sábado, 31 de mayo de 2014

Hay ciudades que enseñan mucho al mundo en este inicio del milenio en lo que al cuidado del medio ambiente se refiere, y no es solo porque hay lugares que no requieren de electricidad tradicional por sus casas provistas de paneles solares, sino por la cultura del respeto a los demás, lo cual se cultiva con conciencia y con medidas educativas.

Es por ello que leyendo una de las tantas noticias que nos llegan de algunas partes del mundo, he meditado con satisfacción en lo beneficioso que resultaría redoblar la exigencia en Cuba contra el hábito de fumar en lugares públicos y cerrados.


Porque esa es una de las indisciplinas que afectan a la sociedad cubana de hoy: en locales con acondicionadores de aire, en ómnibus urbanos, en una reunión colmada de personas, en un cine... usted tiene convivir con el humo del cigarro de quienes no sienten el más mínimo respeto por su salud e integridad individual, como si fuera la cosa más natural del mundo.

En Sydney, Australia, encender un cigarrillo en restaurantes, centros comerciales o lugres bajo techo, puede costarle tanto como su salud, pues las multas ascienden hasta 550 dólares canadienses (1,72 al cambio con su similar norteamericano), algo que veo muy justo, sobre todo desde el punto de vista educativo, porque todo cuanto se deja a la espontaneidad no sale bien o simplemente no sale.

Son muchas las personas que se quejan porque en una reunión o en cualquier lugar cerrado, ha tenido que soportar el humo que deleita al de al lado, sin que nadie se inmute –aun cuando moleste- porque la mayoría de quienes fuman se cree con ese derecho, que se reafirma con la tolerancia colectiva, cual prerrogativa que no aparece en las normas de convivencia social.

Yo no estoy en contra de los fumadores, porque cada persona hace con su salud y con su vida lo que desee, pero sí detesto a quienes contaminan el aire que respiran los que también tienen el derecho de no fumar, y han sido muchas las veces en que se me han encarado por llamarle la atención a los desconsiderados.

Erradicar esa tendencia negativa demoraría años si se espera por el cambio de mentalidad de muchas personas; por el contrario, sería más rápido el proceso si en este comienzo del tercer milenio existiera una exigencia colectiva y el rechazo ante el hábito de fumar en locales cerrados o en lugares concurridos de personas, hasta que llegue el día en que leyes como las de Sydney obliguen a adquirir conciencia ante el respeto a los demás.

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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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