lunes, 22 de abril de 2013



La Editorial Sanlope, de la oriental provincia de Las Tunas, ha sido decisiva para el desarrollo de ese territorio, que tiene en esa institución a uno de sus principales baluartes de la cultura.

Lugar emblemático, de mucho quehacer, de versos y prosas, de editores y escritores, la Sanlope es un paradigma de entrega por el público, que ve en la Editorial a la luz para los escritores del terruño, que se han desarrollado en una buena parte gracias a la labor de la Casa editora.

En la década de los 90, un 31 de marzo, Día del libro cubano, trajo para los habitantes de Las Tunas la oficialización de la Editorial Sanlope, que acaba de cumplir 22 años de fundada con un amplio proceso editorial que suma ya unos 483 títulos, y que tuvo entre sus fundadores a Mirta Beatón y Lesbia de la Fe.

Nada mejor que tomar el nombre de Sanlope, anagrama del apellido de Manuel Nápoles Fajardo, hermano de El Cucalambé, quien fue el primer editor de José Martí y autor del primer libro tunero Flores del Alma, en 1868, para honrar y desarrollar la literatura en Las Tunas.

Poesías, fábulas, cuentos, ensayos, novelas, forman parte de la diversidad de géneros de esta Editorial que atesora además una variada colección de libros, de los más diversos temas.

Nombres como Guillermo Vidal, Alberto Garrido, Carlos Tamayo, el Indio Naborí, Antonio Borrego, Antonio Gutiérrez y María Liliana Celorrio son de obligada referencia cuando de habla de la Editorial Sanlope, que es, sin dudas, el más fuerte eslabón en la cadena de la producción de libros que muestran el desarrollo literario de Las Tunas.


domingo, 21 de abril de 2013



Alcibiades Puig nació para la música y desde muy pequeño aprendió a tocar la guitarra, como en una suerte o bendición que le dio ese don para lo que comenzaba a ser una larga carrera que sobrepasa las ocho décadas.

Allá por Cayo Juan Claro, en Puerto Padre, donde nació, Alcibiades comienza a escribir con solo 11 años, y junto a su inseparable guitarra, se acompañaba en aquellas letras de canciones que dejaban asombrados a los mayores, porque veían en el niño a un juglar que alegraría la vida de los demás con sus acordes y cantos.

Alcibiades siempre le ha cantado al amor, que va más allá del amor de pareja, porque para él, ese sentimiento está en toda persona sensible ante las cosas bellas, las buenas acciones, la vida misma.

Para los niños este insigne trovador ha escrito muchos textos que lindan con la poesía, y es emblemático aquel Amigo caracol, interpretado por su sobrino Aníbal, que fue premiado en el Concurso Cantándole al sol de 1992, premio que repitió un año más tarde con el tema Paloma, llévame contigo.
 
También Alcibiades tiene alma de maestro. Y durante toda su vida ha enseñado música a los niños sin pago monetario alguno, porque para él, el mejor pago es ver crecer a la esperanza y sentir el orgullo a flor de piel cuando ya de grandes los otrora chicos le llaman profe, en un gesto hermoso por tanta bondad y enseñanza.

A su Cayo Juan Claro y a su Puerto Padre Alcibiades le ha dedicado hermosas canciones, que hoy se erigen emblemáticas en la llamada Villa Azul de los Molinos, tierra que ama y donde crece aun con sus más de 80 años de vida.

Por cualquiera de sus calles se puede ver a este juglar, siempre con su guitarra a la espalda, repartiendo vida y esperanza entre los demás, mostrando cuan rica puede ser la existencia aunque se haya vivido más de ocho décadas de fecundo hacer, en cualquier lugar donde alguien lo detenga para pedirle una canción, y él, presto y emprendedor, solo tiene que desenfundar su guitarra para complacer a su público, que lo quiere y lo respeta, y lo tiene en el escalón más alto de su música, porque Puerto Padre, tierra bañada por la cultura cubana, tiene a Alcibiades Puig como a uno de sus más excepcionales hijos.



Desde la fría Canadá, ha llegado el empuje de sus notas musicales para alegrar este pedado de tierra oriental con su presencia. Son los estudiantes de la escuela de música La Seigneurie, de Québec, quienes por estos días compartieron con sus colegas de la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé, de la ciudad de Las Tunas, al oriente de Cuba, en una suerte de hermandad y unión a través de la forma más bella de lo bello, al decir de JoséMartí.

Los muchachos de piel blanca y ojos azules, han participado con los muchachos de la escuela vocacional tunera en un brillante concierto en el Teatro Tunas, que sirvió para clamar, una vez más, por la libertad de Los Cinco cubanos presos en Estados Unidos por combatir el terrorismo, y para homenajear a la Unión de Jóvenes Comunistas y la Organización de Pioneros José Martí, por sus cumpleaños.

Ya son cuatro los años que llevan los estudiantes de Canadá y Las Tunas en esta suerte de hermandad, y su estancia en esta tierra la aprovechan para visitar museos, donar instrumentos musicales, ayudar a la preparación integral de los profesores, y aprovechar la presentación de los muchachos canadienses en escenarios tuneros, como mismo los chicos de aquí han derrochado su talento en escenarios de Québec.

Los canadienses se han sentido a sus anchas, en sus recorridos por sitios históricos y comunidades, para conocer el desarrollo social de los cubanos, uno de los objetivos principales de este programa.

Todavía algunos profesores que vienen en este grupo recuerdan la histórica presentación de estudiantes cubanos en el Palacio de Montcalm, uno de los más importantes escenarios de la localidad francófona de Québec, donde está ubicada la escuela La Seigneurie, por la calidad mostrada en aquel escenario.

Y ahora, los estudiantes canadienses hacen lo mismo, y una muestra de ello fue un concierto, que sirvió como puente no solo para reclamar la libertad de Los Cinco, sino para estrechar más los lazos que unen a las dos regiones por medio de las notas musicales y la melodía. 



domingo, 24 de marzo de 2013

Idael Andrés Martínez, 25 años después.
Cuito Cuanavale, sur de Angola. La tierra roja huele a muerte y a metralla, a destrucción. Las tropas cubanas y angolanas conforman una resistencia imbatible ante los agresores sudafricanos. En el grupo de cubanos, Idael Andrés Martínez, un adolescente de solo 17 años. Es el 23 de marzo de 1988.

“Yo sabía que estaba vivo porque me sentía yo solo en la trinchera, porque cuando mirabas para los costados no se veía a nadie. Había neblina y mucho humo de la pólvora, y no se podía ver nada. Yo estaba convencido de mí pero cuando miraba a los lados no veía a nadie y solo se escuchaba la voz del médico llamando por el nombre a los compañeros para ver si estaban vivos, pero nadie respondía”.

Días antes las tropas de las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA) se encontraban a unos 200 kilómetros del poblado de Mavinga y son atacadas por las fuerzas sudafricanas y de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). Es tan grande el ataque que deben replegarse hacia las inmediaciones de Cuito Cuanavale, ante el peligro de ser aniquiladas.

La situación es delicada, si los sudafricanos penetran por Cuito Cuanavale todo el territorio angolano estará en peligro. Cuba no puede debilitar sus fuerzas cerca de la frontera con Namibia, pero decide enviar otros refuerzos para revertir la situación.

“Yo nunca había tenido un enfrentamiento así –asegura Idael Andrés-. En ese momento, más que nunca, me di cuenta de que los que estaban conmigo eran mis hermanos, a veces tenía que corregirlos y decirles, no saquen la cabeza y disparen, y me decían lo mismo a mí también porque a veces con el tiroteo uno perdía la noción del peligro y nos aturdíamos y sacábamos la cabeza para mirar lo que habíamos hecho, pero no se podía casi ni mirar, porque te podían divisar y llegaba la muerte”.

Los soldados cubanos enviados como refuerzo, junto con los angolanos y namibios, reciben los más despiadados ataques de las fuerzas sudafricanas en su intento de tomar el poblado de Cuito Cuanavale durante los meses de enero, febrero y marzo.

El 23 de marzo es el combate a gran escala y la tierra roja se llena de metralla y muerte.

“Sí, sí, esa batalla fue fundamental, vaya, la que decidió la victoria, pero créeme que cuando se acabó el combate que…, nosotros pensamos que no se había acabado, que iban a seguir, pero parece que el daño fue tan fuerte, se convencieron de que por allí no podían pasar”.

“Tenía que estar concentrado en la guerra, no podía perder la concentración porque teníamos que estar escuchando las voces de mando, pero mi principal pensamiento era Cuba, mi familia…, además ya yo había visto otros muertos… y mi pensamiento era Cuba: mi mujer, mi madre, mis hermanos, lo lindo que era estar en Cuba, sin ver todas las cosas que uno vio allá, porque cuando me pongo a pensar en las cosas que yo vi allá es triste, muy triste”.

La batalla de Cuito Cuanavale es el momento más trascendental de la lucha de cubanos y angolanos para impedir la toma del país por los sudafricanos y las fuerzas de la UNITA. Cuito Cuanavale fue una página gloriosa en esa lucha por la independencia.

Idael Andrés Martínez ha crecido mucho desde aquel 28 de marzo de 1988. En Las Tunas, provincia al oriente de Cuba, al lado de su máquina de realización de sonido de Radio Victoria, ha recordado aquellos momentos gloriosos y decisivos, porque en Cuito Cuanavale, aquel lugar del sur angolano, fue donde aprendió a vivir. 





Hace unos cuatro siglos, en el actual territorio que hoy ocupa la ciudad de Las Tunas se asentaron aborígenes cubanos en lo que se denominó el Cacicazco de Cueibá.

Zona rica y fértil lo que es hoy mi ciudad existió desde 1603, cuando se fundó el antiguo cacicazgo del Hato de Las Tunas, en el que el ganado nacía y se desarrollaba de forma silvestre, en los verdes y extensos pastos que poblaban la zona, adornados por la siempre mata de tunas, una especie de planta xerófita, que dio nombre al lugar por su abundancia.

Por las riquezas de la comarca, por lo llamativo de su paisaje, y por el encanto natural que ofrecía a los transeúntes, como paso obligado para el oriente de Cuba, en la segunda mitad del siglo XVII llegó aquí Diego Clemente de Rivera, quien construyó corrales para la cría de ganado. Rivera, quizás sin proponérselo, creó las condiciones para que otros criadores de ganado utilizaran sus tierras en su paso hacia el este. Ya en ese entonces la zona se conocía por San Gregorio de Las Tunas.

Y así pasaron los años y el territorio adoptó el nombre de Corrales de Las Tunas, hasta que casi en las postrimerías del siglo XVIII comenzó a llamarse Las Tunas de Bayamo, respondiendo a la división política existente.

Durante la campaña libertadora de los cubanos contra los españoles, en 1869, fuerzas del general Manuel de Quesada atacan la ciudad y aun cuando la zona estaba tomada por los mambises (nombre dado a los cubanos insurrectos), el general decidió retirarse, y los españoles, consideraron la batalla como un triunfo, y le dan al territorio el nombre de Victoria de Las Tunas, nombre que perdura hasta 1975, cuando el Gobierno revolucionario de Cuba le da al nombre definitivo de Las Tunas, que un año después, pasa a ser provincia, con la nueva división político-administrativa.

Hoy Las Tunas es una ciudad de primer orden, y capital de la provincia del mismo nombre, en cuyos ocho municipios viven más de 500 mil 400 personas.



Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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