vez me perdía con tantos personajes y volvía atrás, para precisar un nombre, un hecho.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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