He
leído con horror la noticia en la
Red que me llega de la vecina provincia de Camagüey, al este
de la ciudad de Las Tunas, donde vivo: el bloqueo de Estados Unidos contra
Cuba impide aplicar una nueva técnica de supervivencia a niños afectados por
insuficiencia renal crónica terminal, residentes en áreas rurales de difícil
acceso, de ese territorio.
El
genocida bloqueo en su negativa de comercio con mi país prohíbe introducir en
Cuba la diálisis peritoneal continua ambulatoria, por lo cual los niños
enfermos deben continuar bajo el tratamiento tradicional, con la asistencia en
días alternos a la atención hospitalaria.
Y
esto sucede a pesar de Cuba expresar en la solicitud de adquisición de la
novedosa técnica, el propósito de iniciar su empleo en niños radicados en zonas
intrincadas del campo. Pero de nada ha servido.
A
la administración de Barack Obama no le importa que nuestros niños mueran
aunque esté en sus manos el alivio de sus males, la salvación de sus inocentes
vidas.
Cuánta
crueldad contra un pueblo noble y humilde, contra sus semejantes de la especie
humana; cuánto odio por el solo hecho de no ponernos de rodillas ante sus
deseos.
¿Cómo
es posible que en pleno siglo XXI, haya personas capaces de ocasionar
interferencias en los objetivos de elevar la supervivencia de niños en estado
crítico de salud, y en quienes la diálisis sustituye las anuladas funciones de
los riñones para eliminar toxinas incompatibles con la vida?
¿No tendrán hijos quienes así actúan? ¿No tendrán madres, padres, hermanos, familia...? ¿No piensan que a cualquiera de ellos también les puede tocar una enfermedad como la de estos niños cubanos, a pesar del dinero que puedan tener y de la posición que puedan ocupar?
¿No tendrán hijos quienes así actúan? ¿No tendrán madres, padres, hermanos, familia...? ¿No piensan que a cualquiera de ellos también les puede tocar una enfermedad como la de estos niños cubanos, a pesar del dinero que puedan tener y de la posición que puedan ocupar?
Tanta
crueldad asquea.
No
se dan cuenta de que la historia misma escribe una triste y repugnante página
de horror y maldad, de la que un día la propia humanidad sentirá vergüenza, y
quizás hasta algunos descendientes de estos asesinos bajarán la cabeza apenados
por historias como la de esos niños enfermos de Camagüey, que deben seguir
sufriendo aun cuando el alivio a sus males esté en manos que deberían
pertenecer a la especie humana.


