
A Luis Sexto lo conozco desde que comencé en el periodismo, allá por los
años 80 del pasado siglo. En aquel entonces, aunque nunca lo había visto
personalmente, me llamaba la atención la brillantez de su escritura, y la forma
en que llevaba al lector hasta donde él quería, pero había algo que me
disgustaba en sus textos, a lo cual nunca le encontré explicación.
La explicación...