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viernes, 2 de octubre de 2015

Nuevamente la tragedia golpea a Estados Unidos. El horror se apoderó de la apacible Roseburg una ciudad de 20 mil habitantes, ubicada a 280 kilómetros al sur de Portland, la urbe más importante de Oregon, famosa por su progreso, el cuidado del medio ambiente y la defensa de las minorías.

Los disparos llegan otra vez a una universidad del país el norte, específicamente en el Umpqua Community College de Roseburg, donde al menos 10 estudiantes murieron y siete resultaron heridos, en una de las masacres más sangrientas de los últimos años.


El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se dirigió al país en conferencia de prensa y habló de la «rutina» de la muerte. «Las informaciones son rutinas, mis reacciones aquí son una rutina y lo es la conversación posterior», dijo frente a las cámaras, visiblemente cansado.

Obama advirtió que «ningún país avanzado» experimenta tantas masacres como Estados Unidos, como ya había dicho luego de la matanza en una iglesia de Charleston, en junio pasado.


El tiroteo comenzó por la mañana en la sección de ciencias de la universidad, cuando un hombre recorrió las aulas de la institución con cuatro pistolas, hacía poner de pie a los estudiantes y preguntaba de qué religión eran: si la respuesta era cristiano, le disparaba en la cabeza, si la respuesta era negativa, disparaba a las piernas, dice Kortney Moore, una joven estudiante, testigo del horrendo crimen.


La policía acudió al lugar y en un intercambio de disparos abatió al criminal. Era un joven de unos 26 años y cuando se analizó la actividad del criminal en las redes sociales había escrito: «Ésta es la única vez que voy a aparecer en las noticias. Soy tan insignificante».


Esta ha sido la peor tragedia ocurrida en una universidad estadounidense en lo que va del año, y una de las peores de una larga lista de masacres en centros educativos que son ya una marca registrada de la violencia en Estados Unidos.


En octubre del pasado año tuvo lugar una de las últimas, cuando cinco personas murieron en manos de un atacante que se suicidó en el Instituto Pikchuck de enseñanza secundaria de Marysville, Washington, y en diciembre 2012, un joven de 20 años mató a 20 estudiantes y seis adultos en la primaria Sandy Hook, de Connecticut, una de las peores matanzas de los últimos tiempos.

miércoles, 7 de noviembre de 2012


Seis mil millones de dólares. Esa es la cifra que han gastado Barack Obama y Mitt Romney por la presidencia de los Estados Unidos.

Seis mil millones, se dice y es difícil de creerlo. Gastar esa cifra en un show de derroche, cuando 25 mil niños mueren de hambre en el mundo cada día, y se multiplica la cifra de hambrientos y las muertes por enfermedades curables por falta de atención médica.

Es una realidad terrorífica porque cuatro millones de recién nacidos mueren en su primer mes de vida, 500 mil mujeres fallecen al año al dar a luz, el 82 por ciento de los infantes no reciben antibióticos y dos millones de menores de 14 años tienen SIDA.

En el mundo 600 millones de niños son víctimas de la pobreza, 100 millones viven en la calle, 150 millones de niñas y 73 millones de menores de 18 años son explotados sexualmente cada año y 1,8 millones han caído en el comercio sexual.

Seis mil millones de dólares gastados cuando el propio Estados Unidos tiene una difícil coyuntura económica marcada por el desempleo y una deuda pública superior a los 16 billones de dólares.

¿Cuánto se podría hacer si esa cifra se hubiese utilizado en beneficio de la humanidad?

domingo, 28 de octubre de 2012


Andando en la Red, encuentro una crónica en el periódico español El País, en su edición digital, en la que se recurre a la nostalgia maligna de algunos cubanos que yacen en Miami desde hace muchos años, y que cada día se levantan con la esperanza de ver caer la Revolución cubana, y también, cada día, se aleja de ellos (y de todos los que lo desean) esa meta que se ha convertido en suprema y enfermiza.

Su autor, Francisco Peregil, se limita a exponer los puntos de vista de un grupo de viejos, como los llama, que superan los 70 años de edad y se han pasado la vida odiando a sus propias raíces, porque el solo hecho de desear un bloqueo "total por aire, mar y tierra" a la Isla, deja a las claras que esos "señores" no tienen escrúpulos, porque aun en el caso de que no quedara en Cuba ninguno de sus familiares, esta es la tierra que los vio nacer, y hay que ser cruel para pensar en bloqueo total y hasta en la guerra, la que han pedido a gritos durante más de 50 años.

El periodista de El País tituló su trabajo Un millón de Cubas dentro de Miami, y narra cómo en esa misma palmera en la que hoy se reúnen estos cubanos llenos de odio, se han fraguado ataques contra Cuba y hasta atentados contra Fidel Castro, en una muestra de desprecio y odio total contra su propia tierra.

Es incomprensible mirando desde la razón, el que alguien no venga a su país porque le dé su dinero al gobierno o porque no soporte a quienes dirigen a Cuba. ¿Es posible un pensamiento así sin estar enfermo, espiritualmente?  

Es interesante, sin embargo, leer la opinión de un joven de 25 años, taxista, que nació en Miami de padre cubano, y ha venido cuatro veces a la Isla, que no es su tierra:

"La primera vez me gustó mucho poder jugar por la noche a la pelota en la calle. Aquí eso sería imposible, te podrían matar. Esto es la salvajada, el sálvese quien pueda, y allí se está más tranquilo", ha dicho demostrando que las nuevas generaciones no llevan el odio ni la rabia de sus predecesores.


También el reconocido periodista Max Lesnik, quien salió de Cuba en 1961, habla con tino:

"Entre los años 70 y 80 los extremistas cubanos de la derecha en Miami me pusieron 11 bombas en la oficina de una revista que yo editaba. Aquí siguen copando todos los medios de comunicación. Pero cada vez son más los cubanos que no piensan como ellos. Y la prueba es que Barack Obama, partidario del diálogo con Cuba, ha sido votado en todos los distritos electorales del condado de Miami-Dade, que es donde vive el 90 por ciento de los cubanos".

Y el periodista español hace una pregunta interesante: Pasados los 50 años desde la revolución, ¿mereció la pena? 

Es el propio Lesnik el que responde: "Siempre mereció la pena. Pero la pregunta que hay que hacerse es por qué no salió mejor. ¿Por la voluntad de sus dirigentes o porque se encontraron con la oposición de la nación más poderosa del mundo durante 50 años? Para hallar la respuesta, que levanten todos los obstáculos y ya veremos lo que ocurre en Cuba. Estados Unidos organizó invasiones y operaciones desestabilizadoras como no ha sufrido ningún otro Gobierno del mundo".

Muchos dicen que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es una justificación del Gobierno cubano ante las dificultades y la escasez. Y yo hago otra pregunta: ¿por qué no lo quitan entonces? ¿Por qué no se atreven a levantarlo si están seguros de que es una justificación?

Yo, que nací con la Revolución, he crecido bajo el odio de nuestros vecinos del norte, pero sobre todo de muchos cubanos de Miami, y formo parte de ese 70 por ciento de la población cubana que ha crecido bajo las leyes del bloqueo de Estados Unidos contra mi pueblo. ¿Quieren mayor crueldad que en estos mismos momentos 70 de cada 100 cubanos hayamos vivido y seguimos viviendo en esas condiciones?

Acá en Cuba, hay una sentencia sabia: "No hay peor cuña que la del mismo palo", refriéndose a la propia gente de uno. Si todos estos cubanos rabiosos se fueron porque quisieron, y viven bien en Miami, ¿por qué siguen odiando a quienes decidimos quedarnos? ¿No sería más agradable la vida para todos si cada cual se dedicara a lo suyo, sin importar cómo viven los demás? 

Es cuestión de principios humanos, aunque también es bueno preguntarse: estos señores llenos de odio, ¿serán humanos?


Leer comentario en El País

Un millón de Cubas dentro de Miami

viernes, 12 de octubre de 2012


He leído con horror la noticia en la Red que me llega de la vecina provincia de Camagüey, al este de la ciudad de Las Tunas, donde vivo: el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba impide aplicar una nueva técnica de supervivencia a niños afectados por insuficiencia renal crónica terminal, residentes en áreas rurales de difícil acceso, de ese territorio.

El genocida bloqueo en su negativa de comercio con mi país prohíbe introducir en Cuba la diálisis peritoneal continua ambulatoria, por lo cual los niños enfermos deben continuar bajo el tratamiento tradicional, con la asistencia en días alternos a la atención hospitalaria.

Y esto sucede a pesar de Cuba expresar en la solicitud de adquisición de la novedosa técnica, el propósito de iniciar su empleo en niños radicados en zonas intrincadas del campo. Pero de nada ha servido.

A la administración de Barack Obama no le importa que nuestros niños mueran aunque esté en sus manos el alivio de sus males, la salvación de sus inocentes vidas.

Cuánta crueldad contra un pueblo noble y humilde, contra sus semejantes de la especie humana; cuánto odio por el solo hecho de no ponernos de rodillas ante sus deseos.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, haya personas capaces de ocasionar interferencias en los objetivos de elevar la supervivencia de niños en estado crítico de salud, y en quienes la diálisis sustituye las anuladas funciones de los riñones para eliminar toxinas incompatibles con la vida?

¿No tendrán hijos quienes así actúan? ¿No tendrán madres, padres, hermanos, familia...? ¿No piensan que a cualquiera de ellos también les puede tocar una enfermedad como la de estos niños cubanos, a pesar del dinero que puedan tener y de la posición que puedan ocupar?

Tanta crueldad asquea.

No se dan cuenta de que la historia misma escribe una triste y repugnante página de horror y maldad, de la que un día la propia humanidad sentirá vergüenza, y quizás hasta algunos descendientes de estos asesinos bajarán la cabeza apenados por historias como la de esos niños enfermos de Camagüey, que deben seguir sufriendo aun cuando el alivio a sus males esté en manos que deberían pertenecer a la especie humana.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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