martes, 16 de septiembre de 2014



Cuando un grupo de jóvenes periodistas y realizadores de Radio Victoria apostaron por un espacio informativo que acompañara a los tuneros con los primeros gritos de la aurora, quizás no pensaron que Hablemos de, el nombre de la revista, se mantuviera en la preferencia de los oyentes más de 30 años después.

El nombre de Hablemos de suponía hablar de todo, de esto y de lo otro, porque la información es más rica como la vida, y la vida moderna sin la radio es pobre, pues levantarse con las noticias contadas con intensidad e intención, es un agradecimiento a esos hombres y mujeres que cada día madrugan para que uno esté bien informado.

Es Hablemos de un ejemplo de constancia y dedicación, de amor por lo que se hace, de ansias de satisfacer las expectativas de quienes prefieren la información a los programas variados, porque el estar bien informado desde que amanece es una necesidad para saber por dónde anda la provincia de Las Tunas, Cuba y el mundo.

De ahí que cada día, y desde hace más de 30 años, los diferentes colectivos de Hablemos de han sabido cumplir con las exigencias de la audiencia, aun cuando en ese tiempo se han experimentado diferentes etapas, no todas buenas, pero los deseos de trabajar bien siempre han sido los mismos, pero el tiempo, cuando es demasiado, atenta por momentos contra la propia vida.

Hoy el primer espacio informativo de la radio en Las Tunas compite con muchos otros espacios de emisoras nacionales y a televisión, y su colectivo de realización es de lujo, como de lujo es también el equipo de redactores y reporteros que buscan, procesan y trasmiten la información; el equipo de dirección del Departamento Informativo, que cada día analiza qué salió bien y qué salió mal, y traza proyecciones informativas y hasta de realización para la próxima emisión, esa que siempre constituye un reto.

Mantener la información durante dos horas y con el ritmo que lleva la noticia es una de las cosas más difíciles de la radio. Satisfacer las expectativas diarias del oyente, escuchar sus quejas y sugerencias, acudir hasta los más remotos lugares de la provincia en busca de un hecho trascendental, reflexionar sobre lo mal hecho, educar, formar, orientar son constantes de este espacio que se levanta cuando los gallos aún duermen para concluir pasadas las ocho de la mañana con la satisfacción o la insatisfacción por algo, pero sobre todo, con la proyección de que cada emisión tiene que ser mejor.

Por eso hay que inclinar la frente ante Hablemos de, esa revista que para muchos ya es imprescindible en sus vidas, siempre con una mirada agradecida a todos cuántos han pasado por el espacio y han dejado su impronta por el bien de la información, del periodismo, de la propia población.


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