miércoles, 24 de diciembre de 2014

Foto tomada por mì en 2005, con motivo de su
visita a Las Tunas y que después formó parte de
mi exposición personal Rostros y otros instantes,
Esta es la historia que nació de una entrevista que le hice a Adriana Pérez, la esposa de Gerardo Hernández Nordelo, uno de Los Cinco, en julio de 2005, cuando su amado llevaba siete largos y difíciles años en cárceles de Estados Unidos. Fue con motivo de una visita de ella a la oriental provincia de Las Tunas, en la que compartió con gente de pueblo. En un momento libre, nos sentamos a conversar en el Museo Mayor General Vicente García, y de aquel diálogo surgió este testimonio, que fue publicado por aquellos días, y que ahora, cuando ya Gerardo está en casa y ella espera al hijo(a) que tanto deseaban, vuelvo a proponerla al público por la vigencia que mantiene.

                       I
¿Quién falta por despedirme?

Gerardo Hernández Nordelo lanza al aire la pregunta al tiempo que recorre con la mirada el grupo de personas que han acudido a despedirlo. Y encuentra los ojos de su amada, Adriana Pérez, que lo miran fijamente, con la tristeza de una distancia que ya comienza a ser real. Y la ve detenida en el tiempo, como haciéndole ver que se niega a la separación. Y se estremece en su interior, y trata de adivinar cada uno de sus pensamientos, al tiempo que recuerda en solo un instante cada minuto vivido, en la grandeza de un amor que cada día tiene alimento nuevo. Quiere caminar hacia ella, pero está como aferrado al piso, porque él también se niega a la separación. Entonces, como sacando fuerzas de lo más íntimo de su ser, se acerca a ella, con la prisa de un siglo, hasta que siente entre sus brazos el delicado cuerpo de su amada, a quien besa casi sin fuerzas para soportar tanto dolor. Y se vira, y no vuelven a mirarse más, y cada uno busca la fortaleza que necesita para alejarse, y camina como flotando en el aire, hacia la distancia.

                                                II
Fue un momento muy duro. Sabíamos que la separación iba a ser física, pero no sicológica ni sentimental porque ambos siempre hemos estado implícitos en la vida del otro de una manera permanente. Nunca imaginé una despedida fuera tan larga, real y tan distante. Fue una despedida muy dura, desgarradora para los dos, porque aunque yo no sabía lo que Gerardo estaba haciendo y sentía la necesidad de seguir a su lado. Habíamos disfrutado de un tiempo juntos muy lindo, que sabíamos que tenía un momento final que eran unas vacaciones, pero que no queríamos ponerle final. Y el final llegaba con la despedida y nunca me imaginé que el tiempo me deparara tantos años de separación. No me gusta recordar la despedida como todo lo que me dejó, eso me alimenta mucho más.

Ahora nos sustentamos en muchas cosas. Primero nuestra relación tiene 19 años, y ha tenido como patrón fundamental el amor. Con el amor tú vas creando determinadas condiciones para que se siga desarrollando, determinado nivel de comunicación, de respeto, de admiración, de sinceridad, y eso va sustentando el edificio que hemos levantado durante todos estos años.


Cuando nosotros analizamos el tiempo que llevamos separados, nos agarramos de todos los recuerdos lindos de una relación que la hemos llevado a cabo sin grandes problemas, sin grandes discusiones, conflictos, lo que da la posibilidad de desarrollar muchos valores dentro de ella, que al final de la vida te dan la certeza de decir: tengo muchas cosas que recordar, muchas cosas por las cuales seguir viviendo y seguir haciendo para volverlas a vivir. Nunca hemos perdido la esperanza de volvernos a reunir. No es posible que yo renuncie hoy a ese amor por no sacrificarme como lo hace él, aunque para mí no es un sacrificio, es el valor de nuestro amor y las añoranzas de vivir juntos.

                                                III
Nosotros nos conocimos en una parada de ómnibus cuando éramos estudiantes, y empezó una relación de amistad a través de unos poemas que él comenzó a regalarme. El primer poema se titulaba "Poema de muchacha de la parada", y a partir de ahí comenzamos a establecer una relación muy buena, y por eso cuando te hablaba de la base que sustentaba nuestra relación, habíamos ido poniendo diferentes tipos de piedra para sustentar entonces lo que serían los cimientos de este edificio.

Primero teníamos muchas cosas en común: las amistades, las ideas que teníamos para el futuro, los valores, la familia que teníamos constituida hasta ese momento, y era algo que nos daba mucho sustento para nosotros también.

El noviazgo duró un año y ocho meses. Planificamos el matrimonio con mucho tiempo, es decir, con siete meses de antelación y empezamos a preparar todo lo que nos iba a dar mucha satisfacción para disfrutar los preparativos del matrimonio.


La boda fue en 1988 por lo que cumplimos 17 años en el actual julio, y recuerdo un noviazgo muy tranquilo desde el punto de vista de que no había nada que entorpeciera la relación, pero sí tratábamos de disfrutar cada momento, compartíamos juntos los trabajos voluntarios, teníamos poco tiempo para compartir algunas cosas, y tratábamos de sacar entonces el tiempo para permanecer juntos, ya fuera en la guagua, nos poníamos de acuerdo para tomar la guagua o la tomábamos en diferentes paradas y nos hacíamos señas cuando uno de los dos iba en ella para que el otro montara, disfrutábamos esos raticos, y a veces nos veíamos en el malecón, disfrutábamos del cine, el teatro, compartíamos con muchos amigos y siempre estábamos preparando algún tipo de excursión. 


Recuerdo un buen noviazgo y así mismo ha sido el matrimonio. 
Él dice que es un noviazgo eterno, que no ha cambiado y creo que esto también se debe a que mi mamá nos vio parece que tan enamorados y expresó que ojalá y eso nunca acabara ni con el tiempo y él le prometió que no, que eso no cambiaría, le dijo "no señora, no se preocupe que nunca va a cambiar, siempre seremos así" y lo ha demostrado hasta el punto de que él evita que mi mamá conozca alguna diferencia entre nosotros para no darle el disgusto.

                                                IV
¿Caracterizarte al Gerardo de aquella época? Es el mismo de ahora, no ha cambiado. Gerardo ha madurado con los años, con las responsabilidades, pero no ha cambiado ninguna de las cualidades ni de los valores que tenía cuando lo conocí. Es el hombre de detalle, responsable, alegre, optimista por naturaleza, muy serio a la hora de enfrentar algo, muy analítico, muy regado, pero muy cuidadoso, a pesar de su desorden no pierde absolutamente nada, sabe dónde está cada cosa, pero es una persona conservadora desde el punto de vista de los detalles y de cuidar las cosas, le gusta conservar las reliquias o cualquier objeto que le regalen que represente algo para él, le gusta mantenerlo hasta el final, con mucho cuidado y celo, es muy humano y muy honesto, le gustan las bromas, y por supuesto dice cualquier mentira para bromear pero no las deja así, no le gusta dañar a nadie ni siquiera con un gesto o palabra.


No es el hombre que habla en el primer instante, él deja que todos hablen y expresen sus criterios y cuando se puede él da el suyo, sin imponerlo, llevando quizás a un análisis a todos los demás, pero sin imponerlo, por eso creo que estudió una carrera muy afín con su personalidad que fue la diplomacia. Gerardo es una persona que entra a un lugar y todo el mundo tiene que mirarlo aunque él no haya hecho absolutamente nada, pero se gana el cariño de las personas prácticamente sin hablar.


¿El detalle que más te gusta de él? (Se ríe a carcajadas). Hay muchas cosas que me gustan de Gerardo, no puedo decirte una en específico, pero mira, su humor... es el conjunto de los detalles, él no olvida una fecha, es una persona... ahora pensándolo así, de las cosas que más extraño de forma directa porque no me ha faltado, pero que en la convivencia siempre estaba permanente es la forma que él tiene de sorprenderte... Tú a veces piensas que Gerardo ha agotado todos los recursos que te pueden alarmar, sorprenderte, pero no, tiene una facilidad para ingeniar las cosas, para llevarlas a efecto, para crear, que siempre está pendiente de sorprenderte. Él aplica eso de que el amor hay que cultivarlo todos los días, no falta un halago, una sonrisa, una crítica, un obsequio por mínimo que sea, un mensaje, y son detalles. Yo podría entrar a mi cuarto y estar haciendo cualquier cosa y de buenas a primeras sorprenderme por encontrarme una flor en el lugar menos esperado.

Él a veces que se incomodaba un poquito conmigo porque decía que yo no tenía la misma curiosidad de todas las mujeres que iban a registrar, a buscar y a veces me podía demorar más tiempo del que realmente él quería para yo encontrar algún detalle de ese tipo, porque lo podía poner debajo de una almohada, o en una gaveta de la ropa interior, o simplemente dentro de mi monedero, o de mi creyón de labios, que hasta que yo no lo destapara no lo tenía.


O como me ocurrió en una oportunidad, que dentro de un bolígrafo me puso un mensaje de amor y cuando lo abrí para cambiar el repuesto a los varios meses, fue que lo encontré. Aun Gerardo ya lejos, fuera de Cuba, encontré muchos de sus mensajes en cualquier lugar porque es la forma que tiene de estar presente a cada momento. Por eso te digo que es un hombre de muchos detalles que no pasaba por alto un color de esmalte de uña, unos aretes, una ropa nueva o hasta una posición al pararme, algo que fuera nuevo para él siempre se iba a dar cuenta. Fíjate que estuvimos mucho tiempo sin comunicación, totalmente aislados, y la primera vez que recibió una foto mía al cabo de tres años, me describió todo lo que había en la foto, al punto de que pudo definir qué yo tenía colgado en mi cadena en ese instante, y me sorprendió porque ni yo misma podría darme cuenta en la foto, él buscó cada detalle y lo describió.


                                                V
Siempre quisimos tener dos hijos, hembra y varón... dos por aquello de no dejar un hijo solo, de que los hijos únicos son más dependientes de los padres, y se sacrifican un poco de esa manera, de que no podían hacer toda su independencia; mi mamá me enseñó también que un hijo solo no conocía el amor de tío, de sobrinos, de cuñados... Gerardo tiene dos hermanas más, una ya fallecida, y yo tengo un hermano también, menor que yo, y Gerardo es el más pequeño. Siempre estábamos valorando cómo hacer... queríamos que fuera primero una hembra, por solicitud de él, porque como iba a ser el nieto más chiquito de su familia y supuestamente el nieto mayor de la mía, podía ser muy malcriado si era un varón, y era preferible una hembra para que todo el mundo volcara aquellos sentimientos, y luego vendría el varón.

Después, cuando ya había pasado un poco el tiempo, que si nos quedábamos con uno que si iba a ser hembra, o varón, yo quería que fuera hembra, él varón, para que siguiera el apellido, toda esa historia quedaba ahí; ya habíamos empezado a preparar una canastilla, con el comienzo del Período Especial, yo estudiaba y habíamos pensado que cuando terminara mi carrera, porque estudiaba y trabajaba... y así pasó el tiempo y llegó la misión de Gerardo y comenzamos a posponer un poco este sueño porque la edad nos lo permitía; y ya en una conversación llegamos al acuerdo de no tener los hijos estando separados, porque me parecía un egoísmo de mi parte criar a un hijo sin que él tuviera participación directa o que no pudiera disfrutar de todo eso, que a lo mejor no existía la posibilidad para tener un segundo hijo y que él nunca lo podría vivir y él estuvo muy de acuerdo.


Entonces se empieza a valorar el nombre que si era varón tal nombre, que si era hembra... por eso en el libro
El dulce abismo existen tantas cosas escritas con el nombre, y hasta tenemos una apuesta con el nombre, que la cumpliremos en dependencia del que gane, pero siempre hemos visto esto con optimismo, con determinada madurez en caso de que no pueda ocurrir porque el tiempo va marcando determinadas funciones biológicas y puede que no llegue.

¿Lo que más quisiera que sacaran mis hijos de Gerardo? (Ríe a carcajadas) ¿Desde el punto de vista físico o de valores?

Bueno, de valores todo, excepto el desorden (vuelve a reír) que no es un valor, es un defecto; y físicamente... yo el otro día estaba sola pensando dentro de todo lo que pienso en el día, y estaba pensando en lo que le diría a Gerardo con respecto a eso de los hijos... yo conversaba sola -como siempre hago- pero como si él estuviera frente a mí y respondiéndome, y le decía tú te imaginas que un hijo nuestro que por lo general saca las cosas de la tercera generación, en este caso hereda las cosas de sus abuelos, que saque todo lo feo que tengan tus abuelos y tus padres porque hasta ahora tú tienes cinco sobrinos y ninguno ha sacado la frente de tu mamá, la nariz de tu papá... y empezaba yo misma a sacar todos los defectos y yo misma me reía por la respuesta que él me daba, porque eso es algo que sí tenemos muy bien; yo hablo con Gerardo en mi mente y Gerardo me responde, y es exactamente lo mismo que Gerardo me responde cuando se lo escribo... ¿pero qué me gustaría que sacara de Gerardo?... la sonrisa, me gusta como Gerardo se ríe, muchísimo, y el color de los ojos... ¿Y de mí?... Las cejas.

                                               VI
Cuando supe en lo que verdaderamente andaba sentí muchas cosas, y no fue tanto en el instante en que me lo dijeron como después, cuando ya me quedé sola pensando, y lo que sentí fue temor a cómo podía yo enfrentarlo, aunque por supuesto sentía temor a que le pasara algo malo, y siempre dije que no estaba preparada para una pena de muerte, pero sí para cualquier otra cosa. Siempre dije que yo necesitaba prepararme, y que yo estaba segura de que el primer año iba a estar sin muchos problemas, pero de ahí en lo adelante tendría que acumular fuerzas. Sentí en el primer momento una mezcla de cosas... primero sentí que el corazón se detenía y dejaba de respirar, por la impresión de conocer la noticia en ese momento, de lo que estaba ocurriendo pero sobre todo de lo que vendría después.


¿Qué pasaría, qué ocurriría con los cinco, qué tipo de cargos podrían enfrentar, qué pasaría con la historia después, porque vinieron tiempos de silencio total?; sentí orgullo cuando me dijeron lo que era, me di cuenta de que no estaba equivocada con el hombre que había elegido, pero sentí que los sueños se habían detenido, como mismo se detuvo en ese instante mi corazón y mi respiración, se detuvieron los sueños, y pensé en todo lo que habíamos planificado, y quedaba dormido en ese momento.


Él tiene muchos planes para cuando llegue, tengo muchas cosas, muchas ideas, vamos a hacer muy felices, me dice, y son respuestas a ciertos temores que tengo sobre la convivencia porque son muchos años sin convivir, acostumbrada a vivir sola, a comer sola, a dormir sola, a decidir cosas solas, y él me dice que no le tiene ningún temor a la convivencia porque está convencido de que tiene tanto amor y tantas cosas nuevas que hacer, rectificar los errores anteriores.


El primer mes no quiere que nadie nos moleste, dice que quitará el teléfono, el timbre, lo quitará todo, y pondrá hasta una puerta de hierro para que la gente se rompa los nudillos cuando toquen, para poder estar independientes, porque realmente necesitamos conversar, encontrarnos desde el punto de vista de las cosas que no hemos tenido y yo trato de todas formas de mantener todos los valores y sus detalles, y todo lo que compro lo guardo, y todo lo que hago es en función de los dos, preservo todas las cosas como a él le gustan, y eso es lo que tengo siempre para él.

 
                                               VII
Vuelves al papel en blanco, a dejar esta hilera de pensamientos para siempre, para que ni la muerte pueda acabar con este amor insigne y profundo que le tienes y con esta gratitud inmensa que le profesas. Y sientes la mano de Gerardo que se aferra a tu pelo, y sus labios acarician tus párpados, y te recorre su aliento, y te sorprendes con la rosa que sin darte cuenta ha acunado en tu regazo. Entonces, sin la prisa de los pasos, con la pasión y la entrega de los locos, recoges los besos que has sembrado, y sientes cómo tu cuerpo se levanta y se funden en un solo ser, y se vuelven apacibles los agresivos temporales, y se aman en la penumbra del silencio para beber distancias por demás inconmovibles. Penetras en su risa, la misma que desvela tus sentidos, y te miras en sus ojos, como buscando la razón de amarlo tanto, mientras tu cuerpo se estremece a la sombra de ese árbol que ha cobijado tu existencia y que ahora es la realidad atada al tiempo. Caminan muy despacio, con las olas bañando los pies desnudos, y su hombro se vuelve tu almohada, mientras tienes la certeza de que el amor es como el viento al fuego: aviva a los fuertes y apaga a los débiles.



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