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miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ernesto y Tomás, en la toma de posesión del Rey de Sissala. (Foto Ahmed Velázquez)
Todo comenzó hace unos 200 años.

Abudu Tituo tenía dos mujeres: Delfina y Yanet,  que peleaban constantemente por sus celos.

Las dos mujeres trabajaban en el campo para sostener la casa. Un día a  Delfina se le rompió el palo utilizado para sembrar, y Yanet, con su sed de venganza, le dijo que quería ese palo entero. La otra mujer fue al mercado y compró uno nuevo, pero no fue aceptado por su contrincante, que en ese momento era apoyada por Tituo, quien debía tomar partido por una de las dos.

Según cuenta la leyenda, Delfina, desesperada, le pidió a su dios que la ayudara, y por acto divino el palo se unió por la parte fracturada. Cuando Tituo vio aquello, se le ocurrió la idea de curar los huesos partidos de los nativos de su tribu y así fundó lo que él llamó el Centro Tradicional del Hueso que ha venido prestando servicios de generación en generación, en la comunidad de Gwollú, Ghana, en el África subsahariana.

Desde entonces el Centro ha curado a miles de enfermos (aunque a algunos parcialmente) de toda la región, incluyendo a pacientes del vecino Burkina Faso. Sus tradicionales especialistas, partiendo de la premisa de que el hueso humano cicatriza a los cuarenta y un días, utilizan ungüentos y tablillas para curar las fracturas y hasta ingresan a quienes lo requieran.

Esto ha sido durante 200 años.

Mas en el siglo 21 las cosas han cambiado de cierta forma, porque con la llegada de los  médicos cubanos Ernesto Pérez Jerez y Tomás Milanés Sánchez, a Tumú, en el distrito de Sissala, donde se encuentra Gwollú, los especialistas tradicionales del Centro consultan a los galenos  de la Isla, quienes, con mucho respeto, intercambian criterios para curar las fracturas.

Así ellos visitan sistemáticamente la comunidad de Gwollú y después de atender a los nativos en su labor de terreno, van al Centro a ofrecer sus conocimientos.


Estos dos jóvenes son muy respetados por el actual jefe del Centro, Abudu Tituo, tataranieto de su fundador, quien ve en ellos a dos cooperantes que incondicionalmente brindan su ayuda para mejorar la salud de los nativos de Gwollú.


jueves, 30 de julio de 2015

Fotos: Ahmed Velázquez

Mampong Akuapemg es uno de los distritos de la Región Este, a unos 60 kilómetros de Accra, la capital de Ghana, en el África subsahariana.

En un día medio frío vamos al encuentro de los médicos cubanos que allí laboran en el Nissan asignado al jefe de la Brigada. Llegamos a Manfee (uno de los poblados) alrededor de las 11:00 de la  mañana. El viaje ha sido lento, primero porque el tráfico en Accra es infernal y el camino es peligroso, con empinadas lomas y pronunciadas curvas, además de las constantes paradas para tomar fotos. Cuando se va subiendo los oídos zumban; abajo se ve un gran valle que va despidiendo a Accra.

Manfee es uno de los tantos pueblitos con que cuenta Ghana. La casa de los cubanos está a un costado y en ella viven el especialista en Medicina Interna Doris Cala Rodríguez, de Guantánamo; Julia Vancol Naranjo, técnica de laboratorio, de La Habana y Caridad Camacho, licenciada  en Tecnología de la Salud, de Matanzas.

Por la noche, cuando la comida está servida, llega la ambulancia del hospital a buscar a Doris para una urgencia. Todos vamos para el Tetequarshie Memorial Hospital. Se trata de un viejito trabajador del centro, de unos 70 años de edad, con una hiperglicemia. 

Doris lo diagnostica como en coma y pronostica un paro cardíaco. Está en el cuerpo de guardia, con mucha falta de aire. El paro llega y el especialista pide medicamentos que no hay en el hospital. Doris comienza a reanimarlo, pero a los 10 ó 12 minutos el paciente no responde. Todo es inútil.

Cuando regresamos a la casa, la comida no sabe igual. En la mente de todos está el viejito, un hombre bueno que partió sin remedio.

Por la mañana el hospital se nota diferente. Es grande el cariño que sienten los ghaneses por los médicos y técnicos cubanos. Sin ellos el centro  es nada.




martes, 28 de julio de 2015

El día que los médicos cubanos Tomás Milanés Sánchez y Ernesto Pérez Domínguez se estrenaban en la comunidad de Tumú, Distrito de Sissala, a unos mil 300 kilómetros al norte de Accra, la capital de Ghana, ocurrió un hecho que los conmovió en lo más profundo de sus sentimientos: una niña de tres años llegó al centro en estado crítico, mordida por una serpiente.

La pequeña había sido mordida por una cobra cuatro días antes, y los curanderos del lugar comenzaron a aplicarle tratamientos tradicionales, que nada pudieron hacer contra el potente veneno del reptil.

Beatrice, que era el nombre de la niña, murió sin remedio. Por cada orificio de su pequeño cuerpecito emanaba rauda la sangre. Y así acababa una vida recién comenzada y Ernesto y Tomás tuvieron su bautismo de fuego y enfrentaron una realidad solo conocida por leyendas, películas y alguna bibliografía.

A partir de ese día los galenos coordinaron con los líderes de las comunidades del lugar para informar y convencer de  lo poco efectivo de los tratamientos caseros en estos casos, y la necesidad de acudir con urgencia al hospital.

El trabajo estuvo dirigido también a la parte preventiva y se orientaron medidas de protección para las viviendas y los trabajadores agrícolas, en tanto se creó todo un movimiento encaminado a disminuir el tiempo que media entre la mordedura del reptil y la asistencia médica.

No fue fácil convencer a los nativos sobre esto, pero 11 meses después de aquel fatídico día el panorama era diferente.

En todo ese tiempo las más de 200 personas mordidas por serpientes fueron tratadas por los dos galenos de la provincia de Granma, al oriente de Cuba, y  el 90 por ciento de ellas sobrevivió, éxito que estuvo avalado por un trabajo científico que encabezó el doctor Tomás y que tenía como objetivo fundamental convertirlo en un material imprescindible a la hora de tratar estas urgencias.

Las mordeduras  de serpientes constituyen una de las principales causas de muerte en las comunidades asentadas en las selvas de Ghana, ese país del África subsahariana.

El andar descalzo, la búsqueda de alimentos en los campos y el trabajo en los cultivos, traen como consecuencia que estos reptiles produzcan tantos daños en la poblacion local, aunque los ataques disminuyeron gracias a la labor preventiva de Ernesto y Tomás, dos jóvenes que protagonizaron una verdadera cruzada contra las serpientes.

Ernesto y Tomás son recibidos por Gilbert Badzoe Kanton V, Rey de Tumú. 




sábado, 18 de julio de 2015

La fallecida, sentada como presidiendo la ceremonia.
(Fotos Ahmed Velázquez(.
En el norte de Ghana los funerales son diferentes a lo que se celebran en el sur de ese país del África Subsahariana. La población es mayoritariamente musulmana y las creencias y tradiciones son distintas.

Las ceremonias son brevísimas y los fallecidos no se velan en ataúdes. Cuando alguien muerem durante la noche se hacen disparos como un tipo de arcabuz que suena como un cañón. En la mañana, se construye un pedestal de unos tres metros de alto, en el cual se coloca al fallecido sentado, rodeado de objetos propios de los nativos. A su alrededor se baila, pero con sonidos de marimbas y tambores; los que llegan a rendirle tributo al que se va, le tiran monedas alrededor de la base del pedestal.

Luego de unas pocas horas, a la hora de llevarse al fallecido, los nativos comienzan a romper tinajas y otras vasijas de barro que tiran con fuerza contra el suelo, se llevan al muerto a un lugar al que solo puede ir la familia y se sepulta en tierra pelada, sin ataúd.

Esta imagen fue tomada con teleobjetivo porque nadie podía
acercarse en ese momento.
Después el Rey del lugar recibe a las personalidades que él considere, entre los que siempre están los médicos cubanos, y brinda con *pitó, que se sirve en un pozuelo hecho con la mitad de una calabaza. Entonces los invitados cooperan con la familia del fallecido dándole algún dinero.

Y aquí llega el gran dilema del grupo de periodistas que andábamos por esas tierras rojas que agreden y cautivan, porque el tomar pitó no nos hacía ninguna gracia.

Santana, a mi lado me dice bajito que él no se va a tomar eso, pero si los ghaneses se dan cuenta lo toman como un desaire imperdonable para ellos. Y hay cervezas en la mesa, pero primero hay que tomarse el pitó. «Ve barajándolo poco a poco -le digo como el que no quiere las cosas-, pero mira a ver que no se den cuenta». José Luis ya ha tomado parte de su cuota y hace muecas que trata de disimular; Ahmed, parece muy interesado en la conversación con el jefe de la región.

Finalmente me decido a darme un trago. Cierro los ojos y allá va eso. Y para mi sorpresa no es  tan malo, solo sabe a rayos. Como si fuera medicina, me digo mentalmente y comienzo a vaciar el pozuelo, pero cuando el líquido va llegando al fondo una nata blanca me frena en seco y mi estómago se revuelve.

A los demás les pasa lo mismo. Increíblemente Yánez y Carlos, los dos médicos cubanos que laboraban en el distrito de Lawra, de la Región Norte, se toman aquello como la cosa más rica del mundo y piden más. Después del mal rato, la cerveza Star quita el gusto de la bebida tradicional.

*Pitó: Bebida tradicional del norte de Ghana, hecha con maíz fermentado a sol y sereno, durante varios días en el que las moscas y otros insectos son protagonistas del proceso.

Lea más: África en la memoria: La alegría de morir



jueves, 3 de abril de 2014



De isquierda a derecha en primera fila: Ahmed Velázquez,
Armando Santana, Puober Chiir VII y yo..
Cuando las copas se alzan para brindar y chocan entre sí, el doctor Puobe Chiir VII lo hace por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, y expresa su mensaje de gratitud al líder cubano por lo que hace por su pueblo. “Le deseo que viva cien años más”, dice y bebe la cerveza que hace sudar la jarra. Qué así sea, asienten todos y se aplaude por el brindis.

Es un día muy caliente en Nandom, en el que el Paramount Chef tradicional y presidente de la Casa Nacional de Jefes de Ghana, en el África subsahariana, le ofrece una recepción a los médicos que trabajan en esta zona: Antonio, Carlos, Fred y Alfredo.

domingo, 11 de agosto de 2013



Mariama, después de operada, junto al médico Elvis Pardo Olivares, de Santiago de Cuba, cirujano principal de su intervención.  (Fotos tomada por el médico Lino Abel)
Alhaj Mumuni despierta sobresaltado en su pequeña choza en medio de la selva. Se sienta en su dura cama y piensa un momento en todo cuanto ha soñado. Está intranquilo, pero al mismo tiempo siente una sensación de alegría que le sacude el cuerpo. Y vuelve a ver aquellos pasajes de hombres y mujeres invadiendo la comuna con ropas blancas y objetos desconocidos. aunque hoy sus sueños tienen un sabor distinto.

Y ve a Mariama, la niña sin risa, que corre por entre las chozas y ríe feliz, a la vista de toda la comunidad de Tanina que ha salido a recibirla. Se estremece ante las luces y los hombres blancos que rodean a su niña. Hasta que Yumino, la bisnieta de Alhaj, vuelve a descifrar sus sueños, cuando llega desesperada hasta el lugar donde está el anciano. Sin aliento y con voz entrecortada, le dice: "Abuelo, los hombres de la camisa blanca, los doctores cubanos, han salvado a Mariama."

sábado, 10 de agosto de 2013



Mariama, la niña sin risa, junto a los doctores Elvis, cirujano (I) y Lino Abel, anestesista. (Foto: Ahmed Velázquez)
Tanina es una comunidad enclavada en medio de la selva del norte de la República de Ghana, en el África subsahariana, que pertenece al subdistrito de Ponyentanga, donde los médicos cubanos de Wa, capital de la Región Oeste Superior, van a hacer labor de terreno, en una mañana de sol y con una temperatura que sobrepasa los 35 grados Celsius. Son decenas los nativos reconocidos en sus propias chozas, en precarias condiciones.

Aquí viven muchos niños que andan de un lado a otro detrás de los visitantes, sobre todo de Lino Abel, el anestesista, quien cada vez que llega a las comunidades enseguida hace una fiesta con los pequeños.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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