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viernes, 22 de junio de 2012

Mi abuelo asegura que lo vio.

Fue en una noche clara, por la década del 40 del pasado siglo, cuando se disponía a acostarse y sintió el trote suave, por la polvorienta calle del entonces pequeño pueblo de Las Tunas.

Se asomó a la ventana, y la entreabrió solo un poco, y lo vio pasar lentamente: era el Indio sin cabeza, montado sobre un brioso y bello corcel blanco. Cerró la ventana nervioso. Habrá desgracia, se dijo, y cuando fue a buscar a su mujer, ya el Indio había desaparecido.

Y hubo una desgracia.

Al amanecer de aquel fatídico 12 de julio de 1945, el tren central procedente de La Habana y con destino a Santiago de Cuba, tuvo un problema mecánico en su sistema de frenos y se descarriló a la altura del actual aserrío Libertad, en aquel entonces propiedad de los Lima, una de las más acaudaladas familias del pequeño pueblo de Las Tunas y la desgracia abrazó al pueblo, que se vistió de luto por más de 30 muertos y varios heridos.

Mi abuelo, que fue al lugar del suceso lo dijo bien claro: "Por aquí pasó anoche el Caballo Blanco", y otros muchos reafirmaron el aserto con la confirmación de que también lo habían sentido.

Así la leyenda había pasado de generación a generación y su origen se remontaba a la época de la colonia de España, cuando la hija de un rico español se enamoró de un indio, y el padre mandó a matar al nativo porque nunca aceptaría aquella relación.

Cuentan que cuando los hombres del español esperaron al indio más allá de los alrededores de la casa y lo decapitaron, el padre de la muchacha fue a comprobar el hecho, y solo encontraron sangre en el lugar y otros restos del crimen. Desde entonces, en la imaginación popular el Indio sin cabeza cabalgaba en las noches de luna sobre el bello corcel, siempre anunciando una desgracia, y la leyenda se convirtió en patrimonio de la ciudad, como un elemento más bien folclórico.

Claro que sin en realidad mi abuelo hubiese visto al Indio no podría haber contado el cuento, porque la propia leyenda aseguraba que quien lo viera perecía de inmediato. Solo así las personas aseguraban que lo sentían cuando pasaban algunos de los muchos jinetes por las calles del entonces pueblo de campo, mucho más cuando sucedía una desgracia como la de 1945.

Aun hoy, cuando las nuevas generaciones conocen muy poco la leyenda del Indio sin cabeza, esta constituye un elemento de identidad de la cultura de este pueblo, y como leyenda al fin, todavía puede existir en la mente de personas como mi abuelo que a pesar de haberlo visto o sentido, siguen haciendo el cuento.

lunes, 29 de febrero de 2016

Próxima a su cumpleaños 25, la Editorial Sanlope, de la oriental provincia de Las Tunas, consolida sus producciones literarias y ha dado curso no solo al deseo de los muchos escritores que hay en el territorio, también a figuras de relieve nacional, ya sea por haber recibido un premio de los concursos que se convocan desde aquí, o por la significación de su obra, como es el caso de los poetas Raúl Orta Ruiz y Pablo Armando Fernández.

La Casa editorial tiene producidos miles de ejemplares, que se desglosan en ocho líneas editoriales; son ellas, Montaraz, para los escritores conocidos; Tarot, para los noveles poetas, Cabaniguán, destinada a las investigaciones socioculturales e históricas, Caballo Blanco, a la narrativa, y Vinagrito, dirigida a los niños.

Además se encarga por otra parte de publicar en su colección Iberoamericana, todas las obras premiadas en los concursos Cucalambé y Décima Joven de Cuba, mientras la colección Abierta da luz a los textos extensos, y para colorear, entre otros.

Esta institución existe desde 1991 y toma su nombre del escritor tunero Manuel Nápoles Fajardo, hermano del mayor decimista cubano del siglo 19, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, quien decidió utilizar como seudónimo el anagrama de su apellido.

El nombrado Sanlope fue el autor de Flores del alma, primer libro publicado en Las Tunas, en el año MIL 860.

Hoy la editorial rinde honor a este hombre de letras con la calidad de lo que publica y sus producciones rebasan la cifra de los quinientos títulos.


domingo, 27 de marzo de 2016

Próxima a su cumpleaños 25, la Editorial Sanlope, de esta oriental provincia de Las Tunas consolida sus producciones literarias y ha dado curso no solo al deseo de los muchos escritores que hay en el territorio, también a figuras de relieve nacional, ya sea por haber recibido un premio de los concursos que se convocan desde aquí, o por la significación de su obra, como es el caso de los poetas Jesús Orta Ruiz y Pablo Armando Fernández.

La Casa editorial tiene producidos miles de ejemplares, que se desglosan en ocho líneas editoriales; son ellas, Montaraz, para los escritores conocidos; Tarot, para los noveles poetas, Cabaniguán, destinada a las investigaciones socioculturales e históricas, Caballo Blanco, a la narrativa, y Vinagrito, dirigida a los niños.

Además se encarga por otra parte de publicar en su colección Iberoamericana, todas las obras premiadas en los concursos Cucalambé y Décima Joven de Cuba, mientras la colección Abierta da luz a los textos extensos, y para colorear, entre otros.

Esta institución existe desde 1991 y toma su nombre del escritor tunero Manuel Nápoles Fajardo, hermano del mayor decimista cubano del siglo XIX, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, quien decidió utilizar como seudónimo el anagrama de su apellido.

El nombrado Sanlope fue el autor de Flores del alma, primer libro publicado en Las Tunas, en el año 1860.

Hoy la editorial rinde honor a este hombre de letras con la calidad de lo que publica y sus producciones rebasan la cifra de los quinientos títulos.




sábado, 5 de octubre de 2013



El boulevard, en el mismo centro histórico de la ciudad. (Foto del autor)
La bicentenaria ciudad de Las Tunas, al oriente de Cuba, tiene el alma coqueta y la alegría en cada esquina. Ya no es un corral de cactus melancólicos, al decir del poeta, ni aquel pueblucho en que sus habitantes amarraban sus caballos en las argollas diseminadas por toda su Calle Real.

Tampoco sale por sus calles el Caballo Blanco con el indio sin cabeza sobre su grupa, presagiando las desgracias de las polvorientas callejuelas; no asusta el Fantasma de Ahogapollos, ni el Río Hórmigo dormita sobre sus soledades, para cazar a los enamorados a la orilla de su rivera.

Desde mi orilla

Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.

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