domingo, 4 de diciembre de 2016


Fidel ya está en el corazón de una roca, enorme, sólida, fuerte como el Caguairán.

Es una roca de granito bajada de la Sierra Maestra, de su Sierra, para hacerlo perpetuo en el tiempo que ha sido su cómplice desde que dio el primer grito de la aurora en su Birán natal.

El pueblo de Cuba todo lloró su partida, pero sobre todo, juró ante su sagrado concepto de Revolución para caminar junto a él por los siglos de los siglos.

Raúl, el General, el Presidente, su hermano menor, él mismo, ha depositado sus cenizas en el corazón de la Roca y lo ha saludado militarmente, en un gesto simbólico que no es más que una frase, un pensamiento: ¡Comandante en Jefe. Ordene!

Porque Fidel, nadie lo dude, continuará ordenando, y nosotros, los cubanos de hoy y de siempre, seguiremos cumpliendo su mandato.


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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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