domingo, 22 de septiembre de 2013



El Kinde. (Tiempo21 Foto /Angeluis).
Aunque le dicen el lento, Luis Manuel Quesada Kindelán es un hombre ágil de mente en su gestión como profesional del Periodismo.

El Kinde, como le llaman sus amigos, hace gala de una profesionalidad envidiable, y aun cuando puede creerse que está viejo, con la pluma demuestra todo lo contrario, y su palabra es casi ley en eso de los avatares de la radio.

Lo de la lentitud es otra cosa. Eso le viene desde joven, y está dado por su pausada forma de hablar, quizás porque le gusta ver la vida despacio, y disfrutarla con la apacible calma con que un conocedor, un experto en artes culinarias, devora un suculento plato para saborearlo mejor.

Es el Kinde un frondoso árbol en el que pueden cobijarse los jóvenes y hasta los viejos en el Periodismo. Cuando habla de un tema profesional hay que oírlo; cuando ofrece una idea sobre una cuestión determinada de la radio siempre está en la verdad o muy cerca de ella, porque su caudal de experiencias es grande, porque echó los dientes en esta profesión, porque él hacía un noticiero casi solo en los primeros años de Radio Victoria allá por los años 60 del pasado siglo; porque ahora, desde su posición de jubilado, sigue siendo por derecho propio en el decano del periodismo radial en la oriental provincia de Las Tunas, 690 kilómetros al este de La Habana.

Durante muchos años de su vida profesional le dio tratamiento a los temas de la zafra azucarera, y sus análisis hacían reflexionar hasta a los especialistas del sector, porque sus argumentos eran atinados, profundos, agudos, y cuando decía que un central incumpliría su plan de producción o tenía problemas de calidad en el crudo, estaba en lo cierto, y no solo por su experiencia, sino por sus conocimientos.

Muchos son los premios recibidos por el Kinde en el recorrido de su brillante carrera. Y su mayor lauro es el reconocimiento de los oyentes desde que Radio Victoria era Radio Circuito, desde aquella convulsa década de los primeros años de la Revolución cubana, en que defendía con su pluma y con su voz este pedazo de patria en el difícil arte de comunicar.

Y de ahí que colegas y oyentes, compañeros de trinchera, lo premiamos cada día con admiración y respeto, porque a los grandes hay que mirarlos con la cabeza descubierta y con el cuerpo inclinado hacia sus pies.


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