Alhaj Mumuni despierta
sobresaltado en su pequeña choza en medio de la selva. Se sienta en su dura
cama y piensa un momento en todo cuanto ha soñado. Está intranquilo, pero al
mismo tiempo siente una sensación de alegría que le sacude el cuerpo. Y vuelve
a ver aquellos pasajes de hombres y mujeres invadiendo la comuna con ropas
blancas y objetos desconocidos. aunque hoy sus sueños tienen un sabor distinto.
Y ve a Mariama, la niña sin risa, que corre por entre las chozas y ríe feliz, a la vista de toda la comunidad de Tanina que ha salido a recibirla. Se estremece ante las luces y los hombres blancos que rodean a su niña. Hasta que Yumino, la bisnieta de Alhaj, vuelve a descifrar sus sueños, cuando llega desesperada hasta el lugar donde está el anciano. Sin aliento y con voz entrecortada, le dice: "Abuelo, los hombres de la camisa blanca, los doctores cubanos, han salvado a Mariama."
Y ve a Mariama, la niña sin risa, que corre por entre las chozas y ríe feliz, a la vista de toda la comunidad de Tanina que ha salido a recibirla. Se estremece ante las luces y los hombres blancos que rodean a su niña. Hasta que Yumino, la bisnieta de Alhaj, vuelve a descifrar sus sueños, cuando llega desesperada hasta el lugar donde está el anciano. Sin aliento y con voz entrecortada, le dice: "Abuelo, los hombres de la camisa blanca, los doctores cubanos, han salvado a Mariama."


