miércoles, 29 de junio de 2016

Hace 10 días que estoy en Caracas, otra orilla, pero igual la mía.

Esta es una ciudad bella, acogedora, cautivante, con sus grandes avenidas, los miles de autos haciendo colas para llegar a su destino, las bellas mujeres, la gente con sus peculiaridades y todo el andamiaje constructivo que hace de esta urbe una de las más bellas de América Latina y un poco más allá.

Caracas te abraza y no te suelta más. 

Sus agradables temperaturas y los días de lluvia y esa llovizna fina que te acompaña a ratos, te incitan a caminar sus calles y compartir el calor de su gente.

Sabana grande es uno de los repartos más bellos de la ciudad. Los mercados, el paso de la gente sobre los adoquines de su boulevard, la forma de compartir los caraqueños se quedan por siempre en tu mente y tu corazón.

Caracas y su gente me tendrán por no sé qué tiempo. Y ahora, a solo 10 días de mi llegada, no tengo dudas de que disfrutaré de esta gran capital y de este gran país junto a este pueblo que se alza por encima de todo para seguir adelante, hacia el futuro que siempre tiene que ser mejor.

domingo, 29 de mayo de 2016

Sobre tus ojos
los párpados nacientes de la aurora.
Qué tenues tus sentidos
cuando busco en tu garganta
el punto exacto del deseo.
Sobre tu cuerpo
la llanura virgen a mis ansias.
Qué silencio cómplice del viento
cuando mi lengua se detiene
y penetra en tus arcanos.


El Fortín o fuerte de Vizcaya es un sitio histórico-arqueológico perteneciente al sistema defensivo y militar de Trinidad, la tercera villa fundada por los españoles en Cuba.

En esa instalación aparecen otros como la Cárcel Real, los restos de la Batería del Guaurabo y los de la Batería de San Pedro, y el Sitio La Mano del Negro, nombrado de esa forma por su cercanía al lugar homónimo, que en tiempos de la colonia era utilizado por los españoles para ejecutar sentencias de muerte.

Trinidad fue una villa fundada por Diego Velázquez, y desde entonces surgieron dos sistemas de fortificaciones militares, uno en el siglo XVIII y otro en el XIX y el Fortín de Vizcaya fue construido en 1840 para defender la entrada hacia el este, por el camino de Sancti Spíritus, una ruta que conducía al llamado Valle de los ingenios, de gran importancia económica.

Con su ubicación permitía el control del ingreso a la ciudad, con una estructura sólida, muros de mampostería techo de vigas y losas de barro y constituido por unas torretas aspilleradas, dos torres almenadas dispuestas diagonalmente.

En la actualidad el Fortín conserva la integridad de su estructura portante con todos sus muros perimetrales y sus dos torres techadas con viga y loza, aunque en el interior de la torre no aparecen vestigios de la escalera. En la parte superior está una ventana utilizada como punto de observación con cubierta plana, y en el lateral derecho de la atalaya la aspillera ubicada a los 0.99 m de la línea de fachada.

Este fortín fue remodelado completamente y en él radica una pequeño institución histórico-cultural.

La Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba otorgó en 2010 el Premio Especial al Fortín de Vizcaya, el cual también estuvo nominado para el Premio Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos.



sábado, 28 de mayo de 2016

La Galería Taller de Esculturas Rita Longa es una institución que ha sido decisiva en el desarrollo de las artes plásticas en Las Tunas.

Esa institución tiene la segunda colección de pequeño formato más importante del país, lo que habla por sí solo de su trascendencia, y ha sido decisiva su labor para que Las Tunas ganara la condición de Capital de la escultura cubana.

Rafael Ferrero, su fundador,  supo sacarle el máximo al espacio creado parabién de los tuneros, en una institución que cumple sus funciones de centro experimental, en el que cualquier escultor puede llegar hasta su seno y esculpir una obra o exponer lo hecho.

Cierto es que la institución ha pasado por penurias materiales que han hecho mella en existencia, y quizás por eso el centro no ha tenido más desarrollo, por la falta de visión acerca de su historia y de la importancia vital que tiene no ha podido aportar más a la noble causa de las Artes Plásticas.

No obstante la Galería Taller  es orgullo no solo para los artistas de la plástica, sino para una buena parte del pueblo que ve a la institución como suya, con su emblemática figura en las cercanías del centro histórico de la ciudad.

Por todo eso, a la institución se le debe tener más en cuenta, porque no es patrimonio de nadie en particular, sino de Las Tunas en general, y ese solo hecho compromete a una mirada diferente, impulsora, para consolidar su labor por el propio bien de la Capital de la escultura cubana.


domingo, 15 de mayo de 2016

La noticia ha llegado como una bofetada acabado de levantar. Quedé un poco incrédulo cuando la vi en Facebook, y en ese instante mi memoria recorrió sus recovecos para llegar hasta el punto exacto de La Veguita, aquella escuela secundaria básica en el campo emblemática en la zona de Vázquez, cuando yo, con apenas 20 años, conocí al Juglar de Puerto Padre, un señor ya entrado en años con una guitarra a cuestas y la docencia entre sus manos.

Enseguida nació entre nosotros una amistad que sobrepasó los límites de esa palabra, porque como podía ser mi padre, Alcibiades Puig me tomó como a un hijo, al que aconsejaba todos los días ante mis ansias por conquistar a una estudiante, o ante cada idea muchas veces descabellada de los 20 años.

Y no solo me ponía la luz roja ante las alumnas. Recuerdo que cuando comencé mi relación amorosa con Ana Maura, una bella profesora mayor que yo dos o tres años, todos los días me sentaba y me daba consejos para que fuera más maduro, porque la hermosa profe era madura y yo tenía que ponerme a su altura si no quería perderla.

También Alcibiades perdía el sueño cuando conquisté a Lisy, una bella estudiante que rompió todas mis pasiones, y él siempre andaba atajándome para cuidarme porque yo era un profesor al que no se le permitían relaciones con las alumnas, y «por nada de la vida podía tener problemas», me decía con la más seria de sus caras para después echarme el brazo, sentarnos en un rincón y comenzar a cantar nuestra canciones, o mejor, sus canciones, porque yo solo lo seguía.

Fue el amor por la música y la guitarra lo que más nos unió en aquel curso escolar en La Veguita.

Después, cada uno tomó su camino y hablábamos alguna que otra vez por teléfono, hasta que se fue a vivir un largo tiempo a La Habana, pero un día volvió a su Puerto Padre natal, y llegué a su casa con su sobrino Julián Puig, y su vida y mi vida se volvieron una fiesta cuando nos vimos.

Después, grabamos juntos un documental sobre Boquerón, como espacio comunitario cultural, del cual Alcibiades y su música eran el hilo conductor, y así nos veíamos una que otra vez.

Por eso, a pesar de sus casi 90 años, me sorprendió su muerte esta mañana del 15 de mayo, justamente el Día Internacional de la Familia, a la que Alcibiades dedicó todo su amor y empeño.

Con su deceso, se va un pedazo de mi vida.

Nota relacionada:





Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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