martes, 25 de diciembre de 2012



Félix Ramos, en pleno acto académico. (Foto del autor)
A Félix Ramos lo conocí un en un concierto y me impactó la forma en que tocaba su guitarra, (qué digo tocaba, acariciaba su guitarra), y como yo siempre he sido muy apegado a tan bello instrumento, no me perdía una nota de las que llaman “patas de cangrejo”, esas que nunca pude lograr dominar en mis años de estudiante y profesor, cuando pasaba largas horas cantando temas de José Feliciano y Silvio Rodríguez.

Esa fue la primera vez que vi a Félix, en una fecha que no puedo precisar, aunque ya había oído hablar mucho de él, no solo como músico, sino como persona y directivo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Las Tunas.

Después, allá por 2004, ya como miembro yo de la UNEAC, comenzamos a relacionarnos de manera estrecha, tanto por mi condición de presidente de la Filial de Cine, Radio y Televisión, y él como vicepresidente primero del Comité provincial, como por nuestros puntos de vistas la mayoría de las veces coincidentes, y, sobre todo, por la forma de ver la vida, de analizar los problemas, de comprender y querer a los demás de gratis, como se dice por acá.

Félix Ramos, en pleno acto de creación artística. (Foto del autor)
Desde entonces, entre Félix y yo ha crecido una amistad sincera y sin límites, y ha crecido también mi admiración por él, porque es una persona con un humanismo extraordinario y porque es como yo: dice lo que piensa de frente, sin segundas lecturas, sin segundas intenciones.

Mas, a pesar de la larga amistad, Félix siempre tiene el don de sorprenderme, ya sea por sus conocimientos amplios sobre cualquier campo del desarrollo y de la historia, por sus análisis mesurados ante problemas que pueden ser peliagudos, o por las cosas más sencillas que muchas veces pasan inadvertidas para algunas personas poco observadoras; pero hace solo unas horas Félix me sorprendió de una manera diferente, académica puedo decir, al defender su tesis de Maestría en Desarrollo cultural comunitario, acto con el que dejó una huella imborrable no solo en el tribunal, sino en el auditorio, del cual no fueron pocos los que hablaron cosas tan lindas de Félix que la piel se erizaba ante el orgullo de ser su amigo, o sencillamente su conocido.

En ese momento Félix disertó sobre la radio como un profesional íntegro del medio. Y de su espacio Pequeño concierto, hizo un análisis fenomenal, como dice cierto personaje de una novela brasileña, y yo, que soy un profesional del medio, aprendí con sus enseñanzas y confieso que volvió a sorprenderme por su caudal de conocimientos sobre todo el proceso radial.

Por todo ello no pude sustraerme a la necesidad de escribir estas líneas como un sencillo homenaje a mi amigo y compañero, ese que lo mismo sobrepasa las barreras de lo ordinario cuando acaricia su guitarra o cuando cautiva con su palabra, casi siempre sabia. Y quizás parezca una exageración, pero es lo que pienso.


domingo, 23 de diciembre de 2012



Miguel Barnet, expresó su gran orgullo por recibir la pluma con que escribió el mayor poeta popular cubano del siglo XIX.
Confieso que es muy cierto ese dicho popular de que las apariencias engañan, porque antes de conocer en persona a Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, pensaba que era un intelectual alejado de sus similares, y no por pedantería, sino por su excepcional currículo, su excepcional condición de mortal superior. Pero me equivoqué.

Recuerdo una visita suya a la ciudad de Las Tunas, donde vivo, como parte de sus funciones como guía de la intelectualidad cubana, y compartió con los miembros de la organización (entre los cuales me incluyo), y me impresionó su modestia y sencillez, pero sobre todo, su amor por Cuba, su propia cubanía, su apego a la tierra que lo vio nacer.

En aquella ocasión a Barnet la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia de Las Tunas, le entregó su símbolo: la réplica de la Pluma con que escribía el mayor poeta popular cubano del siglo XIX: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, el cual se ha entregado a muy contadas y excepcionales figuras de la cultura cubana, y después de entregada la distinción, la calificó como una de las más grandes recibidas en su vida, lo cual me llamó la atención, porque este hombre ha sido condecorado en medio mundo con las más altas distinciones.

Lo que pasa es que como él mismo explicó, es una distinción cubana, y sobre todo de Las Tunas, que tanto ha brillado en la defensa de la Patria, porque se le otorgó en la casa vivienda del Mayor General Vicente García González, uno de los artífices de la Guerra de los Diez años (1868-1878), y porque fue utilizada por un poeta excepcional. Todo eso, dijo, hace de este símbolo algo especial.

Por eso y por muchas otras hechos admiro a Miguel Barnet, porque he conocido más de cerca a una persona excepcional, y porque una vez más he comprobado que mientras más grandes son los hombres más grande es su sencillez. Enhorabuena.


viernes, 21 de diciembre de 2012



Por lo menos hoy, el mundo no se acaba.


Ha llegado el día esperado por muchos incrédulos, temido por los más creyentes, y el mundo sigue aquí, con sus altas y bajas, con sus riquezas y sus miserias, con sus grandes contrastes de derroche y limitaciones, con sus inmensas diferencias entres los que tienen mucho y los que no tienen nada, en fin, ”patas arriba”, pero vivo.


Llegó el día fatal según la opinión de quienes interpretaron a su forma el
Calendario Maya. Y el 21 de diciembre de 2012 está por terminar y no pasa ni va a pasar nada.


Los Mayas, según estudiosos, no creían en un final súbito de la vida terrestre, sino más bien en la culminación y comienzo de ciclos. Y hasta algunos de sus líderes actuales han hecho declaraciones a la prensa, en las que afirman que esta fecha marca el fin de una época y el comienzo de otra, según sus previsiones y creencias.

Pero sus profecías fueron aprovechadas por muchos especuladores para ganar dinero, y las visitas de turistas aumentaron considerablemente en la
Península de Yucatán –tierra de los Mayas- para tratar de desentrañar el misterio de la infundada afirmación del fin del mundo.


El mundo no se acaba, por lo menos hoy, aunque esté en crisis, aunque haya hambre, calamidades, pobreza extrema y riqueza también extrema; desigualdades cada vez mayores…


Tal parece, que la destrucción del mundo será un proceso lento si no se actúa a tiempo y con cordura por los más poderosos y por la voluntad de todos. Porque lo que sí creo que es seguro, es que la solución a los graves problemas actuales no vendrá del “más allá”, sino del más acá, donde habitan quienes tienen la posibilidad real de decidir que el mundo hoy finalice una época convulsa y comience otra mejor para toda la humanidad.


Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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