lunes, 27 de julio de 2015

Dicen que el edificio se estaba cayendo y por eso lo derribaron.
Yo era un niño y andaba con mi padre –como casi siempre- por el centro de la ciudad de Las Tunas, donde nací y vivo, y mi papá, como chofer de alquiler, tenía su piquera frente al hotel Plaza, en el mismo corazón de la entonces pequeña localidad.

Recuerdo la cantidad de día que pasaron tumbando aquel edificio emblemático, centro de reunión de los tuneros de la época, y recuerdo claramente a pesar de mi cortísima edad, cómo una inmensa grúa, con una inmensa bola de hierro, golpeaba las paredes del edificio, que se negaban a caer, a pesar de «que se estaban cayendo».

Lo cierto es que aún en medio de la difícil tarea lograron barrer con el hotel Plaza, que era un gran centro comercial, con el cine Martí como parte del complejo, y los tuneros nos quedamos sin el emblemático inmueble.

Debe haber sido por el año 1965, cuando yo, de la mano de mi padre, visitaba su piquera y me llevaba para arriba y para abajo, orgulloso él de su pequeño primogénito.

Después en el mismo lugar vacío y de una terrible soledad, comenzaron a hacer una edificación que no tenía ni pie ni cabeza, y los tuneros de entonces le nombraron el Fantomas, por aquella película francesa emblemática cuyas varias partes se pasaban en los cines de estrenos, y el lugar tenía una cafetería y pasadizos que nadie entendía, con bancos a la redonda para sentarse.

El hotel Plaza quedaba al lado de la cafetería La Dichosa, hoy una hamburguesería, justamente donde quedaba la piquera donde trabajan mi papá y Tío Vitico, con aquellos carros americanos –nuevos, claro- que le daban vida a mi ciudad.

No recuerdo mucho de su interior, solo que una o dos veces mi padre me llevó a ver alguna que otra película de entonces.

Hoy, por suerte, y para emendar un poco el error cometido, en el lugar del Plaza se erige la Plaza Martiana, orgullo de mi ciudad y única de su tipo en América Latina, aunque aquel hotel emblemático haya sido insustituible.


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