martes, 28 de julio de 2015

El día que los médicos cubanos Tomás Milanés Sánchez y Ernesto Pérez Domínguez se estrenaban en la comunidad de Tumú, Distrito de Sissala, a unos mil 300 kilómetros al norte de Accra, la capital de Ghana, ocurrió un hecho que los conmovió en lo más profundo de sus sentimientos: una niña de tres años llegó al centro en estado crítico, mordida por una serpiente.

La pequeña había sido mordida por una cobra cuatro días antes, y los curanderos del lugar comenzaron a aplicarle tratamientos tradicionales, que nada pudieron hacer contra el potente veneno del reptil.

Beatrice, que era el nombre de la niña, murió sin remedio. Por cada orificio de su pequeño cuerpecito emanaba rauda la sangre. Y así acababa una vida recién comenzada y Ernesto y Tomás tuvieron su bautismo de fuego y enfrentaron una realidad solo conocida por leyendas, películas y alguna bibliografía.

A partir de ese día los galenos coordinaron con los líderes de las comunidades del lugar para informar y convencer de  lo poco efectivo de los tratamientos caseros en estos casos, y la necesidad de acudir con urgencia al hospital.

El trabajo estuvo dirigido también a la parte preventiva y se orientaron medidas de protección para las viviendas y los trabajadores agrícolas, en tanto se creó todo un movimiento encaminado a disminuir el tiempo que media entre la mordedura del reptil y la asistencia médica.

No fue fácil convencer a los nativos sobre esto, pero 11 meses después de aquel fatídico día el panorama era diferente.

En todo ese tiempo las más de 200 personas mordidas por serpientes fueron tratadas por los dos galenos de la provincia de Granma, al oriente de Cuba, y  el 90 por ciento de ellas sobrevivió, éxito que estuvo avalado por un trabajo científico que encabezó el doctor Tomás y que tenía como objetivo fundamental convertirlo en un material imprescindible a la hora de tratar estas urgencias.

Las mordeduras  de serpientes constituyen una de las principales causas de muerte en las comunidades asentadas en las selvas de Ghana, ese país del África subsahariana.

El andar descalzo, la búsqueda de alimentos en los campos y el trabajo en los cultivos, traen como consecuencia que estos reptiles produzcan tantos daños en la poblacion local, aunque los ataques disminuyeron gracias a la labor preventiva de Ernesto y Tomás, dos jóvenes que protagonizaron una verdadera cruzada contra las serpientes.

Ernesto y Tomás son recibidos por Gilbert Badzoe Kanton V, Rey de Tumú. 




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