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domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuando se habla de las artes plásticas en la provincia de Las Tunas, el nombre de Pedro Escobar emerge por sí solo y con la fuerza endógena del talento, porque su trabajo y su obra desde que se graduó de escultura, van dejando una estela de calidad, que se corona en sus formas tridimensionales a escala urbana.

Pero no es solo en la escultura que se desarrolla este hombre sencillo, siempre presto a una idea renovadora, a un concepto que haga pensar al espectador, porque desde la docencia, su otra gran pasión, ha ayudado a formar a decenas de jóvenes artistas que hoy comparten con él las formas y los colores, con el orgullo que emana de quienes se dedican a la enseñanza de los demás, como un acto de infinito amor.


Pedro Escobar es recordado de manera sistemática porque sus esculturas siempre están expuestas por ser, en una buena parte a escala urbana, y quien contempla al Quijote que resguarda el paseo de la ciudad de Puerto Padre, no puede tener dudas de que se está ante uno de los grandes de la plástica en Las Tunas.

Es este un artista que no está quieto en sus ideas creativas, y siempre que alguien le deja entrever un proyecto en el que puede dar su aporte, allá va su pasión y su talento para convertir la idea en forma y la forma en arte del bueno, de ese que perdura hasta el fin de los tiempos.

De manos prodigiosas en la creación de las formas, Pedro es de los que gusta enrumbar su trabajo hacia los retos, las metas difíciles y las obras que pueden llegar a ser emblemáticas, y le fascina el mármol por su fuerza a la que se debe domeñar, pues cualquier pedazo de su blanca consistencia se interpone ante el corte del artista, con su empeño en lograr formas bellas y duraderas.

Y quizás por eso no deja de participar en las bienales de escultura de Las Tunas, la ciudad que lo acoge como a uno de sus mejores hijos, porque sencillamente sabe de su mano y su empeño para hacerla más bella, y la escultura siempre se levanta impetuosa después de un dibujo en el cual se vuelve precisión cada trazo, cada corte en busca del todo final.

Por ello no se puede escribir la historia de las artes plásticas de Las Tunas sin el nombre de Pedro Escobar, pues se lo ha ganado con creces con su obra creativa, tanto en las formas como en la docencia, en la cual ofrece todo su conocimiento, porque sabe que ahí también está lo perdurable, eternamente bello.



martes, 24 de noviembre de 2015

Las artes plásticas en la provincia de Las Tunas tienen en Iris Cruz Núñez una de las más importantes exponentes para su desarrollo, porque desde su posición de crítica de arte, ha sabido enrumbar esa manifestación con acierto hacia su plenitud.

Mujer de exquisito gusto y vasto conocimiento de la historia del arte, las formas de hacer y los conceptos más renovadores de las formas bidimensionales y tridimensionales, en esta intelectual se suman aptitudes que la llevan hasta los momentos y lugares más recónditos de la pintura y la escultura, y desde su posición de presidenta de la Filial de Artistas de la plástica de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en en Las Tunas, encamina las ideas y los proyectos hacia la necesidad y los deseos de los que la siguen en su empeño.

No importa que no haya sido médica si al final la vida le dio otra oportunidad para crecerse y realizarse, porque aquella pasión que sentía por la medicina fue aumentando pero hacia las artes, y hoy se alegra de que haya sido así, porque ahora su misión va más allá de la cura de enfermedades, y se erige en la curaduría y en la crítica de decenas de obras que se exponen, o se hacen para llegar a la felicidad de los demás.

Con mucha experiencia y sabiduría Iris Cruz no se conforma con andar a la sombra de los demás artistas de la plástica, y por el contrario se erige entre todos con su propia obra, porque la crítica y la investigación pertenecen a la creación, y a veces es hasta más importante, porque un pintor o escultor se ocupa de lo suyo, y ella se ocupa de los demás y trabaja para los demás.

Iris Cruz es hoy una artista de las necesarias para las artes de esta provincia, y así lo hacen saber quienes la siguen y hasta los que la miran desde afuera del círculo de la plástica, pues conocen de cerca o de lejos a esta mujer que lo da todo, lo apuesta todo por la felicidad de los espectadores, que se sienten agradecidos cuando contemplan una escultura o un cuadro, y en buena medida se debe a su sabiduría, pero sobre todo a su guía por los caminos de la espiritualidad plena a través de las formas dimensionales y tridimensionales.´

lunes, 5 de octubre de 2015

Ser uno de los más significativos exponentes de las artes plásticas en la provincia de Las Tunas es un compromiso extraordinario para René Peña Carbonell, un escultor que busca en cada forma una de las razones de su existencia.

Artista sensible ante las cosas bellas, humano a la hora de crear sus esculturas, y agudo en sus opiniones, siempre en busca de la perfección, René es un artista de academia, desde la escuela nacional hasta el Instituto Superior de Arte, y sus conocimientos salen a la luz en cada obra, que transpira siempre elementos de las más diversas tendencias, aunque una prevalezca sobre las otras.

René perteneció al grupo La Campana, emblemático, emprendedor y conflictivo en el mejor sentido de la palabra, porque sus propuestas hacían pensar, reflexionar sobre un tema, indicar caminos, quizás engorrosos, pero para nada inadvertidos, y sí muy sugerente a la hora de encarar el arte, que para ello está en su esencia.

Quizás esa experiencia lo hizo más maduro, porque muy joven se dio cuenta de que lo pensado tantas veces podía ser posible, y si tenía talento, conocimientos y colegas que lo enrumbaran, solo hacían falta su voluntad de acero y los deseos de comerse al mundo para salir adelante.

Y así ha sido siempre. René Peña no está tranquilo un momento, a pesar de tomarse unos meses sin crear formas físicas, porque su mente tiene un mecanismo revolucionario, una polea trasmisora, para concretar una idea siempre en función de los demás, porque para nada es un artista alejado del público y tiene en cuenta cada concepto o sugerencia que les lleguen de otras personas.

Amante furibundo de Las Tunas, su ciudad, cuando anda por sus calle no se pierde un detalle, nada escapa a su mirada escudriñadora, y entonces llega la propuesta de hacer esto o aquello, para legarle una urbe mejor a sus hijos, a las nuevas generaciones y hasta él mismo.

En la azotea de su edificio, convertido en un gran taller al aire libre, pasa noches enteras creando metal o madera, o ambas fundidas en un solo elemento, y se cuentan por decenas las veces que el primer grito de la aurora lo sorprende, empeñado en una forma que no queda como quiere o en la terminación de una obra que se niega a sus ansias, o con la satisfacción de una noche plena de entusiasmo y de tres dimensione hechas para perdurar.

De ahí que René Peña sea una de las personalidades más significativas de la cultura en Las Tunas, porque su concepción del mundo y del arte lo hacen singular cuando sus empeños nacen en forma de esculturas para hacer felices a los demás.


sábado, 15 de marzo de 2014

Los artistas de la plástica de Las Tunas se sienten algo defraudados por todo lo que tienen que pasar para hacer su obra.

Cuando van a pintar un cuadro, o hacer una escultura o a imprimir un grabado, sienten el rigor de las carencias, pero sobre todo, el rigor de las incomprensiones, de la falta de una mente fresca y clara que, por lo menos, piense en lo que deben tener y realmente tienen.

lunes, 13 de mayo de 2013



Antonio Morales, junto a su esposa Gisela, y sus dos lindos hijos.
No recuerdo exactamente cuándo conocí a Antonio Morales Arteaga, creo que fue a inicios de los 80 del pasado siglo, cuando comenzó a trabajar como diseñador en el entonces diario 26, de la oriental provincia de Las Tunas, medio en el que yo laboraba como fotorreportero, creo, porque después pasé al equipo de redactores-reporteros. Pero bien, eso es lo menos importante.

Lo trascendente es que Ñico y yo enseguida nos hicimos amigos, porque había una empatía tremenda entre nosotros, y ambos teníamos muchas cosas en común: nos gustaba la música, la literatura, el arte, la escultura, el Periodismo, la fotografía, y nos sentíamos felices cuando nos dábamos unos tragos en un círculo de amigos del propio periódico, y entonces él se entonaba y comenzaba a cantar aquellos bellos tangos de Gardel, y nos daban las tantas en aquel goce de la juventud medio loca.

Y así pasó el tiempo, y me hice amigo de sus hermanos, y conocí a sus padres en aquella acogedora finquita de San Agustín de Aguará, en Holguín, donde los plátanos machos crecían frondosos, y siempre hubo una gran admiración de ambas partes, y no fueron pocas las discusiones que nos buscábamos uno en defensa del otro pues por nuestra propia inmadurez a veces podíamos ser criticados por una determinada indisciplina, dentro del seno de la Juventud Comunista, en la cual creo militábamos por entonces.

Ya después, Ñico dejó de trabajar en el periódico y se dedicó a la escultura, porque en verdad tenía unas manos prodigiosas para esa que clasifica como una de las bellas artes, y nos veíamos poco, pero siempre nos acordábamos uno del otro y nos saludábamos por terceras personas allegadas a uno o a otro, hasta que un día supe que se iba a vivir a los Estados Unidos, a probar suerte, según creo me dijo, y no abundamos mucho en sus razones porque era su decisión, pero en el fondo yo sabía que se iba por una de sus aventuras locas, o vaya usted a saber.

Lo que sé a ciencia cierta es que Ñico era revolucionario por naturaleza, aunque podía discrepar de algo de lo que pasaba en nuestro país desde el punto de vista económico, pero amante de su tierra sé que lo era aun cuando decidiera vivir fuera de Cuba.

Ya después de vivir en los Estados Unidos, sabía de él por sus hermanos, porque en el fondo nuestra amistad es la misma, y lo volví a encontrar un día cualquiera en facebook, y a cada rato hablamos, pero sobre todo, leo todo cuánto escribe en esa red, y no son pocas las veces que se ha enfrentado a quienes de manera desfachatada arremeten contra Cuba olvidando sus raíces.

Por eso quiero, con su permiso, reproducir algo que un día cualquiera publicó en su muro, en respuesta a uno de esos que sienten un odio visceral por el país que los vio nacer y como muestra de la esencia de su pensamiento, aunque viva fuera de Cuba. He aquí sus palabra, que es decir, su pensamiento:

“Yo hable mal de Fidel Castro, allá en Cuba. Y pensé muy mal del Socialismo, allá en Cuba. Pero cuando llegue al Monstruo y le conocí las entrañas, jamás volví a criticar a mi país, ni a su Revolución. Cuando conocí los enemigos de Castro, cuando vi el odio que le tienen a todos los latinoamericanos, que le dicen indios. Menosprecian a todos los pueblos de América Latina. Solo sienten devoción por las Botas del Tío Sam y viven de la añoranza de una Cuba con Batista.

“Cuando conocí mis compatriotas de Miami, que son seres rabiosos, defensores de lo injusto a voz en cuello... Que sienten necesidad de odiar a diestra y siniestra. Son devotos al odio!!! Los que llegan primero odian al que viene después. Odian al que no nació en la capital del país y unos a otros... Jamás volví ni hablar, ni pensar mal de Fidel!!! 

“Y más cuando vi la farsante democracia de América Latina. Y cómo viven de explotados y olvidados, los países hermanos. QUE NO SON SOCIALISTAS!!! (Sé que muchos se hacen los ciegos y no quieren ver esto. Y como le sienten menosprecio a los latinoamericanos, no les duele que vivan en tan penosas situaciones)”.




Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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