viernes, 4 de diciembre de 2015

La primera vez que tuve conocimiento de Santa Bárbara yo era un adolescente de 11 o 12 años, que me atreví, junto a otros amigos del barrio, a visitar una casa ubicada a una cuadra de mi vivienda, donde todos los días 4 de diciembre hacían grandes fiestas en honor a Shangó.

Por ese entonces yo no entendía nada de aquello que me daba diversión y asombro, al ver a tanta gente alrededor de la Santa, que vestida de rojo con su elegancia de siempre, miraba con atención a todos cuánto le pedían deseos y le echaban flores, dulces, vino, aguardiente, manzanas, canela, en un ritual impresionante que deleitaba a todos, aunque algunos como yo, no entendiéramos nada.


De mi madre escuchaba que Santa Bárbara alumbraba el camino de muchas personas que se apegaban a ella, pero siempre con cierto recelo porque ella creía que las cosas con Shangó eran a partir de la sangre, y yo, como no entendía nada, solo escuchaba con atención todo cuánto me decía mi progenitora.

En aquellos tiempos la Santería o la religión Yoruba no eran bien miradas por muchos cubanos, sobre todo practicantes de otras religiones, y siempre existía una mueca de desdén al referirse a ellos, porque los veían como seres de malos sentimientos.


Hoy, aunque no voy a los homenajes a Santa Bárbara, conozco mucho más de esta guerrera y toda la estela de buenas acciones que aseguran sus seguidores, siempre al lado de su santa, que le abre los caminos y los llena de bienhechora luz. 

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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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