miércoles, 6 de agosto de 2014



Cuando Oscar Herrera García trabajaba era algo así como la bujía que prendía la chispa en el colectivo de Radio Victoria, su eterno colectivo.

Pero Oscarito no siempre fue un hombre de radio. Él, como muchos otros, comenzó en la prensa escrita, escribiendo para el periódico Sierra Maestra en la antigua provincia de Oriente. Y andaba reportando los avatares de la zafra y de todo cuanto ocurría en el pequeño territorio que ocupaba Las Tunas antes de ser provincia. Y así fue creciendo.

Ya en la raio era siempre de los más productivos, de los que no descansan detrás de la noticia, y escribía y trabajaba sin cesar, aunque era jefe del Departamento Informativo desde que se fundó Radio Victoria como emisora provincial, en 1976.

Como Oscar era incansable y quisquilloso para que todo saliera bien, y su carga de trabajo podía ir más allá de sus posibilidades quizás un día de 1992 enfermó gravemente, porque tuvo una hemorragia cerebral y todos temblamos ante la posibilidad de su muerte, y el sector entero estaba pendiente de su evolución, que duró 21 días en reposo absoluto en el hospital Lenin, de Holguín, y en el Ernesto Guevara, de Las Tunas, hasta que le dieron el alta pero estuvo un año sin trabajar.

Después de ese tiempo inició su faena como reportero, lejos de la jefatura, pero con una advertencia clara del médico: “Tienes que tomar las cosas con calma, no puedes esforzarte demasiado, y cuidado con la lucha”.

Pero Oscarito era mucho Oscarito, y su pasión por la labor reporteril lo llevaba a largas y productivas jornadas, aunque sus compañeros y los jefes lo atajaran y entonces él ponía un poco el freno, pero en cuanto se le olvidaba su dolencia volvía a apretar el acelerador.

En materia reporteril, Herrera García esa el periodista de los grandes acontecimientos, de las grandes coberturas; fue delegado a uno de los congresos de la Unión de Periodistas de Cuba, y en una ocasión anduvo de recorrido con el General de Ejército Raúl Castro, cuando era ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Oscarito era no solo la bujía para el trabajo. Era la bujía en los juegos de softbol, en la organización de las fiestas, como delegado a la Asamblea provincial del Poder Popular… porque su carisma era inspirador, y envolvía a todos con su entusiasmo, con sus alegrías, con sus ocurrencias.

Ya en 2008 decidió jubilarse, pero no retirarse, porque nunca ha perdido el vínculo con la emisora, y después de jubilado le otorgaron el Premio por la obra de la vida, está nominado a ese mismo Premio en los últimos años por la Unión de Periodistas de Cuba, y está propuesto para el Micrófono de la Radio Cubana, porque él, periodista de los buenos, incansable jefe y reportero, sigue siendo bujía inspiradora para sus colegas que aún están en las redacciones, y para los que llegan ahora o están por llegar, porque su nombre definitivamente está inscrito en la historia del Periodismo tunero, el mismo que él empujó desde la ya lejana década del 60 del pasado siglo, cuando llevaba a las páginas del Sierra Maestra todo lo que acontecía en este pedazo de tierra que lo acoge como a uno de sus mejores hijos.


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