viernes, 31 de julio de 2015

Las Tunas es una provincia privilegiada en las artes plásticas, al contar con una pintora como Yamila Coma, que derrocha talento en cada trazo de pincel, y sus colores y su mensaje quedan para siempre en la mente del espectador.
Porque es Yamila una de las imprescindibles en la pintura de Las Tunas y Cuba, pues su obra sobrepasa sus ideas llevadas al lienzo, y su acérrima defensa de la mujer la colocan en un merecido lugar en la lucha por la emancipación total de las féminas, que tanto tienen que sobreponerse a prejuicios simulados aun en una sociedad tan justa como la de la Isla.
El rojo, el azul y el verde, como colores primarios en la obra de Yamila, constituyen símbolos no solo de los temas que trata, sino del buen hacer, y con solo mirar uno de sus cuadros el espectador reconoce a la autora, y si no es avezado en su pintura, sí se da cuenta de que está ante alguien que no pierde oportunidad de trasmitir su mensaje de amor y paz, de rebeldía femenina, de mujer plena que disfruta su cuadro hasta el último trazo, porque ya en galería pertenece al público, según sus propias palabras.
Pero no todo el camino ha estado despejado de obstáculos para Yamila, porque algunos la malinterpretan, y lo peor, emiten criterios errados sobre su obra, aunque quizás los que caigan en ello lo hagan por cierto atisbo de inferioridad, o por lo menos, para tratar de demeritar su obra, que se levanta por ella misma, porque es tanta su calidad, tanto en la forma como en el contenido, que nada puede empañarla.
De ahí que Yamila haya tenido que enfrentar con su pincel el propio desbroce se su camino, porque es el pincel su arma, que anima sus deseos y sus metas siempre enaltecedoras, siempre en la lucha por un mundo mejor, en el que la mujer sea plena, feliz, reconocida al margen del machismo tan dañino que corroe a una parte de nuestra sociedad.
Es el Expresionismo su mejor tendencia para comunicar lo que piensa, lo que cree, lo que sustentan sus ideas reveladoras, y a partir de la figura femenina como centro, siempre hace reflexionar con un mensaje contundente, para nada disimulado, porque su mente y sus manos, muestran la coherencia de las grandes exponentes del arte.
Yamila Coma es dueña de un estilo que marca la diferencia, la distingue por sobre los demás, porque nació para el arte, y la pintura se enaltece con sus trazos, y la vida misma acuna sus ideas y sus obras, siempre imperecederas, siempre reveladoras, y de ahí que su nombre se haya inscrito para siempre en la historia de las artes plásticas de su terruño y un poco más allá.

jueves, 30 de julio de 2015

Fotos: Ahmed Velázquez

Mampong Akuapemg es uno de los distritos de la Región Este, a unos 60 kilómetros de Accra, la capital de Ghana, en el África subsahariana.

En un día medio frío vamos al encuentro de los médicos cubanos que allí laboran en el Nissan asignado al jefe de la Brigada. Llegamos a Manfee (uno de los poblados) alrededor de las 11:00 de la  mañana. El viaje ha sido lento, primero porque el tráfico en Accra es infernal y el camino es peligroso, con empinadas lomas y pronunciadas curvas, además de las constantes paradas para tomar fotos. Cuando se va subiendo los oídos zumban; abajo se ve un gran valle que va despidiendo a Accra.

Manfee es uno de los tantos pueblitos con que cuenta Ghana. La casa de los cubanos está a un costado y en ella viven el especialista en Medicina Interna Doris Cala Rodríguez, de Guantánamo; Julia Vancol Naranjo, técnica de laboratorio, de La Habana y Caridad Camacho, licenciada  en Tecnología de la Salud, de Matanzas.

Por la noche, cuando la comida está servida, llega la ambulancia del hospital a buscar a Doris para una urgencia. Todos vamos para el Tetequarshie Memorial Hospital. Se trata de un viejito trabajador del centro, de unos 70 años de edad, con una hiperglicemia. 

Doris lo diagnostica como en coma y pronostica un paro cardíaco. Está en el cuerpo de guardia, con mucha falta de aire. El paro llega y el especialista pide medicamentos que no hay en el hospital. Doris comienza a reanimarlo, pero a los 10 ó 12 minutos el paciente no responde. Todo es inútil.

Cuando regresamos a la casa, la comida no sabe igual. En la mente de todos está el viejito, un hombre bueno que partió sin remedio.

Por la mañana el hospital se nota diferente. Es grande el cariño que sienten los ghaneses por los médicos y técnicos cubanos. Sin ellos el centro  es nada.




Fotos: ACN /Yaciel Peña

La Casa Insólita, de la oriental ciudad de Las Tunas, es un proyecto arquitectónico que muestra fenómenos ópticos y físicos relacionados con la fuerza de gravedad, y aunque alguien no lo crea, allí la gravitación universal parece no cumplirse.

Esta instalación cuenta con cinco cámaras o habitaciones anteriores, cuyos implementos asombran a los espectadores. Así hay una mesa de billar inclinada, el agua que sube por su propio peso, existe una ola que nunca cae y péndulos que reposan inclinados.
Hay un asiento, del que usted no podrá levantarse sin ayuda. Si nadie lo auxilia, no podrá levantarse, lo cual motiva a la risa, pero el protagonista puede reírse, pero siente la incomodidad de que su cuerpo no responda a sus órdenes.
El creador de esta casa es el reconocido arquitecto Domingo Alás, quien no utilizó tecnologías de última generación sino que se las arregló con su ingenio para crear ilusiones ópticas a partir de experimentos físicos.
Domingo logra que los peces naden de forma inclinada, y todo esto tiene como objetivo la recreación de las personas pero a partir de la reflexión sobre la Física acerca de lo que están viendo, y la arquitectura engaña a las personas en la horizontal y la vertical.
Única de su tipo en Cuba la institución cuenta además con espacios para las ofertas gastronómicas y presentaciones artísticas y según el propio Domingo Alás, pudiera estar nominada a ingresar en el registro de los Récords Guinnes.
Según noticias en el mundo existen alrededor de una docena de edificaciones que han sido construidas de forma especial o han sufrido accidentes que permiten apreciar efectos ópticos y físicos, por lo que brindan la sensación de que no se cumplen las leyes universales de gravitación,
Domingo es reconocido por sus proyectos que se basan en la utilización de la Física, la arquitectura y la ingeniería civil, entre los que se destacan la Plaza Martiana, de Las Tunas y el Memorial Caimito de Hanábana, en Matanzas, dedicados José Martí.

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martes, 28 de julio de 2015

El día que los médicos cubanos Tomás Milanés Sánchez y Ernesto Pérez Domínguez se estrenaban en la comunidad de Tumú, Distrito de Sissala, a unos mil 300 kilómetros al norte de Accra, la capital de Ghana, ocurrió un hecho que los conmovió en lo más profundo de sus sentimientos: una niña de tres años llegó al centro en estado crítico, mordida por una serpiente.

La pequeña había sido mordida por una cobra cuatro días antes, y los curanderos del lugar comenzaron a aplicarle tratamientos tradicionales, que nada pudieron hacer contra el potente veneno del reptil.

Beatrice, que era el nombre de la niña, murió sin remedio. Por cada orificio de su pequeño cuerpecito emanaba rauda la sangre. Y así acababa una vida recién comenzada y Ernesto y Tomás tuvieron su bautismo de fuego y enfrentaron una realidad solo conocida por leyendas, películas y alguna bibliografía.

A partir de ese día los galenos coordinaron con los líderes de las comunidades del lugar para informar y convencer de  lo poco efectivo de los tratamientos caseros en estos casos, y la necesidad de acudir con urgencia al hospital.

El trabajo estuvo dirigido también a la parte preventiva y se orientaron medidas de protección para las viviendas y los trabajadores agrícolas, en tanto se creó todo un movimiento encaminado a disminuir el tiempo que media entre la mordedura del reptil y la asistencia médica.

No fue fácil convencer a los nativos sobre esto, pero 11 meses después de aquel fatídico día el panorama era diferente.

En todo ese tiempo las más de 200 personas mordidas por serpientes fueron tratadas por los dos galenos de la provincia de Granma, al oriente de Cuba, y  el 90 por ciento de ellas sobrevivió, éxito que estuvo avalado por un trabajo científico que encabezó el doctor Tomás y que tenía como objetivo fundamental convertirlo en un material imprescindible a la hora de tratar estas urgencias.

Las mordeduras  de serpientes constituyen una de las principales causas de muerte en las comunidades asentadas en las selvas de Ghana, ese país del África subsahariana.

El andar descalzo, la búsqueda de alimentos en los campos y el trabajo en los cultivos, traen como consecuencia que estos reptiles produzcan tantos daños en la poblacion local, aunque los ataques disminuyeron gracias a la labor preventiva de Ernesto y Tomás, dos jóvenes que protagonizaron una verdadera cruzada contra las serpientes.

Ernesto y Tomás son recibidos por Gilbert Badzoe Kanton V, Rey de Tumú. 




lunes, 27 de julio de 2015

Dicen que el edificio se estaba cayendo y por eso lo derribaron.
Yo era un niño y andaba con mi padre –como casi siempre- por el centro de la ciudad de Las Tunas, donde nací y vivo, y mi papá, como chofer de alquiler, tenía su piquera frente al hotel Plaza, en el mismo corazón de la entonces pequeña localidad.

Recuerdo la cantidad de día que pasaron tumbando aquel edificio emblemático, centro de reunión de los tuneros de la época, y recuerdo claramente a pesar de mi cortísima edad, cómo una inmensa grúa, con una inmensa bola de hierro, golpeaba las paredes del edificio, que se negaban a caer, a pesar de «que se estaban cayendo».

Lo cierto es que aún en medio de la difícil tarea lograron barrer con el hotel Plaza, que era un gran centro comercial, con el cine Martí como parte del complejo, y los tuneros nos quedamos sin el emblemático inmueble.

Debe haber sido por el año 1965, cuando yo, de la mano de mi padre, visitaba su piquera y me llevaba para arriba y para abajo, orgulloso él de su pequeño primogénito.

Después en el mismo lugar vacío y de una terrible soledad, comenzaron a hacer una edificación que no tenía ni pie ni cabeza, y los tuneros de entonces le nombraron el Fantomas, por aquella película francesa emblemática cuyas varias partes se pasaban en los cines de estrenos, y el lugar tenía una cafetería y pasadizos que nadie entendía, con bancos a la redonda para sentarse.

El hotel Plaza quedaba al lado de la cafetería La Dichosa, hoy una hamburguesería, justamente donde quedaba la piquera donde trabajan mi papá y Tío Vitico, con aquellos carros americanos –nuevos, claro- que le daban vida a mi ciudad.

No recuerdo mucho de su interior, solo que una o dos veces mi padre me llevó a ver alguna que otra película de entonces.

Hoy, por suerte, y para emendar un poco el error cometido, en el lugar del Plaza se erige la Plaza Martiana, orgullo de mi ciudad y única de su tipo en América Latina, aunque aquel hotel emblemático haya sido insustituible.


Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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