Tengo una amiga periodista de Colombia que
vino de visita a Cuba y tuvo que pasar por la ciudad de Las Tunas, al oriente del país, en honor a nuestra
amistad, y quedó maravillada con nuestra pequeña ciudad, y no por vivir en
Bogotá, una urbe inmensa y moderna que preserva sus valores arquitectónicos
iníciales.
Angélica, que es su nombre, me comentaba lo
acogedores que le resultaban las calles e inmuebles de Las Tunas, con su fino
estilo ecléctico y otras instalaciones modernas que se han incorporado a su
vida, y muy grande fue su asombro cuando le conté que había sido quemada tres
veces en nuestras guerras de independencia y levantada de sus cenizas parabién
de sus habitantes.


