lunes, 31 de marzo de 2014



En temas de cultura, la apertura de la Sala Titón como sede de la Cinemateca de Cuba, es uno de los mayores logros de Las Tunas en el desarrollo del Séptimo arte, y los amantes del cine dan gracias cada día a quienes acogieron la idea y la hicieron posible.

Ya la sala cumple cuatro años en mayo próximo, cuando se desarrolle, una vez más, el Festival de Apreciación Cinematográfica Cinemazul, del cual la Sala Titón es la sede principal, y durante todo este tiempo, son miles los tuneros que han llegado hasta la institución para degustar una buena película de la Cinemateca, o un documental hecho por realizadores tuneros, o para un evento de otra naturaleza, y las opiniones son favorables todas, porque además del servicio cultural que presta, se agradecen la gentileza, el trato y el buen gusto del pequeño colectivo de trabajadores.

Nunca antes de estos cuatro años, una sala cinematográfica había sido tan bien acogida como la Sala Titón por quienes van al cine en busca de algo más que el entretenimiento, porque ese público especializado acude al lugar con la certeza de que ha de ver un buen cine, con ciclos que son tan bien acogidos por los amantes de los 24 cuadros por segundo, que muchas veces cuando terminan dejan eternas ganas de seguir viendo la filmografía de un director o de un actor determinados.

Aunque no solo se trata de disfrutar de una película. En la Sala Titón existe la filmoteca, donde se puede adquirir muchos de esos filmes que alguna vez nos han quitado el sueño, además del centro de información, donde existe la colección de la revista Cine cubano, o mucha bibliografía impresa para satisfacer las necesidades de información.

Ahora bien. Lo que quizás no sabe el público es que en esa sala no existe ni una sola máquina computadora para guardar los materiales en soporte digital y por supuesto, para prestar un mejor servicio, pues con esa tecnología, con solo llevar una memoria flash se podría llevar a casa o a la universidad o a la escuela todo cuanto haga falta para utilizar a la carta.

Los trabajadores de la institución todo tienen que escribirlo a mano, no pueden contar con los cientos de GB que existen de la filmografía mundial, por lo que el servicio que prestan al público es muy limitado en ese sentido, y tampoco cuentan con una máquina para la sala de proyecciones, por lo que solo pueden utilizar DVD, y privarse de todos los dispositivos de almacenamiento que existen.
Y hay que preguntarse: ¿cómo es posible?

¿Cómo puede ser que quienes un día tuvieron la brillante idea de abrir la Sala Titón y los que continuaron esa idea, no se hayan puesto a pensar en lo absurdo que resulta que una institución como esa no cuenta con las tecnologías de la información y las comunicaciones, con acceso pleno a Internet, tanto para almacenar información como para realizar búsquedas y satisfacer las necesidades de los usuarios.

No es posible que en cuatro años el colectivo de la institución y su público no tengan esas posibilidades, sin ninguna justificación, porque ¿cuántas máquinas computadoras tiene en sus oficinas la propia Empresa del Cine y la Dirección provincial de Cultura, por ejemplo? Y no es que no les haga falta, pero la Sala Titón es una prioridad, como la brillante idea de su apertura hace casi cuatro años.
Es difícil creer en situaciones como estas en tiempos como los que vivimos. Porque puede ser que pasara un año o hasta dos sin esas tecnologías para ser flexibles y tratar de comprender las razones. ¿Pero cuatro?  

Cuatro años es demasiado tiempo para sostener una deficiencia como esta, que no puede justificarse ni con la más perfecta de las justificaciones.

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