lunes, 7 de marzo de 2022


Cuando Julio César Pérez Viera recuerda la época en que tuvo que ayudar a su padre Monguito a hacer carbón durante el tiempo muerto, una sombra, casi imperceptible, pasa por sus ojos y se traslada al barrio El Donque, en la bahía de Cascarero, en Chaparra, donde con sus ocho años sobre sus flacos hombros desandaba la orilla de la costa y cuidaba los hornos como un pequeño centinela que preservaba el patrimonio familiar.

Eran los primeros años de la década del 60 del pasado siglo, y en cuanto terminaba la sesión de clases, echaba los cuadernos escolares en un bulto que se colgaba a su espalda, pasaba por su casa, le daba un beso a Pola, su madre, y seguía con sus hermanos Luis y "Pingüe" hasta donde estaba Monguito, tiznado, bajo el fuerte sol de la costa, colocando un palo aquí, otro allá, en el pequeño montículo que levantaba el horno, el cual para Julio se antojaba como el Pico Turquino, porque su estatura infantil se achicaba más frente a aquella loma que rugía calor y humo.

Sin embargo, sus tareas de niño-hombre no le empañaban la mente para el estudio, y el propio Monguito y la tierna Pola, le hablaban de cuánto tenía que estudiar "para ser algo en la vida", porque él no podía pasar lo que ellos, que doblaban la espalda desde pequeños para buscarse el sustento, aunque para Julio y sus hermanos ya era todo diferente, porque vivían en una nueva sociedad con la llegada de Fidel Castro y su Revolución.

Pero nada hacía mella en el carácter de Julio César, y su forma y pensamiento iban moldeándose sobre la marcha, como un niño feliz aun en medio de las dificultades, con sus ideas revolucionarias y justicieras inculcadas por Monguito, un comunista furibundo, que fue trasmitiendo los mejores sentimientos y principios a su prole de ocho hijos, fruto del amor con Pola.

Y así pasó el tiempo, y Julio César siguió estudiando convencido de que su misión principal era "comerse los libros" y hacerse un hombre "leído y escribido", como le decía Mamita, su abuela, que con su sabiduría natural también lo llevaba por los buenos caminos, como su nieto predilecto, por quien sentía un amor infinito.

Ya 1969, en el preuniversitario, cuando tenía ideas inmensas para estudiar Arquitectura, porque le gustaba aquella palabra aunque no sabía bien lo que era, la Juventud comunista pidió a los estudiantes un paso al frente para formarse como maestros, por las necesidades de la Revolución de llevar la educación a todos los rincones del país, y Julio César no se quedó atrás, y se enroló en las filas del magisterio, se formó como maestro primario en un curso emergente de un año, e impartió clases en un lugar llamado Los mameyes, en Manatí, La Viste, cerca de Vázquez, Chaparrita, Cascarero, y el centro escolar Troadio Bosh, en el propio poblado de Chaparra.

Pasados dos años, comenzó a presentar problemas en las cuerdas vocales y tuvo que dejar la docencia. Y un día, estando en la Dirección de Educación, Luis su hermano, dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas, le comentó que iban a abrir una plaza de periodista en el central, y le gustó aquella idea, porque la palabra lo fascinaba y se fue hacia la nueva tarea, inédita por demás.

Así en 1972 lo enviaron a pasar un seminario para dar inicio a su formación como periodista, junto a nombres obligados en la prensa de la actual provincia de Las Tunas, como Raúl Martes González, Roberto Doval Bell, Oscar Peña Peña y Rafael Quiroga, algunos de los pioneros en esos menesteres.

Y llegó la hora de la verdad.

Desde Chaparra, comenzó a hacer un programa en vivo, para Radio Libertad, nombrado Aquí Menéndez, de media hora, dedicado a la zafra, en el que era conductor, musicalizador, realizador de sonido, y hacía una radiografía de la zafra, entrevistaba a macheteros, operarios del central Jesús Menéndez, y complacía peticiones musicales con Silvana Di Lorenzo, que todos los días era solicitada por los hombres y las mujeres del azúcar.

Paralelamente al programa, hacía un boletín diario nombrado El Cañazo, de corte crítico, en el que analizaba la marcha de la zafra y sus deficiencias, y ese fue el preámbulo de su furibundo amor por los trabajos analíticos, esos que le quitan el sueño y lo marcan con no pocas personas que no entienden la crítica y lo miran con los ojos torcidos.

La segunda hora de la verdad fue en julio de 1978, cuando en la naciente provincia de Las Tunas se fundó el diario 26, del cual formó parte de su plantilla como reportero del equipo político-ideológico, y se forjó en los avatares del diarismo de la prensa plana, para lo cual le sirvió su labor como corresponsal del diario Sierra Maestra, de la antigua provincia de Oriente, en el que publicaba todo lo importante que pasaba en Chaparra y la región del norte.

En el periódico 26 Julio hizo época junto a aquel colectivo de jóvenes que sin ninguna experiencia en la prensa plana diaria, asumió el reto y se impuso a las lagunas de formación y oficio, se licenció en Periodismo y en la mayoría de las ediciones diarias se buscaba problemas por las críticas a lo mal hecho, como una característica que lo ha marcado por los años de los años, a veces con saña, por muchos cuestionamientos hechos sobre todo por los criticados, aunque siempre ha prevalecido la verdad y se mantiene a flote.

La década del 90 del pasado siglo fue convulsa para Cuba y el mundo, y con la caída del campo socialista y la Unión Soviética fue imposible mantener un periódico diario por la cantidad de papel en cada edición, y 26 fue reduciendo su salida hasta el semanario actual, y Julio César se fue a trabajar a Radio Victoria, hasta que un día de 1997, ingresó al colectivo de Radio Progreso como corresponsal en Las Tunas, donde ha consolidado su carrera que lo ha llevado a recibir el Micrófono de la Radio Cubana, por la excelencia de su labor profesional.

Así, aquel niño que sin dejar de estudiar hacía carbón para ayudar a su padre, que no ha dejado nunca su vocación de maestro, es uno de los nombres obligados en el periodismo tunero de la etapa revolucionaria y ahora recibe el Premio provincial de Periodismo Rossano Zamora Paadín por la obra de la vida, porque con su constancia, la afilada pluma, y la agudeza de su mirada, informa y analiza acerca de lo que pasa en este pedazo de tierra que un día de 1978 lo vio llegar, con su sombrerito de piel de castor, su verbo locuaz, y su cartelito de plantillero para sus colegas de profesión, resultado de su forma jaranera de ver la vida, sus cuentos a veces increíbles, y la cantidad de mujeres que lo han acompañado a lo largo del camino, algunas de las cuales le dieron cinco hijos, que son, junto a su profesión, la razón de su existir.


jueves, 20 de enero de 2022


A través de los años, en el Periodismo cubano hay sectores o temas reservados para los reporteros: la zafra azucarera, la agricultura, la economía… Y por ello, cuando una reportera asume algo de ello, los demás –hombres por supuesto- la miran quizás hasta con un poco de duda, ante la posibilidad de que no pueda entregarse de a lleno a los avatares del campo y de los números.

En la provincia de Las Tunas hay dos nombres emblemáticos de reporteros dedicados a la zafra: Luis Manuel Quesada Kindelán, ya jubilado de Radio Victoria, y Juan Soto Cutiño, que todavía analiza molidas, rendimientos en la industria y en los cortes, desde las páginas del semanario 26.

Y ahora, en tiempos quizás mucho más difíciles, los entendidos en la materia tendrán que mencionar el nombre de Yaimara Cruz García, una joven capaz de analizar cuánto pasa en la zafra de la provincia, y sobre todo con conocimiento de causa y con maestría para logarlo.

Yaimara es un personaje emblemático de mi gremio. Y no solo por su desempeño en varios cargos del periodismo de estos tiempos, sino, y sobre todo, por su forma de relacionarse con los demás, por su carácter bonachón y la manera en que estira su mano para quien lo necesite.

Madre de dos niñas preciosas –su gran reportaje- para esta mujer no hay empresas difíciles, y cuando emprende un tema se va a los centrales y a los campos, con el sol rajando la tierra y el bagazillo metiéndose por la nariz y copando los ojos, para compartir de tú a tú con los industriales y los protagonistas de los cortes, muy bien acomodados en las nuevas máquinas cosechadoras, pero también al lado de quienes tienen la tarea del corte manual.

Y las niñas, ¡ay las niñas! No hay un día en que Yaimara no llegue a la redacción con el último cuento de sus pequeñas, con la última ocurrencia, quien todos los días de este mundo le da la alegría de vivir desde que se levanta, y por las noches le da y le quita el sueño, en ese embrujo que emana entre madres e hijos.

Por eso es Yaimara una de las reporteras más queridas de mi gremio, y una de las más carismáticas, capaz de revolver en un instante el lugar donde llega, para que los demás sientan su presencia, aunque ella no se lo proponga nunca, porque su sencillez no le da para eso.

 

 



lunes, 17 de mayo de 2021

 


A Luis Sexto lo conozco desde que comencé en el periodismo, allá por los años 80 del pasado siglo. En aquel entonces, aunque nunca lo había visto personalmente, me llamaba la atención la brillantez de su escritura, y la forma en que llevaba al lector hasta donde él quería, pero había algo que me disgustaba en sus textos, a lo cual nunca le encontré explicación.

La explicación quizás estaba en que en mis comienzos lo encontraba demasiado brillante al compararlo conmigo, o en que mostraba cierto aire de vanidad cuando escribía, o en que creía que se las sabía todas en la profesión, o...

Sabía por quienes lo conocían de cerca y por los más viejos colegas, que era uno de los periodistas más querido y odiado al mismo tiempo, lo que le daba cierto aire de misticismo, porque como dice mi amigo Machado Conte, lo importante es que de uno hablen, mal o bien, pero que hablen, porque la indiferencia es decepcionante.

Así pasó el tiempo, y un día cualquiera de 2003, cuando cursaba un Diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana, Sexto era el profesor de Periodismo literario, y como yo andaba con mis prejuicios infundados y de causas desconocidas, pues no miraba bien a aquel hombrecito de tamaño, que hablaba demasiado bien del tema, y en una fría mañana, aproveché un análisis suyo sobre un reportaje de una colega dominicana en el que se evaluaba la narración para mostrarle mi desacuerdo con su análisis, un poco porque en verdad no compartía su criterio y un poco para encarar su probado talento dentro del gremio.

Sé, (por lo menos es lo que percibí) que a él no le cayó muy bien aquella discusión profesional, y a partir de ahí nuestro trato era distanciado -en mi apreciación, claro- durante toda la semana que duró su curso. Mas a mí lo que más me importaba era haber rebatido la opinión a uno de los grandes del periodismo, lo cual después consideré como una chiquillada llena de superficialidad.

Después, otro día cualquiera Sexto vino a la ciudad de Las Tunas, a presentar un texto que acababa de escribir, y lo entrevisté para un programa radial que hago los domingos, y cuyo título es Atrapando Espacios, y cuando terminé, pasé de forma irremediable al bando de los que lo quieren, porque me di cuenta en poco más de 30 minutos de conversación, de que en verdad estaba en presencia de uno de los grandes de las letras cubanas.

Y después, cuando ganó en buena y difícil competencia el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de toda la vida, pues me sentí reconfortado, feliz y satisfecho por esa justicia y me uno a quienes se inclinan ante este monarca de las letras, al que hoy cuento entre mis amigos.


domingo, 2 de mayo de 2021

 


Miguel López Montes me mira con cierto asombro mientras su agilidad mental se apodera del momento. No había pensado en eso, me espeta con su acostumbrada calma y sonríe pícaramente, para volver decir con toda la naturalidad del mundo: “Pero pensándolo bien yo creo que fue Elvis Presley quien copió la moña de mí”. Y vuelve a reír de buena gana, ante su respuesta o ante mi ocurrencia de afirmarle que se peina al estilo del Rey del Rock and roll.


Flaco, alto, parsimonioso, bien educado, son características físicas y psicológicas que avalan a este hombre que ahora se sienta frente a mí, para darme el privilegio –único por demás- de entrevistarlo por segunda vez en su vida, ante la noticia que corre por toda Cuba: por su brillante obra en su profesión el Instituto Cubano de Radio y Televisión le ha conferido el título de Artista De Mérito de la Radio y la Televisión cubanas.

Y entonces no me sustraigo a la tentación de dialogar con este hombre que es una leyenda viva en la radio en Cuba, que por más de 50 años ha entrado cada día en los hogares de Camagüey primero y de Las Tunas después, donde echó ancla un buen día de 1962 para formar parte inseparable de este pueblo, acostumbrado a escucharlo en el programa campesino o en los “mexicanos”, como espacios que lo han marcado a él y a miles de oyentes de este territorio.

- Vamos a empezar por aquella escuela católica de Camagüey, cuando comenzaste a dar los primeros pasos en la locución, o los segundos pasos.

- Yo desde muchacho aprendí a leer bien, entonces los curas me escogían para darle el nombre del claustro de profesores y el nombre de los alumnos a los visitantes de la escuela, curas que venían de otros países. Yo tuve la posibilidad de presentar a Los Chavales de España, que estaban de gira por Camagüey, a un personaje llamado Carlos Prío Socarrás, a Miguel Alfonso Pozo (Clavelito), un poeta que se convirtió en adivinador.

- Cuando aquello tenías unos 11 años

- Sí.

- ¿Y el Padre Chagui qué papel desempeñó en esa historia?

- ¡Ahhh! El Padre Chagui era el párroco de la iglesia de La Caridad y tenía un programa en Radio Camagüey y a mí me llamaba la atención aquello, y yo hablé con él. Le dije, oiga padre, cuando usted necesite una persona que le ayude allí yo estoy en la mejor disposición. (Ríe a carcajadas).

- Como anunciándote.

- Sí, como ya estaba en la escuela me llevó y todos los domingos hacíamos el programa.

- De esa escuela saliste graduado como mecánico automotor.

- Mecánico automotor sí. Estuve dos años en torno y después como mecánico automotor.

- Y cómo es eso de que querías ser psiquiatra.

- Sí no sé, me gustaba la locución y me gustaba la psiquiatría. Hoy podía ser el doctor López Montes… (Vuelve a reír). Pero qué sucede, que yo estaba un poco indeciso porque me gustaba la locución y en una oportunidad el viejo mío me dijo: bueno muchachito ¿qué vas a ser, psiquiatra o locutor? Y yo dije, me voy para la locución.

- Pero la locución viene de mucho más atrás… Dicen que te ponías como un loco en el patio con dos latitas conectadas a un hilo…

- Ah sí, te voy a explicar (Ríe de buena gana). El viejo mío tenía una finca y entonces yo en las vacaciones y en los momentos después del estudio, porque tenía que rendirle al viejo sobre el estudio, cogía un palo y lo pintaba de aluminio, y preparaba una latita preferentemente del talco Mabis, le hacía unos hoyitos, la ponía en el palito con un supuesto cable y cogía periódicos, revistas y me ponía a leer allí pa pa pa, y ahora vamos a ofrecer un boletín de noticias pa pa pa, y la vieja me miraba por la ventana: “muchaaaaaacho ven para acá”, y yo seguía allí. Me acuerdo que un día llega el viejo mío a la casa y le dice a la vieja: 0ye ven acá (yo estaba oyendo ¿no?), mira a ver con este muchacho porque se pasa el día leyendo cosas allí frente a una lata y se va a debilitar (ríe a carcajadas), y yo haciendo locución en lo que para mí era una radio base…

- Definitivamente después que sales del colegio religioso ya te dedicas a la locución, ¿no?

- Sí en el año 1959 yo…

- No, antes de 1059, en aquella emisora CMJK, La voz del camagüeyano…

- Ah sí, la CMJK.

- Allí empiezas a hacer tus primeros pasos en serio en la locución.

- Sí, porque el dueño de la emisora, Don Pancho, era amigo de mi papá, quien habló con él y le dijo mira, este muchacho se inclina por la locución, mira a ver qué tu puedes hacer con él allí… porque yo iba mucho cuando muchacho a la emisora y disfrutaba mejor ver aquellos micrófonos 44, y ver trabajar a los locutores y operadores que ir a un cine… Allí hice de todo; comencé de recepcionista, después cobrando anuncios comerciales, y Don Pancho me ponía a dar la hora y en algún que otro programita musical y me fui metiendo en ese mundo porque lo hacía bien, hasta que en 1959 me evalúo como locutor profesional.

- En aquel tiempo trabajaste en la cadena Partagás, en CMJA de Valdés Jiménez, en la Doble U… ¿cuál de aquellas emisoras te marcó más?

- La CMJK

- ¿Y por qué?

- Bueno pues primeramente porque empecé allí, mi voz salió al aire por primera vez por esa emisora, y fue mi primera experiencia en la profesión.

- Y allí hacías algunos anuncios…

- Allí se hacía de todo.

- A ver dime algunos de aquellos anuncios…

- Dime tú…yo no tengo el texto de esos anuncios…

- De alguno que te acuerdes…

- Bueno mira, de los que se hacían en vivo, había uno que decía (pone voz de locutor y habla como si estuviera frente al micrófono): Amigo fumador, si fuma por echar humo, ¡ahhh! fume cualquiera, ahora, si fuma por deleite, ¡ahhh! si fuma por deleite… fume Brisuelas, el mejor tabaco camagüeyano.

- Dime otro, dime otro…

- ¿Quiere usted vestir bien?... Muy fácil… Visite El Globo, templo de la moda en Maceo 72, saldrá complacido…

- ¿Siempre fuiste flaco López?

- Sí, siempre.

- ¿Y siempre te has peinado con esa moña?

- Toda la vida…

- Vamos a hablar un poco de tu llegada a Las Tunas, año 1962, por allá… ¿por qué?

- En el año 1962 yo estuve en Guáimaro, entonces se iba a fundar allí Radio Rectángulo. Yo cuando aquello tenía una máquina, y fui allí, pregunté el último en la cola, y pan, me senté a esperar. Cuando me tocó el turno, veo un señor llamado Pepe Gallegos, que era el presidente de los locutores en Camagüey. Y me ve y ah qué tal cómo andas, y nos saludamos muy contentos, y bueno ¿en qué tú andas? me pregunta. Bueno chico, me dijeron que venía un hombre de Camagüey a ubicar, y me dice, no no, compadre, yo aquí lo que tengo son plazas de tractoristas y otras cosas del campo, por qué no vas a Tunas, que es cerca y allá sí hacen faltan locutores… Y al otro día cojo la máquina y vengo para acá y parqueo por el Centro Médico…

- ¿Dónde era eso?

- Eso era… de la fuente de las Antillas un poquito para acá, y muy cerca estaba el edificio donde se encontraba Radio Circuito. Llegué allí y me identifiqué con la recepcionista que era Ancy Cordero y me dice el administrador viene a eso de las 3:00 de la tarde. Me senté y al rato yo veo a aquel hombre grandón que viene y yo digo caballeros, qué hombre más alto este, y era Rafael Urbino. No había plaza en ese momento pero a los pocos días volví y me puso un turno los domingos por la mañana, pero no fijo. Yo tenía que oír en el transcurso de la semana el programa del órgano, que lo hacía Cofresí, y teníamos una contraseña: si Cofresí decía y un saludo allá en Palo Seco al León López Montes, pues tenía que trabajar el domingo y venía.

- En aquel entonces todo se hacía en vivo y hay muchas anécdotas de la época. ¿Cómo es eso de un perro que entró una vez a la cabina de locución?

- Ah, sí. El aire acondicionado estaba roto: Eran las 6:00 de la tarde y estábamos dando el noticiero Oraldo Solís y yo, y con el rabillo del ojo veo una cosa negra que entra, pan pan pan, y cuando acabo de leer la parte mía y empieza Oraldo veo aquel perro, y todos estábamos algo nerviosos y allí mismo se acabó el noticiero. El tipo entró como perro por su casa.

- El programa campesino te ha marcado para toda la vida…

- Sí, seguro, llevo muchos años haciéndolo.

- ¿Y Ecos de México? Por ese programa creo que la gente te identifica más…

- Puede ser, sí, Ecos de México se llamaba antes México canta, y un día desapareció, pero después Urbino lo volvió a poner con el nombre de Ecos de México, y él lo hacía. Y un buen día estoy yo sentado en la emisora y viene Oscar Herrera y me dice: López hace falta que vengas un momento a la reunión del núcleo del Partido. Y voy para allá, pero pensando ¿qué habré hecho yo? (Ríe) Y entonces me dicen: Mira, Urbino va a salir de vacaciones pero no puede porque tiene que hacer el programa mexicano y dice que si tú lo haces él sí puede salir, porque para él tú eres el único que lo puedes sustituir, y me quedé con el programa definitivamente.

- Entonces has ido creciendo con estos dos programas.

- No, cuando comencé con estos programas ya tenía seis pies de estatura (vuelve a reír).

- ¿Qué es lo mejor que te ha pasado en la radio?

- Bueno chico ha significado la propia vida, han pasado tantas cosas, y muchas agradables, y este premio ha sido el principal que he alcanzado. Es mi vida dedicada a la radio.

(Nota: Miguel López Montes falleció en 2015).


sábado, 16 de enero de 2021

 


Cuando se habla de las artes plásticas en Las Tunas, hay que mencionar el nombre de Othoniel Morfis Valera.

 Él es un artista de una obra extensa y de calidad como curador y crítico de arte, y que compite en buena lid como promotor cultural.

Desde que era un pionero se inclinó por la cultura, y sus ansias lo llevaban por los caminos más inusitados para un niño, y se puede decir que desde ahí comenzó su carrera.

Aunque no se graduó de Historia del Arte en la Universidad Central, se mantuvo con la promoción, la curaduría y la crítica.

Y después ingresó a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y dirigió la Filial de Artistas de la plástica, hasta que por sus méritos comenzó en la vicepresidencia del comité provincial, hasta el pasado Noveno Congreso.

En el Callejón de la Ceiba, se siente pleno. Es este un proyecto comunitario que creó durante un verano y después que acabó la etapa para la cual estaba concebido ni él ni su público quisieron separarse de aquella idea fabulosa.

Profesional dedicado por entero a su labor artística, es admirable todo lo que hace para el bien de los demás, porque para los demás trabaja.

Su carisma le abre paso por la vida, y ahí radica su mayor grandeza, junto a su talento, claro, porque nació para el arte.

 

 

domingo, 3 de enero de 2021

 


Comienza un nuevo año, y retomo mi blog siempre Desde mi orilla, la que me da y me quita el sueño, aunque haya estado un poco abandonado, pero nunca olvidado.

El 2021 es de retos, metas, proyectos personales y colectivos, y sobre todo de mucha lucha por una Cuba mejor, en defensa de esta dignidad y libertad que ha crecido durante años y seguirá creciendo hasta el fin de los tiempos.

Yo felicito a todas las personas de buena voluntad no solo de mi país, sino del mundo, que también tiene que ser mejor. La humanidad merece todo lo bueno que hay en la existencia, esa que nadie puede opacar a pesar de las injusticias y los abusos. Todas las manos, todas, los negros con sus manos negras, los blancos con sus blancas manos, al decir del Poeta Nacional Nicolás Guillén, para llegar a la felicidad plena del hombre, y la mujer, por supuesto.  

domingo, 23 de agosto de 2020

 Elmer Almaguer Paneque posa su pícara mirada sobre mí al tiempo que la comisura de sus labios dibuja una sonrisa. Sobre sus piernas un nieto y una bisnieta rubios de ojos azules, bellos, se empeñan en no dejarlo tranquilo.

¿¡Ah?! Pero no te acuerdas bien, me espeta y me recuerda: “Segura casi nos mata y tuvimos que cambiar completamente la primera página del periódico”.

Y en verdad no recuerdo los detalles de una de las anécdotas más emblemáticas de Elmer y mía cuando estábamos de cierre juntos en el entonces diario 26, a finales de la década del 80 del pasado siglo y siempre tratábamos de imponer nuestra posición diferente en la forma de utilizar el color rojo con mayor cordura, pero sobre todo, sustentados en los conocimientos que teníamos del diseño y huyendo quizás demasiado de la norma que existía, muy generalizada, del uso del rojo de forma indiscriminada.

Cada vez que estábamos de cierre Elmer me decía “hoy rojo solo el machón”, en forma de broma, pero como para dejar sentado que lo utilizaríamos adecuadamente, y ese día quizás se nos fue la mano de acuerdo con los conceptos de los demás colegas del Consejo de Dirección, a quienes les encantaba el rojo, y todos los titulares de ese día lo utilizábamos en negro, pero basados en la sobriedad y un estilo que había que reconocer por los demás elementos gráficos usados, y un equilibrio evidente de los cuatro cuadrantes de la comunicación visual.

Así, ya con la primera diseñada, mirábamos con agrado nuestra obra, convencidos de que habíamos logrado algo diferente y bien pensado, y comentábamos el impacto que causaría la circulación de aquella edición del diario 26, cuando llegó Ramiro Segura, el director, a echarle un vistazo a la cara del medio.

- ¿Quién se murió? –preguntó Segura con cara de pocos amigos.

- ¿Cómo que quién se murió? –respondí.

- Sí, porque si la primera solo tiene rojo el machón es porque estamos de luto o ha pasado algo.

- No, Ramiro, es un estilo que se usa en el mundo –traté de explicar, pero el Director me paró en seco.

- En el mundo puede ser, pero aquí no.

- El problema es que nos avisaron que debíamos ahorrar el rojo porque no hay tinta –se atrevió a bromear Elmer con su cara muy lúcida y la ironía que siempre lo ha caracterizado.

- Elmer, esto es serio –volvió a decir Segura-. Ahora mismo me vuelven a hacer la primera plana y sin inventos –sentenció el director y nosotros tuvimos que recomenzar con nuestra labor, con formato y diseño nuevo, cargado de rojo.

Cuando Segura se marchó, Elmer me dijo: “ahora vamos a poner en rojo hasta las fotos”.

La anécdota corrió de boca en boca y los jodedores no cesaban de meterse con nosotros y cuando nos veían juntos comenzaban con los más diversos chistes desde que cambiáramos el color del machón hasta las más inesperadas bromas.

Elmer siempre fue –es- un tipo mente rápida para captar y trasmitir ideas. Aun cuando alguien pensaba que él estaba inmerso en sus formatos y diseños tenía el don de estar atento a todo lo que se conversaba y pasaba a su alrededor, y al menor descuido metía su “cuchareta” y se desembarcaba con frases y pensamientos únicos, emblemáticos, como aquella cuando Pancho Valdés, uno de los correctores trataba de justificar un error en un texto del reportero Juan Morales Agüero, en el que Pancho había “rectificado” Carrillón por el Carillón original y correcto escrito por Morales, y cuando Valdés ya apenado le confesaba a su interlocutor que había tratado de corregir un error, Elmer, sentado tranquilamente ante uno de los formatos de una página le espetó a la cara: “es decir, Pancho, que trataste de corregir y lo que hiciste fue cagarla”.

Más de 30 años dedicó Elmer al periódico 26, desde que dejó de ser fundidor en varias industrias para convertirse en formatista del diario, como alumno de Antonio Morales en sus inicios, y como profesor después de todos los que se acercaban a la especialidad en la que dejó una bella hoja de servicios.

Hoy, más viejo y jubilado, con nietos y biznietos sobre sus piernas, sigue siendo un lujo hablar con él, sobre todo para recordar y reírse con las mil anécdotas del emblemático diario 26 convertido después en semanario, de las cuales fue protagonista en un alto porcentaje junto al colectivo, pero sobre todo para comprobar que a pesar de los años él sigue siendo Elmer mente rápida.




viernes, 7 de agosto de 2020

 

Se nos fue el Niño grande del periodismo tunero: Leonardo Miguel Mastrapa Androin. 

Recuerdo esa foto con él y la jodedera de su tamaño por las nubes por lo que tenía que mirarnos desde arriba.  

Increíble ahora su quietud, nadie lo puede creer, nadie lo va a creer. Para todos los que lo queremos anda de viaje y en el periódico y en cada medio es como si estuviéramos esperando que vuelva para que nos contagie con su alegría, y con esa forma bonachona que nos cautiva, porque personas como él viven para siempre en la mente de quienes lo queremos.

sábado, 27 de junio de 2020

Hoy estoy con el gorrión que es un ave rapaz porque es el Día del Periodista Venezolano, fecha que festejé con mis colegas de TeleSur en 2016 y 2017. Fueron jornadas de celebración y trabajo, mucho trabajo, porque el canal multiestatal es una maquinaria que no para y busca información constantemente para ponerla en pantalla y en Internet.

A veces pienso que tengo manía de Venezuela y sobre todo del canal que ha sido mi mejor historia, mi mejor escuela. Todos los días pienso en Caracas, en cada una de las instalaciones de TeleSur, a donde llegaba cada día antes de las 7:00 de la mañana, desafiando el peligro del metro desde las 6:00 de la mañana en una ciudad que te atrapa y no te suelta por sus encantos,

pero que al mismo tiempo representa un peligro a cada paso por sus bellas calles por la violencia imperante.

Todo en el canal es fascinante. En el piso 1, donde se ubica la Redacción de Noticias, te atrapa la profesionalidad y la pasión de cada uno de los profesionales que trabajan en colectivo para lograr un producto de alta factura en la pantalla. La Mesa de Asignaciones, donde trabajé en los últimos meses, es electrizante la forma en que se gestiona el contenido propio del canal a través de sus corresponsales en todo el mundo. Pero lo mismo pasa en la Mesa de Redacción, donde también trabajé, en la cual los redactores no paran con las asignaciones de los editores de contenido. Y qué decir de la Mesa de Producción, que es la encargada de la salida al aire de cada ronda de noticias. Igual rigor tiene la Mesa de Diseño, o los editores de imágenes, el máster donde se monitorean las más disímiles señales, o ingesta, encargada de descargar los videos que solicitan los editores y productores. Es difícil de explicar tanta acción y hay que vivir la experiencia para saber de qué se habla.

En el piso 2 la Dirección General de Multimedia, donde se trabaja para el medio en Internet, con sus mesas de redacción, las redes sociales y las producciones de videos, donde comencé mis labores (como editor de contenido en todos los casos) y la Dirección de Programas Informativos, y el Deporte. Esto solo una pincelada porque hay muchas más áreas tan fascinantes como las mencionadas.

Por eso hoy extraño más a TeleSur y a Venezuela. Y sirvan estas líneas para rendirles un sencillo homenaje a mis colegas de la Patria de Bolívar, que hacen periodismo en las más difíciles condiciones de guerra que enfrenta el país por la crueldad de la oposición dirigida desde Washington.














miércoles, 22 de abril de 2020

¡Hasta el auto se protege en tiempos de Covid-19!. Este es un mensaje claro de esta ingeniosa imagen que encontré en Internet: ¡el nasobuco es imprescindible! Hoy es el mejor compañero de los humanos (¡y hasta de los autos en este caso!), porque ese aditamento es ahora mismo una de las prendas de vestir más codiciadas por la humanidad, ha dicho alguien. 

Además, la imagen contiene otro mensaje sugerido pero claro también: aislamiento social: ¡nadie a su alrededor! Entonces en una imagen cómica los dos mensajes sobre las dos claves para combatir al monstruo: nasobuco y aislamiento social. No hay de otra.





martes, 14 de abril de 2020


Tiene 78 años pero está como un trinquete, le dice al amigo que lo saluda en la calle y le advierte que debe estar en su casa. Sigue su camino firme, con un nasobuso verde que contrasta con su pelo lleno de canas.

Llega hasta cerca de las puertas del mercado y un policía lo saluda de manera cortés. ¿A dónde usted va mi abuelo? ¡¿Yo?! Al mercado a ver por cuál número va la cola para comprar el pollo y el aceite. ¿Y usted no tiene quien haga eso por usted?, le responde el policía. Bueno sí -dice un poco turbado el abuelo-, lo que pasa es que no aguanto estar en la casa. Pero tiene que estar, le dice el oficial del orden y el abuelo mira incrédulo a su interlocutor y busca a su alrededor a alguien que se asemeje a él pero nada, ni un adulto mayor a varios metros a la redonda.

Entonces ¿tengo que encuevarme en la casa?, dice medio molesto y el oficial lo mira fijo y le dice: claro, abuelo, eso es para cuidarlo. ¿Usted no sabe que estamos en medio de una enfermedad muy peligrosa? Sí, claro, eso lo sé –responde el abuelo- pero mire oficial yo soy un trinquete, no padezco de nada y además no ando dándole la mano a nadie ni na' de eso. No importa, le responde el oficial, lo mejor es que vaya para su casa, allí es donde va a estar seguro.

Está bien, está bien, se responde casi a sí mismo sin mirar al oficial de policía. Da la vuelta y sale a paso doble hacia su casa, murmurando palabras, peleando vaya usted a saber con quién, porque aquí ya no se puede ni salir, dice y sigue peleando mientras camina a paso firme hacia su lugar seguro, porque #QuédateEnCasa no es una consigna, es en estos momentos la única verdad ante el letal enemigo invisible.




domingo, 12 de abril de 2020


Estas son mujeres de Las Tunas, al oriente de Cuba. Mujeres en tiempos de no coronavirus, que disfrutan de las redes sociales en cualquier lugar de la capital tunera. Mujeres alegres, felices, estudiantes o trabajadoras, que ahora están en sus casas, solo con sus familias, para evitar el peligro. Y ellas saben que más temprano que tarde, volverán al parque Vicente García a estar en grupos o con sus parejas, mostrando al mundo la belleza inigualable que las caracteriza, como exponentes de las bellas féminas de esta región.

Fotos: Róger Aguilera
Esta es la ciudad de Las Tunas, mi ciudad, en tiempos de coronavirus y pandemias. Mi ciudad bulliciosa que ahora duerme a las 9:00 de la noche de cualquier día. Está dormida mientras sus hijos habitan en sus casas, lejos de la bestia, donde no pueda encontrarlos. Y aunque con gente se ve siempre bella, mi ciudad ahora tiene como un toque de distinción que le da una belleza singular, en silencio, vacía, dormida. Porque para despertarse nuevamente con las ansias de la primera vez tiene que descansar y obligar a sus muchachos y muchachas a mantenerse en casa, hasta que pase el peligro, porque solo ella, mi ciudad, es inmune al asesino, que morirá, nadie lo dude, pero solo con una ciudad vacía como ahora está la mía.



martes, 30 de julio de 2019


El clown crece en Cuba por el empuje de un grupo de jóvenes que bajo el nombre de Teatro Tuyo no ceja en el empeño de crear y crear para hacer felices a los demás.

Aquel grupo que nació en 1999 con el nombre de Piñata puede ser que no imaginara que trascendería en el tiempo bajo la mirada de Ernesto Parra, ese joven que un día estudió para cura y felizmente se decidió por la dramaturgia y la actuación.

Parra no para, no descansa y una y otra vez busca la felicidad, ese estado de gracia que llega hasta las butacas colmadas de los teatros o cualquier espacio en un barrio, escuela, o centro de trabajo, y no solo en Cuba, sino en otras tierras más allá de los mares.

Teatro Tuyo no es una copia de nada ni de nadie. Tiene sus propios patrones, sus paradigmas, en el afán constante de mezclarse con el público infantil y sus familiares, que gozan de felicidad en cada actuación, cual polea de trasmisión de ideas, valores y conocimientos.

Parra y su grupo constituyen hoy el mejor ejemplo de lo que se hace en el clown en Cuba y desde hace tiempo son una referencia para el teatro de la Isla, y siguen apostando por el lenguaje extraverbal, con presentaciones revolucionarias, y obras como Gris, Narices, que ya son historia de la actuación.

Teatro Tuyo apuesta por el triunfo desde que se amasa la idea, desde los ensayos, y en la puesta en escena derrochan el talento que lo vio nacer, al tiempo que demuestran la disciplina y el oficio que los hace un grupo de éxito.




Un acontecimiento inédito ha vivido la música de Las Tunas con la grabación de dos discos por el Sello Colibrí, disquera empeñada en difundir lo mejor de cada provincia del país.

Durante dos semanas de ardua labor cuatro agrupaciones del territorio y siete trovadores pusieron a prueba su talento y en los estudios de Radio Victoria se dejaron guiar por experimentados productores como los músicos Rafael Guedes, líder del emblemático Mayohuacán, y el experimentado Adolfo Costales, quien labora con Colibrí desde sus inicios.

Entrar en esos días al estudio de esta planta provincial era vivir un pedazo de melodía de cada uno de los protagonistas, que una y otra vez hacían sonar sus instrumentos en un trabajo que desgasta, porque grabar cada uno de los instrumentos, uno por uno, supone pasión y entrega pero también paciencia.

Guitarras, bongoes, tumbadoras, bajos, tres, voces, se escuchaban en las arduas jornadas de grabación en un acto en el que la mayoría de los músicos se enfrentaban por primera vez a un trabajo profesional como este que perdurará en el tiempo.

Los músicos-productores están agradecidos de Radio Victoria que le facilitó un estudio con todas las condiciones para lograr fonogramas de calidad óptima, por lo que han podido hacer los discos, un espacio idónea para este tipo de actividad.

El sello discográfico Colibrí reconoció la valía de los creadores de la provincia y difundirá su obra en la nación, y un poco más allá, además de lo que un material de este tipo significa para la posteridad y el resguardo de la cultura.







Suman ya más de 20 años y Yamila Coma sigue como el primer día, con las ansias que la llevan al lienzo en blanco y logra formas y colores que la identifican al pasar, porque su estilo se conoce y se impone con solo un trazo de vista de cualquiera amante de las artes plásticas.

Aun en medio de su juventud, Yamila crece y se expande como un viento de mujeres representadas desde sus más diversas esencias, porque la defensa de las féminas la fascinan y no pasa un día en que no se levante con una idea nueva sobre el tema que la ha hecho trascender en el tiempo y en el público.

Es Yamila una mujer de estirpe que se ha sabido sobreponer a las más difíciles barreras, a los conflictos cotidianos de una mujer de este tiempo que disfruta con creces sus papeles de madre, esposa, pintora, escultora, siempre con su mirada inquisitiva y callada en extremo, porque su verbo es el pincel sobre el lienzo, y su lenguaje son las formas y los colores que le dan vida, la sobrepasan y la catapultan hacia lo más alto, donde están quienes son los elegidos del talento para comunicarse con los demás de la forma más sublime.

Yamila Coma ya tiene más de 20 años de vida artística y para demostrar su madera ha sigue llenando espacios de obras perdurables en el tiempo aun cuando no le gusta trascender.

Porque ella se lo ha ganado y su público la sigue para reflexionar junto a ella, en el afán de hacer de lo cotidiano lo grandioso.






miércoles, 24 de julio de 2019


Hoy es el cumpleaños 14 del canal multinacional TeleSur, un medio que conozco al detalle porque fui parte de su colectivo profesional durante más de un año, en lo que constituyó mi mejor escuela, mi mejor historia dentro del periodismo.

Recuerdo ahora mismo el onceno aniversario, aquel 24 de julio de 2016, cuando con poco más de un mes de haber llegado al canal fui protagonista de la fiesta, del entusiasmo, de las nuevas metas y los nuevos compromisos siempre en defensa de la verdad, de alzar las voces de los desposeídos y enfrentarnos.

TeleSur es un canal que cautiva y una vez dentro de él uno se da cuenta de la maquinaria casi perfecta para informar al mundo de la verdad que esconden, distorsionan, omiten o tergiversan los grandes medios de comunicación al servicio del imperio y sus lacayos.

Leer más: Patricia Villegas: «Nacimos con el viento a favor y somos más importantes con el viento en contra»

Como editor de contenido de la Dirección de Multimedia en español, primero, y luego en las mesas de Redacción y Asignaciones, aprendí lo que es trabajar con un modelo de gestión de contenido casi perfecto. Y lo más importante, que los grandes monopolios de la información pueden ser enfrentados y vencidos, porque ahora mismo, qué hubiese sido de nuestra América Latina y un poco más allá sin TeleSur. Ni pensarlo es bueno.

Desde mi regreso de Caracas no hay un día en que no piense de TeleSur, y que no vea aunque sea un momento parte de su programación. Es una marca que llevo con alegría y felicidad para siempre por lo que representa trabajar  allí.

Y quiero terminar estas líneas, cual mi sencillo homenaje a mi canal, con el mensaje que hoy le he enviado a Patricia Villegas, la presidenta:

«Desde la corta distancia que nos separa, espiritualmente hablando, me sumo a los festejos de tu canal, que también es mío, con el inmenso orgullo de haber entregado más de un año de mi vida a la noble e importante causa que enarbolamos. Es un honor extraordinario sentirme parte del colectivo que conduces con tanto acierto, con tanta entrega y lo único que deseo es que el medio siga hasta el fin de los tiempos enfrentando con la verdad las mentiras y los ataques de quienes no soportan que exista TeleSur». Un abrazo desde #Cuba



sábado, 18 de mayo de 2019


El 28 de diciembre de 1988 fue inaugurado en Santa Clara un gran complejo monumentario en homenaje al Comandante Ernesto Che Guevara, protagonista de la batalla en esa ciudad durante la lucha de liberación nacional.

La concepción artística del monumento al Che estuvo a cargo del destacado escultor cubano José Delarra y es el fruto de tres proyectos diferentes: el monumento como tal, la Plaza Ernesto Che Guevara y la Avenida de los Desfiles, integrados a través de una sola concepción general.

En 1997 en este complejo monumentario se creó, además, un Memorial donde fueron depositados en octubre de ese año los restos del Che y varios de sus compañeros caídos en Bolivia.

La exposición permanente del museo constituye un recorrido cronológico por la vida y obra del Guerrillero Heroico. Se abordan diferentes etapas como la niñez, la adolescencia y juventud, y se hace énfasis en el marco familiar donde se formó.

El visitante también tiene contacto con la evolución de su pensamiento revolucionario.


Cuando se habla de cultura en Las Tunas, de la defensa de las raíces y la identidad de esta nación sin dudas hay que llegar hasta la Fundación Nicolás Guillén, donde cada día se busca una idea para demostrar que cultura es lo primero que debemos salvar.

En una pequeña habitación ubicada en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en la ciudad de Las Tunas, tres mujeres se empeñan en hacer el trabajo de cientos, y lo logran porque se multiplican en ideas para llegar a cada miembro de la organización.

Con la escritora Marina Lourdes Jacobo como presidenta, y solo dos profesionales que la acompañan en todo la Fundación tal parece que es mantenida por decenas de trabajadores, porque llega a los lugares más recónditos, a las comunidades, y sus actividades son caracterizadoras en la defensa de la vida y la obra del Poeta Nacional de Cuba que es la defensa de la cultura de este país.

Del Caribe soy y a Manatí vengo, Títereleyendo, Cineclub Viaje al interior, y La fiesta de Raíces y Tradiciones, son algunos de los espacios y eventos que buscan la voluntad de todos para llegar a los diferentes públicos, con puntos de contactos muy diversos en pos de la cultura.

Es amplio el abanico de opciones y actividades que muestra la Fundación Nicolás Guillén en Las Tunas, lo cual ofrece muchas posibilidades de acción, desde la diversidad, desde lo autóctono.

Nosotros nos sostenemos en el pensamiento de Guillén a manera de metáfora por lo que él nos dejó escrito no solamente en su poesía sino también en su prosa, pero si buscamos que la cultura es el hombre mismo en el proceso de su civilización, ha dicho su presidenta Lourdes Jacobo, y esa es la premisa que consolida su trabajo cada día.




Hace 15 años que partió físicamente y sin embargo siempre camina por las calles de Las Tunas, esta ciudad que lo vio nacer, crecer y morir. Y ahora, la jornada El quinto sol lo ha traído más cerca y tal parece que estuvo sentado en cada actividad, como mirando desde fuera su obra literaria, que se erige como la más prolífica y destacada de un narrador cubano en el siglo 20.

Sus amigos de entonces, los de siempre, han hablado y se han reído de las ocurrencias del Guille, de su forma única de narrar, de llevar a la ficción vidas reales, personas convertidas en personajes que hoy también trascienden el tiempo.

En un panel de valoraciones críticas sobre su obra acerca a los tuneros mucho más a Guillermo Vidal, y sus admiradores quedan con la boca abierta de admiración ante parajes de la vida del escritor.

Carlos Tamayo, por ejemplo, rememoró cómo para rendirle homenaje en el concurso nacional que lleva su nombre se requieren de peripecias para mantenerlo cada año, pero con el placer inmenso de que él siempre está entre los tuneros, mientras los creadores de todo el país prefieren hoy ese evento.

Muchos de los estudiantes de Humanidades de la Universidad caminan tras los pasos de Guillermo, quien sigue asombrando con sus historias sacadas de la realidad y sus ritos escriturales.

Guillermo Vidal no es solo el escritor excepcional, es también un tunero excepcional, de raíz, de convicción, y por eso su pueblo lo quiere y lo admira y le ha echado de menos a sus pasos por la ciudad en estos 15 años de ausencia física, aunque en el corazón, y más allá del alma, siempre atrae a todos, parafraseando a su colega Carlos Esquivel, porque la singularidad de su vida y de su obra lo merecen.




Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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