viernes, 18 de abril de 2014



De todo lo que se ha escrito hasta el momento del fallecimiento del Premio Nobel de Literatura,  Gabriel García Márquez, lo que más me ha impactado es la declaración de una niña, de unos 11 o 12 años, que frente a la casa natal de El Gabo, en Aracataca, habló para TeleSur con un pensamiento coherente y bello, con una sentencia histórica al referirse a su muerte: Gabo escribió Cien años de soledad –dijo- pero ahora la humanidad tendrá 100 años de tristeza.

No ha habido una frase en un periódico, ni siquiera escrita por algunos de los grandes del Periodismo y la Literatura, que encierre tan bello pensamiento como el de la niña, oriunda o no de donde nació y vivió parte de su infancia El Gabo, pero colombiana como él.

Y es muy cierto que la humanidad pasará 100 años de tristeza. Porque escritores como García Márquez nacen cada 100 años, y de ahora en adelante, aun cuando queda su obra, nos falta su presencia física, su emblemática figura, su profundo pensamiento, lleno de ideas y frases para toda la vida.

Ahora nos privamos para siempre de un nuevo texto de El Gabo, de una declaración suya, de una aparición frente a la puerta de su casa en Ciudad de México, de una visita suya a Cuba, donde vivió muchos años, de una visita a una actividad cultural.

Por eso, al bello y paradigmático pensamiento de la niña, yo me atrevo  a agregarle uno más abarcador: toda la vida de tristeza por El Gabo.


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