viernes, 22 de junio de 2012

Antes de conocer algo de un periódico por dentro, casi que me rompía la cabeza tratando de adivinar, cómo era posible llevar una imagen a un papel, sin pensar siquiera que un día yo iba a estudiar los principios de la fotografía y el fotograbado como especialidad de las Artes Gráficas.  
Así, por primera vez en mi corta vida, escuché hablar de Tipografía, Impresión, Fotografía de prensa, Fotograbado, Linotipo..., como algunas de las especialidades relacionadas con los periódicos, y enseguida me fascinó la idea de convertirme en fotorreportero y escuché con atención todo lo que debían hacer los interesados.

Era por aquel entonces estudiante de secundaria básica y tenía fascinación por las cámaras, las fotos, el cine y el periodismo, y estando en noveno grado se apareció a mi escuela un periodista y fotógrafo que le decían Gallo y conversó con los alumnos para captar estudiantes para diferentes especialidades de las Artes Gráficas, porque ya se vaticinaba la nueva división político administrativa en Cuba, y el territorio donde vivíamos sería una provincia y se abriría un periódico diario y había que preparar a los especialistas que trabajarían en la futura empresa.


Unos días después, varios estudiantes nos personamos en la dirección del Partido Comunista del entonces Territorio Tunas-Puerto Padre, perteneciente a la provincia de Oriente, y nos presentamos ante Gallo, cuyo verdadero nombre era Rosano Zamora Paadín y era el padre del periodismo revolucionario en la región, quien tenía la misión de echar a andar el futuro periódico, desde su posición de funcionario del Partido.

Nos apuntamos como pretendientes de futuros especialistas de las Artes Gráficas, con vistas a estudiar en la escuela poligráfica provincial Félix Bravo Hernández, de la ciudad de Santiago de Cuba, capital de Oriente, y unos días después tendríamos que presentarnos en aquel centro para hacer el examen de aptitud, que nos daría el pase a los estudios.

Y así llegó el día, y a Santiago nos fuimos un grupo como de 30 estudiantes de diferentes secundarias básicas, y en tren llegamos a la famosa urbe oriental, llena de lomas, historia y gente hospitalaria, por donde había comenzado la Revolución que triunfó el primero de enero de 1959, con el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, por un grupo de jóvenes comandados por Fidel Castro. Durante todo un largo día hicimos el examen cientos de alumnos de toda la provincia de Oriente y regresamos a casa en espera de la selección final.
 
Por aquellos días el curso escolar 1971-1972 terminaba, y un día Gallo, que vivía muy cerca de mi casa, me llamó y me dijo que había sido uno de los seleccionados y que tendría que marchar a Santiago a finales de agosto para comenzar el calendario docente el primero de septiembre, creo, y así fue.

De mi territorio habíamos sido seleccionados José Pérez Gamboa, Walfrido Machado (Palito), Alexis Peña López, Norge Santiesteban Vidal, Carlos y Alberto, cuyos apellidos no recuerdo y yo, quienes partimos a Santiago en la fecha prevista para iniciar el calendario 1972-1973.

Cuando llegamos a la escuela comenzaron a repartirse las especialidades según las solicitudes, y en Fotografía solo había una plaza, que en el caso de Las Tunas pedíamos Norge y yo y no recuerdo por qué se la otorgaron a Norge. Entonces me decidí por el Fotograbado, junto con Alexis, de lo cual me alegré tiempo después, porque con los mismos principios de la fotografía era una especialidad inédita en mi territorio y algo verdaderamente fascinante. José Pérez, Palito, Carlos y Alberto se inclinaron por la Impresión y la Tipografía.

Las clases teóricas se impartían en la escuela, ubicada en la calle Calvario entre Enramada y San Gerónimo, en el mismo corazón de la ciudad, y la práctica se hacía en los diferentes talleres de las Artes Gráficas. En el caso de Fotograbado Alexis y yo hacíamos las prácticas en el periódico Sierra Maestra, emblemático diario de Cuba, y que abarcaba a toda la provincia de Oriente, la más grande del país.

A la vuelta de tantos años me es imposible narrar la experiencia que para mí (y para Alexis) representaba estar dentro del periódico Sierra Maestra, por lo que era aquel medio de prensa. Y yo, además de estudiar en profundidad el Fotograbado, no me perdía ni uno de los rincones del taller y la Redacción del diario, y tuve en Bell y Ocaña a mis grandes profesores del Fotograbado, que me cautivó para siempre.

El Fotograbado cuenta como especialidad con tres departamentos: Copia, Pase y Grabado, y aunque uno se formaba integralmente, después de graduados los fotograbadores se especializaban en uno de los tres.

La Copia (el más fascinante para mí y del que depende la calidad del trabajo final), consiste en copiar en una película la foto que se quiere llevar al papel, mediante una cámara fotográfica oscura y a través de una retícula o trama, para lograr los puntos en relieve. La luz utilizada es cegadora, y se logra mediante carbones para que la imagen se capte a través del lente. Es preciso seleccionar la abertura precisa y el tiempo preciso de exposición, para que el negativo no quede ni subexpuesto ni sobrexpuesto.

Ese negativo se lleva al departamento de Pase, en el que se utiliza una plancha con una aleación de zinc y aluminio que se limpia con un polvo llamado piedra pome para quitarle toda la grasa. Cuando está completamente limpia se cubre con un esmalte sensible a la luz que se seca mediante calor, luego se le coloca el negativo encima y se le expone a la luz, también de carbón. Una vez expuesta ya la fotografía queda captada en la plancha, pero es necesario lograr el relieve para la impresión y entonces aparece el Grabado, que cuenta con una máquina con ácido nítrico rebajado con agua.

Dentro de esa máquina se coloca la plancha con la foto y se echa a andar; la máquina cuenta con unas paletas que giran a velocidad y le van tirando ácido a la plancha, para ir comiendo las partes blancas de la imagen. Al final, los puntos quedan a relieve y la fotografía está lista para la impresión.

Todo este proceso requiere de mucha maestría porque la precisión es vital en cada uno de los departamentos para lograr un trabajo de excelencia.

Una vez graduados en el curso escolar 1973-1974, regresamos a Las Tunas, pero como el periódico no había comenzado, me reorienté hacia la educación y comencé a formarme como profesor de Secundaria Básica, hasta que en 1978, cuando ya Las Tunas era provincia desde 1976, se iniciaron los preparativos del inminente diario con el montaje de todo el taller y la Redacción, y el 26 de julio de 1878, con la primera edición, salieron a la luz nuestros primeros grabados, todo un acontecimiento personal y para la provincia.

2 comentarios:

  1. Felicidades. Sería interesante que nos explicaras con más detalle las técnicas del fotograbado de aquellos tiempos. Por ejemplo: Ustedes preparaban la emulsión fotosensible o ya la compraban de fábrica? Se usaba algún aditivo en el ácido o simplemente se diluía con agua, etc. Podrías hacer un libro con tus experiencias. Te animo a ello. Un saludo. Jorge G.

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  2. Gracias por escribirme.
    En ocasiones se compraba de fábrica el esmalte y muchas veces la teníamos que hacer nosotros mismos, en un interesante trabajo químico en el que si te equivocabas te la cobraba al final. El ácido sí venía puro y cuando estaba muy fuerte nosotros también lo preparábamos con agua para evitar que echara a perder el grabado en la primera vez que se pusiera en la grabadora. Son cosas que quienes trabajan ahora en los periódicos desconocen, a lo mejor un día sigo tu consejo de escribir de esas técnicas que hoy no existen.

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