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lunes, 17 de mayo de 2021

 


A Luis Sexto lo conozco desde que comencé en el periodismo, allá por los años 80 del pasado siglo. En aquel entonces, aunque nunca lo había visto personalmente, me llamaba la atención la brillantez de su escritura, y la forma en que llevaba al lector hasta donde él quería, pero había algo que me disgustaba en sus textos, a lo cual nunca le encontré explicación.

La explicación quizás estaba en que en mis comienzos lo encontraba demasiado brillante al compararlo conmigo, o en que mostraba cierto aire de vanidad cuando escribía, o en que creía que se las sabía todas en la profesión, o...

Sabía por quienes lo conocían de cerca y por los más viejos colegas, que era uno de los periodistas más querido y odiado al mismo tiempo, lo que le daba cierto aire de misticismo, porque como dice mi amigo Machado Conte, lo importante es que de uno hablen, mal o bien, pero que hablen, porque la indiferencia es decepcionante.

Así pasó el tiempo, y un día cualquiera de 2003, cuando cursaba un Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Sexto era el profesor de Periodismo literario, y como yo andaba con mis prejuicios infundados y de causas desconocidas, pues no miraba bien a aquel hombrecito de tamaño, que hablaba demasiado bien del tema, y en una fría mañana, aproveché un análisis suyo sobre un reportaje de una colega dominicana en el que se evaluaba la narración para mostrarle mi desacuerdo con su análisis, un poco porque en verdad no compartía su criterio y un poco para encarar su probado talento dentro del gremio.

Sé, (por lo menos es lo que percibí) que a él no le cayó muy bien aquella discusión profesional, y a partir de ahí nuestro trato era distanciado -en mi apreciación, claro- durante toda la semana que duró su curso. Mas a mí lo que más me importaba era haber rebatido la opinión a uno de los grandes del periodismo, lo cual después consideré como una chiquillada llena de superficialidad.

Después, otro día cualquiera Sexto vino a la ciudad de Las Tunas, a presentar un texto que acababa de escribir, y lo entrevisté para un programa radial que hago los domingos, y cuyo título es Atrapando Espacios, y cuando terminé, pasé de forma irremediable al bando de los que lo quieren, porque me di cuenta en poco más de 30 minutos de conversación, de que en verdad estaba en presencia de uno de los grandes de las letras cubanas.

Y después, cuando ganó en buena y difícil competencia el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de toda la vida, pues me sentí reconfortado, feliz y satisfecho por esa justicia y me uno a quienes se inclinan ante este monarca de las letras, al que hoy cuento entre mis amigos.


sábado, 19 de mayo de 2018

A la doctora Mónica Leyva no la conocía como a ninguno de los más de 100 pasajeros y tripulantes que perdieron la vida en el siniestro del avión en las cercanías del aeropuerto José Martí, de La Habana. Tampoco a su pequeña y linda hija Alexia.

Solo sé que Mónica era médica y hay muchas versiones sobre su viaje, aunque al final eso no es importante, porque lo cierto es que murió, imagino abrazada a su pequeña, para tratar de protegerla.

Tampoco hace falta conocer a ninguno para sentir un dolor profundo, una tristeza que te cala hasta los huesos por cada una de las vidas segadas por el absurdo. Y no soy el único. Millones de cubanos lloran hoy las vidas que se apagaron, incluso, muchas personas de buena voluntad del mundo se unen a nuestro dolor en un momento terrible, que prueba a la gente en lo que a altruismo se refiere. 

Mónica y su hija ya no están físicamente. Solo sus imágenes recorren las redes sociales para entristecer más a quienes las observan, bellas, felices, dueñas del mundo que ahora les acaba de dar la espalda porque las casualidades existen, pero sus rostros no serán olvidados jamás por quienes las conocieron por fotos en tan terribles circunstancias.


domingo, 10 de septiembre de 2017

Esta es una imagen de facebook que a mí me da la idea de cómo somos los cubanos (y eso nadie no los puede quitar porque está en la sangre) ante los diferentes momentos de la vida. Cuando la miré a primera vista me ratificó esa convicción y créanme que comencé a asombrarme al leer la mayoría de los comentarios y como no me conformo con haber dado mi opinión en esa red, prefiero personificarlo en mi blog, que es mi espacio personal.

Creo que a algunos se les ha ido la mano y hasta con ofensas. Cada quien tiene el derecho de actuar de la forma que quiera en situaciones determinadas y pueden ser actitudes criticables siempre que haya una razón de peso. Pero en este caso, ¿cuál es el delito? Es una actitud, quizás diferente pero una actitud.

El fotorreportero tilda la situación de «increíble», otra no escribe porque se le puede ir la mano y ofender, otro los tilda de estúpidos, otro que hay que meterlos presos; otro «descaraditis exhibicionista» y hasta una acusación por dinero mal habido; «pérdidas de valores, decadencia, indignación». ¿Será posible?

Solo Ernesto Agustín Vera González es atinado en su opinión porque en verdad así somos los cubanos y todos no podemos actuar mecánicamente, como si fuésemos robot, que por cierto mucho daño le ha hecho a nuestro país.

¿No decía el ilustre Benito Juárez que el respeto al derecho ajeno es la paz? Yo solo me guío por la foto y a mí lo que me parece es gracioso, y si se reflexiona ¿alguien sabe lo que les ha pasado a esos que juegan dominó? A lo mejor tienen más problemas en sus casas por «Irma» que todos los criticones juntos, y han buscado esa vía de escape para aliviar tensiones.

En fin, creo que ofender por ofender sí es una actitud incompatible con las normas de conducta y decencia. Si quieren jugar dominó debajo del aguacero, pues que jueguen, eso a la verdad, a nadie le importa. Y no digo más, para que me critiquen también.


lunes, 2 de enero de 2017

Hazeem.
Dicen en mi país (Cuba, por supuesto), que hijo de gato casa ratones, y traigo a colación este dicho popular para hacer un símil con Hazeem, el hijo querido de mi hermano Ahmed Velázquez, es decir, también mi sobrino querido, porque el jovencito es de armas tomar en eso del manejo del lente, y sin lugar a dudas heredó los genes de su padre, que era un artista en eso de captar el Instante decisivo, un concepto del fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson.

Porque Ahmed era heredero de las ideas y los conceptos de Cartier-Bresson, a quien calificaron como el padre de la fotografía de calle, del Fotoperiodismo, del cual Ahmed también era un maestro, salvando las distancias y la diferencia de edades.

Pues Hazeem, aquel chiquitín que creció entre rollos fotográficos y cámaras analógicas primero y digitales después, entre las inigualables imágenes de su padre, se ha convertido, para bien y para felicidad de quienes amamos a esa familia, en un astista del lente, en ciernes claro, que sigue las huellas de su padre.

Alguna vez en nuestro primer encuentro ya de grande, porque lo dejé de ver de chico unos años después de la muerte de su padre, me habló del trabajo que hacía en la música y de su pasión por la fotografía, pero no tenía conciencia de la calidad de sus imágenes hasta que vi estas que compartió en su muro de FB, y que me han dejado asombrado por el dominio de la luz, el encuadre, los ángulos y la composición, casi nada, de los principios de la fotografía.

Por eso se me antoja multiplicar su trabajo y reconocerlo públicamente desde mi modesta posición familiar y profesional, pues también lo soy del lente.

Así que enhorabuena, mi sobrino querido. Tu padre te mira orgulloso y se regocija con tu trabajo.

















jueves, 29 de diciembre de 2016


Nunca había visto fotos del entierro de mi hermano Admed Velázquez aquel fatídico 29 de diciembre de 2004. No tenía conciencia de la manifestación de duelo que produjo su muerte en el gremio periodístico y la cantidad de colegas y personas todas que lo acompañaron en la despedida.

Hoy, cuando veo esas fotos me niego a creer que estaba encerrado en ese cajón vulgar y despiadado, y he llorado como lo hice aquel 29 de diciembre cuando supe la noticia y hablé por teléfono con Sandra Teresita, su eterna compañera.

Pero aun así, cuando he visto el sepelio, me sigo negando a creer que mi amigo esté muerto, y a cada rato me sorprendo con él en el África subsahariana, recorriendo de punta a cabo a Ghana, en París o en Londres, en La Habana.

Ahmed es de los que no mueren jamás, porque mientras las personas no se olvidan no mueren. Y Ahmed está vivo en el pensamiento, en el corazón y en el alma de mucha gente, porque es de esos que una vez que se conocen no se pueden dejar de querer, hasta el fin de los tiempos.

Prefiero y lo sigo viendo así: con Hazeem.

Prefiero y lo sigo viendo así: con su amada familia.



martes, 10 de mayo de 2016


La pasión por los niños de Lesbia de la Fe Dotres quizás responde a su formación en familia, aunque ella confirma que desde que tiene uso de razón tuvo esa inclinación, reafirmada posteriormente por la labor de Vilma Espín por el desarrollo de los círculos infantiles en Cuba.

Con su proyecto Abracadabra que vincula a los círculos infantiles de esta ciudad de Las Tunas, ella es como una hacedora de amaneceres, formadora de conductas y buenas actitudes, porque son cosas que lleva dentro, siempre atenta a cada detalle de los pequeños.

Su literatura también es dedicada a los niños, fundamentalmente, así como buena parte de sus narraciones orales, y goza plenamente cuando se ve reflejada en los pequeños, que le dicen tía, corren hacia ella, la abrazan y la besan.

Y siempre ha sido así. Desde que era pequeña los niños la fascinaban y la pasión se acentuó cuando nació su hijo Sergín, y además de sus intensas labores por la cultura, primero en La Habana y luego en Las Tunas, los niños han sido una constante en su agitada vida.

De ahí el amor que le profesan a esta mujer de pamela y buen vestir, siempre distinguida, que camina por las calles de su ciudad a la sombra de su pueblo, capaz de plasmar en la literatura bellas historias infantiles, llenas de amor y enseñanza, de presente y futuro.

Por ello no se puede ver separada de la infancia, y cada día le da riendas sueltas a la niña que lleva dentro, parabién de su vida y la de los demás.






lunes, 21 de diciembre de 2015

Acabo de regresar de La Habana de todos los cubanos, la emblemática capital de la Mayor de las Antillas, con su carga de alegría y entusiasmo, de los contrastes que la hacen bella a los ojos de visitantes y moradores, donde por estos días el frío quiere desplazar al intenso calor de un diciembre sofocante.

Otra breve estancia en la bella ciudad cubana es motivo de alegría por encontrar a la capital con sus desafueros por esa vida rápida que imponen las grandes urbes, la gente riendo feliz y buscando una buena película después del Festival de Cine Latinoamericano; otros en Coppelia, algunos por sus barrios, otros en sus centros laborales o de estudio; pero todos, o para decirlo mejor, la inmensa mayoría, en busca de este país apacible, hermoso, lindo, que cada mañana incita a encontrar el mundo mejor por el que luchamos cada día.

Anda feliz La Habana, esa que ahora se moja a intervalo por los frentes fríos que no traen bajas temperaturas, solo agua, aunque esa lluvia de momento, como por tramos, no es capaz de apagarla ni detener la vida agitada de la capital, que sigue rauda y segura hacia el futuro, ya casi despidiendo el 2015, para entrar en una nueva etapa de metas y entusiasmo en esa Habana mezclada de toda Cuba, por donde caminan varias generaciones de todo el país, porque aunque algunos se empeñen en negarlo, La Habana sigue siendo de todos los cubanos.


domingo, 20 de diciembre de 2015

Esta es una foto que publiqué hace un año en Facebook.

Es una bella muchacha que sorprendí en plena comunicación telefónica, en la ciudad de Las Tunas, capital de la provincia de igual nombre, a unos 700 kilómetros al este de La Habana, donde nací y vivo plenamente.

Nunca supe quién es ni como se llama, y ni siquiera la he visto otra vez.
Fue una mañana de domingo, si mal no recuerdo, cuando pasaba a una distancia de unos 20 metros y la vi en el teléfono público que está en una esquina.

Su figura me llamó la atención no solo por su belleza física, sino por la pose descansada durante una conversación que parecía ser muy grata, y de lo demás se encargó el zoom de mi cámara Nikon.

Un tiempo después, esta imagen formó parte de una exposición personal bajo el título Mujeres al pasar, que recoge las más diversas figuras femeninas sorprendidas en la cotidianeidad de la vida diaria.

Gracias a FB por recordarme esta publicación.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Llovía a cántaros en los campos de La Habana, capital de Cuba, y en el medio del monte un joven, aterrado por la tormenta eléctrica, encontró una cueva en la que se guareció del mal tiempo.

Era una cueva pequeña y aun con la tarde gris podía ver parte de aquella caverna que nunca había visto, aun cuando se conocía al detalle cada palmo del lugar.

Como joven intruso y con todo el tiempo del mundo en espera de que cesara la lluvia, se puso a husmear por la gruta, y encontró una bella montura encima de un caballete, y aunque no le gustaba tocar lo desconocido, fue tanta la tentación que al tocarla se hizo polvo delante de sus ojos.

Y entonces vienen las leyendas, y muchos aseguran que ocurrió porque la montura era demasiado vieja y estaba desecha por el tiempo, pero los más viejos aseguraron que hay objetos que no pueden tomarse porque tienen dueño.

Recuerdo que mi abuelo materno Guanche, mi segundo padre y formador en buena medida de mi carácter, me hablaba cuando pequeño de las leyendas sobre objetos desconocidos, y un día mi padre me contó la historia de alguien conocido por él que en un sueño le dijo el lugar exacto de una botija llena de monedas de oro, y cuando fue al lugar y tomó el envase se desvaneció como mismo hizo la montura de la historia.

De las botijas llenas de monedas de oro dice la leyenda que siempre son portadoras de las desgracias, y todos los que han tratado de tomarlas han quedado en el intento o cuando menos algo malo pasa en su familia.

En tiempos de mi abuelo y de mi padre, las boticas, que eran recipientes de barro, redondas, de cuello corto y estrecho, por el que no cabía una moneda, eran usadas para guardar dinero, porque los inmigrantes hacían una huaca, escondían las monedas, que en tiempo de antaño eran de oro, para que no se las robaran y algún día regresar y recogerlas para volver a sus países de origen.

Y era como una sentencia que bajo ningún concepto se podía aceptar una botija ofrecida por un muerto o encontrada en una huaca, porque dicen los más viejos que si en un sueño alguien que usted no conoce o sabe que está muerto le dice donde está escondida una botija, mejor que se olvide del incidente, no se le vaya ocurrir buscarla botija y mucho menos decirle nada a nadie, porque eso es de muy mala suerte. 

domingo, 7 de junio de 2015

Amelia Goyri de la Hoz era una dama de alta alcurnia que vivía en La Habana, sobrina preferida del conde de Balboa, y se le atribuyen poderes sobrenaturales desde su muerte de parto el 3 de mayo 1901.

Cuenta la leyenda que Amelia muere víctima de un ataque de eclampsia en el transcurso de su primer parto, a la tierna edad de 24 años y fue sepultada con su niña entre las piernas, según la costumbre española de la época, en que se les daba sepultura de esa forma a las madres fallecidas durante el alumbramiento.

A partir de entonces, José Vicente, su esposo, sufre un desajuste mental y vestido de negro comienza a visitar hasta dos veces al día la tumba, para conversar con Amelia, a quien no creía fallecida.

Así pasaba largas horas, y convirtió en un rito el hacer sonar una de las cuatro argollas de la tapa del panteón, mientras susurraba: despierta mi Amelia, y hablaba con ella un largo rato. Cuando abandonaba el lugar, se ponía el sombrero sobre el pecho y caminaba hacia atrás, alejándose lentamente, cabizbajo, sin darle la espalda.

Un día, cuando muere el padre de Amelia, al destaparse la tumba para enterrarlo, Amelia está intacta y la niña se encuentra en sus brazos.
De esa forma comienza a tejerse la leyenda de Amelia, a quien nombran La Milagrosa, y la opinión popular la convierte en santa, y le atribuye poderes sobrenaturales. Su tumba comienza a recibir innumerables visitas bajo las protestas del viudo, que pide a las autoridades detenga este flujo de visitantes, pero es imposible, porque se le adjudican favores y con el cursar de los años llegan nuevos adeptos de todas partes.

No son pocos los milagros que se le atribuyen por parte del pueblo, que van desde el poder de concebir hijos hasta los buenos partos y la tumba es visitada por miles de personas que le piden deseos y la consultan con flores frescas y mensajes de agradecimiento. Los fanáticos llegan hasta el sepulcro y la saludan haciendo sonar las cuatro argollas de la tapa del panteón y acariciando su imagen esculpida en mármol.

Después, los visitantes le dan la vuelta a la tumba y van solicitando su petición, siempre cuidando no darle la espalda a la estatua mientras se recorre el reducido espacio que ocupa.

Hoy, la tumba más popular y más visitada del Cementerio de Colón, en La Habana, es la de La Milagrosa y desde hace más de un siglo al sepulcro nunca le faltan las flores ni las visitas de devotos y no son pocos los que  han pedido su canonización por parte de la Iglesia Católica.




miércoles, 25 de marzo de 2015

Gerardo y Hazeem, felices por el encuentro. (Foto: Ismael Francisco)
El encuentro con mi sobrino Hazeem, hijo de mi inolvidable hermano Ahmed Velázquez, es uno de los hechos más importantes que he experimentado en los últimos tiempos.

Sandra Teresita, su mamá, me escribió por Facebook, me dijo que Hazeem estaba en La Habana de visita y me dio un teléfono para que lo llamara. Casualmente, por la noche yo viajaba a La Habana. Lo llamé y andaba con su prima para Varadero, y marché hacia la capital.

Ya en La Habana, me llamó al celular al otro día por la mañana:

-Tío Migue, es tu sobrino Hazeem, ¿no piensas venir a verme? Y me fui al encuentro esperado por más de 10 años, porque después de la muerte de su padre, se fue con su mamá a vivir a Miami cuando solo tenía nueve años de edad y aunque hablábamos vía Facebook nunca más nos habíamos visto personalmente.

Junto a Ismael Francisco, Adriana, Gema y Gerardo.
Confieso que nunca pensé que Hazeem fuera un joven tan correcto, educado, formal y con tanta madurez para sus apenas 19 años. Con barba a lo medieval es la misma estampa de su padre, la misma cara, la misma risa, la misma forma de proyectarse y con los genes del padre a la hora de ver la vida, salvando la distancia de edades.

-Háblame de mi padre, de África- me dijo y comenzó a preguntarme por pasajes de su papá en Ghana, donde trabajamos juntos en 2001, dándole cobertura a la labor de los médicos cubanos en el olvidado continente, y hablamos mucho, mucho no solo de Ahmed, sino de su vida, de sus planes, de sus estudios en la Universidad, de su trabajo en una tienda de audífonos y como productor de música en un grupo que va dando muestras de calidad en ese difícil mundo; de su amor por Cuba, que lo atrae sin remedio…

Con la bella Gema. (Foto: Ismael Francisco).
Y a medida que hablábamos y compartíamos ideas, me parecía que tenía a Ahmed delante de mí, con su peculiar forma de ver la vida, y mi orgullo crecía y crecía, porque sentía cómo pagaba una especie de deuda con mi hermano fallecido, pero sobre todo con la vida, porque aunque Hazeem viva en los Estados Unidos siempre he estado cerca de él, tanto por su mamá Sandra Teresita como por él mismo, y siempre que ve una foto de África que publico en Facebook me pregunta que si es de su papá, y siento orgullo cada vez que le respondo afirmativamente.

Hazeem sacó lo mejor de los genes de su papá y de su mamá, pero sobre todo de sus enseñanzas, de todo lo que su padre hablaba con él en la casa o cuando siendo muy pequeño se lo llevaba para sus aventuras de trabajo, en la Ciénaga de Zapata o en cualquier otro lugar intrincado del país, y por supuesto, de la esmerada educación que le ha brindado todos estos años su progenitora, para hacerlo un joven de bien.

También me habló con mucho cariño de Monchy Gattorno, el esposo de su mamá, quien según sus palabras ha sido especial con él y lo ha tratado como un verdadero hijo, de las locuras de su hermano Luisi con su pequeña y preciosa hija, de la vida, la gente, las cosas, y fueron unas dos horas hablando y hablando y viviendo momentos inolvidables.

Después tuvo que llegar la despedida porque él tenía muchas cosas que hacer en el poco tiempo que andaba por acá y yo debía asistir a una reunión, y aunque quedamos de vernos otra vez nos resultó imposible por sus compromisos y por los míos.

Ya por la noche antes del día de mi regreso, lo llamé y por fin lo encontré en casa de su tía Gisela, y estaba eufórico porque había estado en la casa de Gerardo Hernández Nordelo, quien desde su encierro fue muy amigo de Ahmed, y desbordaba su alegría por aquel encuentro con un hombre extraordinario, su esposa Adriana y su pequeña Gema.

-No te preocupes, tío, que en agosto pienso volver y nos veremos- me dijo y se me hizo un nudo en la garganta por tanta dicha, porque aquel fotorreportero recalcitrante de Granma Internacional que anduvo conmigo por las selvas africanas, dejó una semilla en esta tierra, como una muestra de la impronta de su corta vida, y para demostrar que de los grandes padres siempre nacen grandes hijos.



domingo, 22 de marzo de 2015

Juan Manuel, ya enfermo, junto a su hija Lisandra, en Chile.
Acabo de llegar a Las Tunas procedente de La Habana, con el dolor de no poder despedir a un amigo que se fue, aun cuando hace más de un mes que anunciaba su partida.

Juan Manuel Herrera Álvarez, mi amigo y compañero de la Filial de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en la provincia de Las Tunas, ha muerto sin remedio a pesar de haber contado con la atención de los profesionales de renombre, que, sin embargo, nada pudieron hacer contra el agresivo cáncer que lo dominó en apenas tres meses.

Mi amistad con Juan Manuel data de muchos años atrás, cuando trabajaba como realizador en Radio Libertad, de Puerto Padre, y yo sentía una gran admiración por su excepcional trabajo y por ser uno de los directores de programa más premiados de su tiempo.

Después vino para la ciudad de Las Tunas, y comenzó a trabajar en el telecentro TunasVisión, y se mudó para enfrente de mi casa, y comenzamos a hacer obras audiovisuales en un equipo que junto a él conformábamos Alejandro Lora y yo, que nombramos Videas JMA, y creo que hicimos época con nuestros vídeos arte y otros promocionales y documentales.

Después nosotros ingresamos a la Uneac, porque ya él era el presidente de la Filial, y durante más de 10 años trabajamos juntos por la cultura de Las Tunas y de la nación y nuestra amistad fue siempre sólida.

A finales del pasado año fue de visita a Chile, para estar con su hija Lisandra, y cuando nos veíamos en Facebook siempre jaraneábamos sobre los más diversos temas, y a principios de diciembre me confesó que desde que había llegado allá estaba enfermo, y muy amarillo, aunque no se sabía lo que tenía, y me aseguraba que en cuanto llegara a La Habana se atendería.

Y así llegó a Cuba a mediados de enero, si mal no recuerdo y enseguida fue hospitalizado para estudiarlo, pero nunca más salió del hospital, y falleció el pasado viernes y ayer sábado, los amigos, intelectuales y compañeros de trabajo de la Casa Iberoamericana de la Décima, su último centro de trabajo, le rindieron homenaje póstumo a sus cenizas en la propia institución, en una ceremonia respetuosa y amorosa por el amigo caído, y yo sintiendo no haber estado allí, junto a él y los que acudieron al lugar.

Por eso ahora, acabado de llegar de la capital del país, me he interesado por lo que pasó y me han contado algunos detalles, y escribo estas líneas como mi sencillo y querido homenaje al amigo que se fue, con tantos sueños por cumplir, con tantas metas trazadas, con tantos poemas por escribir y con tanto camino por recorrer con su grupo La Monedita del alma, cuyos niños y adolescentes que la integran sé que están sufriendo porque Juan Manuel fue como un padre para ellos.

Descansa en paz, amigo de siempre. Y nosotros, en la Filial que tú forjaste, honraremos tu memoria con cada producto de cine, televisión y radio que realicemos, porque tu ejemplo nos guiará por el profesional camino que siempre supiste recorrer con acierto y maestría.



domingo, 28 de diciembre de 2014

Recuerdo como si fuera ahora mismo aquel tiempo de 1970, cuando algunos de mis mejores amigos marchaban a La Habana para prepararse como actores de teatro guiñol en la Escuela Nacional de Teatro Infantil.

Yo era un adolescente de secundaria básica, y Roberto Mayo, mi mejor amigo de entonces, estaba en el grupo que se iba a preparar en tal empresa, junto a su hermano Raúl y Ulises Fonseca, quienes siempre andábamos juntos por ser amigos del barrio.

sábado, 20 de diciembre de 2014


A esta bella muchacha la sorprendí en plena comunicación telefónica. Fue en la ciudad de Las Tunas, capital de la provincia de igual nombre, a unos 700 kilómetros al este de La Habana. No sé quién es ni como se llama, y es una imagen que forma parte de una exposición personal que preparo, con el título de Mujeres al pasar. 

sábado, 29 de noviembre de 2014



Manuel Cofiño es un nombre obligado en las letras cubanas contemporáneas, por la huella que dejó en la literatura.

Recuerdo ahora cuando lo entrevisté como fotorreportero para el entonces diario 26, de la provincia de Las Tunas, allá por los inicios de los años 80 del pasado siglo. La redactora era Rosa Velázquez, y la entrevista se desarrolló en una de las habitaciones del hotel Santiago, donde estaba hospedado. Él sentado en la cama y Rosa y yo en dos sillas.

domingo, 29 de diciembre de 2013



Ahmed, en una de sus grandes aventuras, en los mogotes
del Valle de Viñales.
Siempre que escribo de Ahmed Velázquez no puedo evitar que una lágrima se aventure a nacer.

Ya han pasado nueve años de su partida, una vida, y me parece mentira que “El Gordo” no esté con nosotros, para regalarnos su amistad sin límites, sus inigualables fotos, su eterna compañía, aun en la lejanía.

¿Cuántas cosas hubiese logrado Ahmed en todo este tiempo? ¿Cuántas coberturas? ¿Cuántas buenas acciones? Nadie puede imaginarlo, pero seguramente serían muchos los buenos hechos protagonizados por él.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Dicen que La Habana rió a carcajadas cuando dio su primer grito al mundo, aquel memorable 21 de diciembre de 1920, en el momento justo en que la aurora anunciaba un nuevo día. Y sus padres, españoles de nacimiento, miraron con orgullo a la más pequeña de sus cuatro hijos y le dieron por nombre Alicia, como la del país de las maravillas, quizás sin pensar que la vida de su hija sería en verdad una de las maravillas de la danza mundial.

Así, sus progenitores la mimaban y gozaban de felicidad con la pequeña niña, que había llegado para alegrar sus vidas, en aquella convulsa década de los años 20 del pasado siglo, cuando la vida misma era incierta por las guerras de conquistas, de luchas por el poder, de inicios del desarrollo de la radio y el cine plantaba sus banderas para repartir la cultura de los poderosos.


sábado, 14 de diciembre de 2013



Llueve en La Habana. (ACN Foto /Tony Hernández Mena)
Acabo de regresar de La Habana de todos los cubanos, la emblemática capital de la Mayor de las Antillas, con su carga de alegría y entusiasmo, de los contrastes que la hacen bella a los ojos de visitantes y moradores, donde por estos días llueve a cántaros y unos minutos después sale el sol radiante, como para olvidarse de la lluvia.

Otra breve estancia en la bella ciudad cubana es motivo de alegría por encontrar a la capital con sus desafueros por esa vida rápida que imponen las grandes urbes, la gente riendo feliz y buscando una buena película en los días del Festival de Cine Latinoamericano, otros en Coppelia, algunos por sus barrios, otros en sus centros laborales o de estudio; pero todos, o para decirlo mejor, la inmensa mayoría, en busca de este país apacible, hermoso, lindo, que cada mañana incita a encontrar el mundo mejor por el que luchamos cada día.

viernes, 26 de julio de 2013



Jose Alberto, a la izquierda, junto a su hermano Maikel.
Hoy es el cumpleaños de mi hijo José Alberto, el más pequeño, el estudiante de Medicina. El tiempo ha volado y hoy es un joven apuesto, responsable, amoroso y de estos tiempos.

Recuerdo ahora aquel 26 de julio de 1990. María, la madre, tuvo un parto difícil, porque pasó más de 24 horas en el salón y creo que fue la última que parió de todas las que ese día lo hicieron, y fueron muchas.

miércoles, 5 de septiembre de 2012



He recibido un escrito vía correo electrónico, que le llaman “artículo”, que lejos de ocasionarme rechazo lo que me ocasiona es risa por ver cómo algunas personas enemigas acérrimas de mi país (Cuba), no descansan en el afán de atacarnos y son capaces de sufrir y de penar ante cualquier hecho que huela a  solidaridad con la Isla.

El autor se refiere a la “presencia” de Fidel Castro en la Convención Demócrata de Georgia, Estados Unidos, en el actual 2012, por el solo hecho de que un grupo de activistas se aparecieron a la manifestación que aboga por la legalización de los indocumentados, con camisetas con el rostro y el nombre de Fidel, a quien califica de dictador, cómo si no.

“Precisamente, más de media docena de activistas con poleras amarillas y blancas con la cara de Castro se ubicaron detrás de los caminantes de la causa proinmigrante”, señala el autor, del que ni el nombre aparece, quien preguntó, con “todo respeto”, acerca del motivo de su indumentaria y “la respuesta fue tan dictatorial como las órdenes del octogenario ex mandatario oficial cubano”, asegura.

Narra que uno los individuos a quien preguntó le dijo tajantemente y con acento del Sur de Sudamérica: "Apoyamos a Fidel Castro, a Hugo Chávez y estamos en contra del imperialismo".

“Cuando estaba a punto de argumentarle que era una contradicción que estuvieran disfrutando de una actividad democrática imposible hacer en la Cuba de Castro, simplemente actuando como un matón lumpezco, amenazó con golpearme”, dice el anónimo autor.

Entonces asegura que “entiendo perfectamente que todos tenemos derecho a tener una ideología propia y a expresarla pacíficamente, pero esa misma libertad me permite cuestionar a gente que viene aquí a promocionar a un personaje que ha sido enemigo de Estados Unidos, durante medio siglo”.

Y ahí mismo tuve que reírme de buena gana. Así que el tipo “entiende” que cada quien profesa la ideología que quiera y sin embargo lo ataca porque no piensa como él. ¿En qué quedamos, se peina o se hace moñitos?, como se dice en mi orilla.

¿Por qué los activistas no podían andar con el rostro de Fidel en sus camisetas? ¿Por qué tienen que sentir y pensar como él? Cosas de nuestros acérrimos enemigos, que no permiten ni la más leve simpatía con nuestra Revolución y su Comandante.

Por supuesto que a partir de ahí comienzan las diatribas contra la Revolución porque “Castro nunca ha permitido elecciones libres en la isla y mucho menos la expresión abierta de oposición a su régimen”, porque “se ha perseguido y han organizado actos de repudio contra mujeres indefensas armadas con gladiolos” y “los asesinatos políticos, y si en la Plaza de la Revolución de La Habana aparecieran señores con ropa que tuvieran mensajes en contra de Castro, los tantos años de dictadura”, y bla, bla, bla…

Pero lo más lindo no es toda la sarta de estupideces gastadas que repiten desde el mismo inicio de la Revolución el primero de enero de 1959, con un discurso gastado que ya da náuseas. Lo más lindo es cómo termina su escrito el personaje:

“Y a los que odian a este maravilloso país (Estados Unidos), que no está libre de defectos, les digo que las puertas son angostas para entrar e inmensamente anchas para que se vayan quienes estén aquí a disgusto, entre ellos los que vienen a actuar como delincuentes comunes.

“¿Cómo se espera que a los indocumentados se les dé la oportunidad de legalizar su situación migratoria, sí se da la impresión de ir de la mano del enemigo?.”

¡¿Será posible!? ¿Si no se piensa como él, a la calle, o fuera de aquí? ¿Y ese es un defensor de los tan llevados y traídos derechos humanos?

Menos mal que el personaje de mi historia entiende perfectamente que todos tenemos derecho a tener una ideología propia y a expresarla pacíficamente.

Menos mal.




Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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