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viernes, 12 de octubre de 2012


He leído con horror la noticia en la Red que me llega de la vecina provincia de Camagüey, al este de la ciudad de Las Tunas, donde vivo: el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba impide aplicar una nueva técnica de supervivencia a niños afectados por insuficiencia renal crónica terminal, residentes en áreas rurales de difícil acceso, de ese territorio.

El genocida bloqueo en su negativa de comercio con mi país prohíbe introducir en Cuba la diálisis peritoneal continua ambulatoria, por lo cual los niños enfermos deben continuar bajo el tratamiento tradicional, con la asistencia en días alternos a la atención hospitalaria.

Y esto sucede a pesar de Cuba expresar en la solicitud de adquisición de la novedosa técnica, el propósito de iniciar su empleo en niños radicados en zonas intrincadas del campo. Pero de nada ha servido.

A la administración de Barack Obama no le importa que nuestros niños mueran aunque esté en sus manos el alivio de sus males, la salvación de sus inocentes vidas.

Cuánta crueldad contra un pueblo noble y humilde, contra sus semejantes de la especie humana; cuánto odio por el solo hecho de no ponernos de rodillas ante sus deseos.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, haya personas capaces de ocasionar interferencias en los objetivos de elevar la supervivencia de niños en estado crítico de salud, y en quienes la diálisis sustituye las anuladas funciones de los riñones para eliminar toxinas incompatibles con la vida?

¿No tendrán hijos quienes así actúan? ¿No tendrán madres, padres, hermanos, familia...? ¿No piensan que a cualquiera de ellos también les puede tocar una enfermedad como la de estos niños cubanos, a pesar del dinero que puedan tener y de la posición que puedan ocupar?

Tanta crueldad asquea.

No se dan cuenta de que la historia misma escribe una triste y repugnante página de horror y maldad, de la que un día la propia humanidad sentirá vergüenza, y quizás hasta algunos descendientes de estos asesinos bajarán la cabeza apenados por historias como la de esos niños enfermos de Camagüey, que deben seguir sufriendo aun cuando el alivio a sus males esté en manos que deberían pertenecer a la especie humana.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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