Dicen
que La Habana rió a carcajadas cuando dio su primer grito al mundo,
aquel memorable 21 de diciembre de 1920, en el momento justo en que la
aurora anunciaba un nuevo día. Y sus padres, españoles de nacimiento,
miraron con orgullo a la más pequeña de sus cuatro hijos y le dieron por
nombre Alicia, como la del país de las maravillas, quizás sin pensar
que la vida de su hija sería en verdad una de las maravillas de la danza
mundial.
Así, sus progenitores la mimaban y gozaban de felicidad con la pequeña niña, que había llegado para alegrar sus vidas, en aquella convulsa década de los años 20 del pasado siglo, cuando la vida misma era incierta por las guerras de conquistas, de luchas por el poder, de inicios del desarrollo de la radio y el cine plantaba sus banderas para repartir la cultura de los poderosos.
Así, sus progenitores la mimaban y gozaban de felicidad con la pequeña niña, que había llegado para alegrar sus vidas, en aquella convulsa década de los años 20 del pasado siglo, cuando la vida misma era incierta por las guerras de conquistas, de luchas por el poder, de inicios del desarrollo de la radio y el cine plantaba sus banderas para repartir la cultura de los poderosos.


