jueves, 29 de diciembre de 2016

Caracas, Venezuela.- Su nombre es Florencio pero todos le llaman Moisés, quizás una suerte de título basado en aquella importante figura del judaísmo y el cristianismo, el islam y el bahaísmo, corrientes en las que se le venera como profeta y líder espiritual.

Ese fue un nombre que Florencio escogió cuando era hippie, allá por los años 80 del pasado siglo, cuando se las tenía que ingeniar para vivir en este, su país natal, con la rebeldía sobre sus hombros y la molestia en lo más hondo de su ser por tanta injusticia, pobreza e ignominia, que carcomían las bases de la nación.

Y entonces habla de 1989 cuando él vio niños y jóvenes muertos con disparos en la cabeza como acciones de los gobiernos de turno, y habla con orgullo de cuando Venezuela parió a Hugo Chávez y algunos años después enrumbó al país por nuevos derroteros para darle voz y vida a los pobres.

Ahora, a punto de terminar el 2016 Moisés asegura que hay personas que no se acuerdan de aquellos tiempos y reniengan del chavismo, y eso le enciende la sangre porque él chavista es y será hasta que se seque el mar de Puerto de la Cruz, donde vive, aunque es oriundo de Ciudad Ojeda, la tercera urbe más grande del estado de Zulia.

Y entonces me enseña su brazo derecho en el que tiene tatuada la firma del Comandante Eterno, porque es una manera de rendirle tributo al hombre que venera, y me hace una anécdota de cuando en un lugar de cuyo nombre no quiere acordarse, no lograba vender ninguna de sus obras artesanales porque casi todos eran antichavistas, le miraban el brazo y cuando veían la firma de Chávez desdeñaban su mercancía, de mucha calidad por demás. Hasta que un amigo se dio cuenta y le dijo: "Moisés, tienes que andar con mangas largas para ocultar ese símbolo", y solo entonces pudo comenzar e vender y comprobó la superficialidad de algunas personas.

A Moisés lo encontré vendiendo sus obras de cuero en el Parque Nacional El Ávila, allá donde la altura domina el horizonte, el frío bate con fuerza sobre el rostro y los caraqueños y venezolanos en general disfrutan de las bondades de ese lugar.

Es un hombre carismático, y con una obra artesanal de muchísima calidad y con estas líneas se me antoja echarle una mirada de admiración, porque hombres como él, aun cuando son comunes, merecen que se les mencione. Y eso hago.




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