domingo, 15 de diciembre de 2013



Escenas como esta han sido comunes en Sudáfrica. (Foto: AFP)
Nelson Mandela duerme hoy en la eternidad, como él mismo predijo en vida.

Un día cualquiera, salió de su rico pensamiento esta frase que ahora se torna inmortal: “La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad”.

A esa frase se une esta otra que dijo sobre la muerte: “Si tengo que morir, declaro para todos los que quieran saberlo que iré al encuentro de mi destino como un hombre”.

Y Madiba ha encontrado su destino como hombre.

En esta mañana de diciembre, cuando gran parte del mundo lo ha llorado y lo llora aún, la tierra agradecida, su tierra, acoge su simiente como el baobad africano, que ha soportado la furia del tiempo por miles de años,  y sigue ahí, como símbolo imperecedero, como lo es Madiba desde que comenzó su lucha por la libertad, y ni 27 años de encierro pudieron doblegarlo.

En Qunu, Eastern Cape, su ciudad natal, en el jardín de su casa familiar, la tierra se ha abierto nuevamente para depositar la semilla rebelde de Nelson Mandela, junto a su padre Mphakanyiswa Gadla Henry, su madre Noqaphi Nosekeni, y su hijo Magkatho Lewanika.

Mucho antes del 5 de diciembre, cuando se despidió del mundo, en la paz de su hogar, en la tranquilidad de su alma, el mundo estuvo al tanto de su salud, de su lucha por la vida aun con sus 95 años, y millones de personas estaban al tanto de su complicación pulmonar, que lo tuvo en vilo por más de cinco meses.

Y después, solo unos minutos después del 5 de diciembre, cuando se supo la noticia de su deceso, el mundo todo levantó sus ojos hacia la estatura del líder sudafricano, que sobrepasó las fronteras de su país, para esparcir sus ideas revolucionarias por toda África y por todos los continentes.

Decenas de jefes de Estado y personalidades de todo el mundo acudieron a rendirle homenaje en su Sudáfrica natal, con varios días de duelo no solo en su nación, con llanto, pero sobre todo, con la satisfacción de su vida íntegra dedicada a las causas justas, a la lucha contra el Apartheid.

Descansa bien en la misma paz que concediste al pueblo de Sudáfrica, Tata Madiba; que Dios bendiga tu alma y le conceda el descanso eterno, ha rezado un mensaje radial transmitido por canales nacionales de Sudáfrica ante el adiós del Premio Nobel de la Paz.

Ahora que la tierra ha cubierto su cuerpo, viene a mi mente otra frase de Madiba que recuerda su grandeza, su sabiduría, y sus ansias por la lucha de los desposeídos: “Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre”.


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