sábado, 3 de agosto de 2013



Hace dos días estoy de vacaciones y tengo la vagancia de guardia, por lo que apenas me siento frente a la máquina.
 
Estos dos días los he pasado leyendo, sobre todas las cosas, ya acabé Aquel año en Madrid, de Daniel Chavarría, y ahora comienzo a releer un texto que me encanta: Nosotros, los sobrevivientes, de Luis Rogelio Nogueras, aquel hombre que le decían El Rojo y a quien la muerte le juhó una mala pasada en plena juventud y de quien he le leído todas sus novelas y todos sus libros de poesía.

Acá en mi tierra, como en Cuba toda, el calor es agobiante. No se puede salir a la calle, porque el sol te quema sin piedad, y yo, casi que pago por no salir de aquí, aunque tendré que irme una semana para la playa con los muchachos y María en los próximos días, porque a pesar del calor, el mar siempre es una buena opción, aunque a mí no me guste mucho, pero me baño bien temprano y bien tarde, cuando ya el sol se esté apagando, y el resto del tiempo en el hotel, otra vez leyendo, o viendo TV.


Para los muchachos sí no hay sol que valga, se meten en el mar y no quieren salir, porque la juventud sí desafía el sol, aunque protegida con gorras y ropas de mangas largas, a diferencia de hace ya algunos años, cuando todos andaban ligeritos ligeritos de ropa.

Lo más importante de mis vacaciones es levantarme a la hora que quiera, sin el compromiso de trabajo que me reclama antes del amanecer, sabiendo que no tengo que encender el ordenador de manera obligada y con el cable a tierra todo el tiempo, al decir de Fito Páez.

Y como en la casa todos estamos de vacaciones, nadie tiene compromiso de nada, solo de ver películas, leer, pintar alguna que otra reja, o hacer limpieza hogareña, aunque al final, no pueda sustraerse de las redes sociales y en mi caso de este blog, que es parte inseparable de mi vida.
 
A muchos no les gusta agosto por el calor que trae consigo; a mí, sin embargo, me encanta este mes de descanso en el que mi organismo realiza un proceso de oxigenación para comenzar en septiembre una nueva y larga etapa de trabajo. Hasta entonces.


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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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