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jueves, 1 de mayo de 2014



Si me preguntaran cuál fue mi mayor impresión este Primero de Mayo en Las Tunas, no dudaría en afirmar que la cantidad de niños eufóricos que desfilaron junto a sus padres o junto a sus compañeros de escuela.

Eso lo pondría incluso por encima de la solidez de la marcha combatiente que protagonizó el pueblo, porque ello es común cada año. Pero en este 2014, los niños dieron una nota de distinción, un toque, que aunque es recurrente, tuvo su singularidad.



miércoles, 1 de enero de 2014



De izquierda a derecha: Mis hijos Maikel y Jose Alberto, mi esposa
María, Mercy Lago y su hijo Carlos.
Otra vez sobre el camino, sobre las páginas de mi espacio personal, a través del cual tuve grandes privilegios en el año que acaba de concluir, y que ahora se erige sobre el largo 2014, un año que tiene que ser mejor en todos los sentidos.

Después de dos días de descanso por el fin de año, vuelvo a encontrarme con mis seguidores, quienes son mi razón de ser, y por los que me esfuerzo cada día para tener mejores entradas, que me permitan llegar a la vida de cada uno de ellos, y tratar de satisfacer sus expectativas con mis textos.

martes, 13 de agosto de 2013



Abel Peña Labrada es un hombre feliz. Lo dice y su rostro se ilumina por una amplia sonrisa y sus ojos bordeados por los años viajan en el tiempo y hacen un recorrido fugaz de lo que ha sido su vida, y se detienen en aquel muchacho flaco que vendía flores y frutas de todo tipo para buscar el sustento suyo y de sus hermanos.

El pregonar por las calles de su añejo Puerto Padre, era uno de sus momentos favoritos, que le permitían alegrar la vida de muchas personas y de su propia adolescencia, enmarcada en las razones de la espera para poder comer, mientras alternaba el cepillo que pasaba raudo 10, 20, 100 veces por los más disímiles calzados hasta que lograra ver su cabeza despeinada y borrosa en el cuero brillante de los zapatos que lustraba.

domingo, 28 de octubre de 2012


Andando en la Red, encuentro una crónica en el periódico español El País, en su edición digital, en la que se recurre a la nostalgia maligna de algunos cubanos que yacen en Miami desde hace muchos años, y que cada día se levantan con la esperanza de ver caer la Revolución cubana, y también, cada día, se aleja de ellos (y de todos los que lo desean) esa meta que se ha convertido en suprema y enfermiza.

Su autor, Francisco Peregil, se limita a exponer los puntos de vista de un grupo de viejos, como los llama, que superan los 70 años de edad y se han pasado la vida odiando a sus propias raíces, porque el solo hecho de desear un bloqueo "total por aire, mar y tierra" a la Isla, deja a las claras que esos "señores" no tienen escrúpulos, porque aun en el caso de que no quedara en Cuba ninguno de sus familiares, esta es la tierra que los vio nacer, y hay que ser cruel para pensar en bloqueo total y hasta en la guerra, la que han pedido a gritos durante más de 50 años.

El periodista de El País tituló su trabajo Un millón de Cubas dentro de Miami, y narra cómo en esa misma palmera en la que hoy se reúnen estos cubanos llenos de odio, se han fraguado ataques contra Cuba y hasta atentados contra Fidel Castro, en una muestra de desprecio y odio total contra su propia tierra.

Es incomprensible mirando desde la razón, el que alguien no venga a su país porque le dé su dinero al gobierno o porque no soporte a quienes dirigen a Cuba. ¿Es posible un pensamiento así sin estar enfermo, espiritualmente?  

Es interesante, sin embargo, leer la opinión de un joven de 25 años, taxista, que nació en Miami de padre cubano, y ha venido cuatro veces a la Isla, que no es su tierra:

"La primera vez me gustó mucho poder jugar por la noche a la pelota en la calle. Aquí eso sería imposible, te podrían matar. Esto es la salvajada, el sálvese quien pueda, y allí se está más tranquilo", ha dicho demostrando que las nuevas generaciones no llevan el odio ni la rabia de sus predecesores.


También el reconocido periodista Max Lesnik, quien salió de Cuba en 1961, habla con tino:

"Entre los años 70 y 80 los extremistas cubanos de la derecha en Miami me pusieron 11 bombas en la oficina de una revista que yo editaba. Aquí siguen copando todos los medios de comunicación. Pero cada vez son más los cubanos que no piensan como ellos. Y la prueba es que Barack Obama, partidario del diálogo con Cuba, ha sido votado en todos los distritos electorales del condado de Miami-Dade, que es donde vive el 90 por ciento de los cubanos".

Y el periodista español hace una pregunta interesante: Pasados los 50 años desde la revolución, ¿mereció la pena? 

Es el propio Lesnik el que responde: "Siempre mereció la pena. Pero la pregunta que hay que hacerse es por qué no salió mejor. ¿Por la voluntad de sus dirigentes o porque se encontraron con la oposición de la nación más poderosa del mundo durante 50 años? Para hallar la respuesta, que levanten todos los obstáculos y ya veremos lo que ocurre en Cuba. Estados Unidos organizó invasiones y operaciones desestabilizadoras como no ha sufrido ningún otro Gobierno del mundo".

Muchos dicen que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es una justificación del Gobierno cubano ante las dificultades y la escasez. Y yo hago otra pregunta: ¿por qué no lo quitan entonces? ¿Por qué no se atreven a levantarlo si están seguros de que es una justificación?

Yo, que nací con la Revolución, he crecido bajo el odio de nuestros vecinos del norte, pero sobre todo de muchos cubanos de Miami, y formo parte de ese 70 por ciento de la población cubana que ha crecido bajo las leyes del bloqueo de Estados Unidos contra mi pueblo. ¿Quieren mayor crueldad que en estos mismos momentos 70 de cada 100 cubanos hayamos vivido y seguimos viviendo en esas condiciones?

Acá en Cuba, hay una sentencia sabia: "No hay peor cuña que la del mismo palo", refriéndose a la propia gente de uno. Si todos estos cubanos rabiosos se fueron porque quisieron, y viven bien en Miami, ¿por qué siguen odiando a quienes decidimos quedarnos? ¿No sería más agradable la vida para todos si cada cual se dedicara a lo suyo, sin importar cómo viven los demás? 

Es cuestión de principios humanos, aunque también es bueno preguntarse: estos señores llenos de odio, ¿serán humanos?


Leer comentario en El País

Un millón de Cubas dentro de Miami

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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