sábado, 23 de agosto de 2014



"En Haití todos los días de la semana parecen iguales. Este domingo abrí los ojos, y por esas raras sensaciones que nos acompañan al despertar pensé que estaba en mi Cuba. En solo cuestión de segundos planifiqué el día: leeré un rato, veré un poco de televisión, desayunaré tarde... De repente, escuché un ruido, y una tras otra volvieron las imágenes horrendas. Sigo en Haití, me dije, mis pies siguen pisando el infierno de este mundo..."

Así comenzó Leticia Martínez Hernández su paso hacia el cielo del periodismo cubano, cuando el 18 de enero de 2010, escribía su primera crónica para el diario cubano Granma, su diario, sobre el desastre dejado por el terremoto que el 10 de ese mes había devastado a Haití, y que bautizó como una sección bajo el título de El infierno de este mundo. 

Ahora confieso que cuando encontré esa crónica inicial, a primera vista el titulo de la sección me resultó chocante, por lo que encierra esa palabra y porque en mi primera percepción sumía más a Haití en el desastre humano que ha vivido su pueblo durante muchos años, y porque el pueblo haitiano tiene valores que nada tienen que ver con el infierno, pero a medida que iba leyendo yo también iba entrando en las tinieblas dejadas por el desastre y narrado magistralmente por Leticia y cuando terminé aquella primera lectura no tenía duda de que yo había visitado el infierno que narraba Leticia. 

También, por esa primera impresión que marca a los humanos, pensé que estaba en presencia de una periodista hecha por el oficio, con varios años de experiencia, no solo por la belleza de su prosa, sino por la madurez que mostraba ante la vivencia de un hecho terrible para cualquiera y cada día esperaba con ansias el diario para vivir junto a su autora los difíciles momentos del pueblo haitiano, porque narraba tan bellamente un hecho terrible, que transportaba al lector hasta los lugares que su equipo periodístico recorría entre muertes y desgracias humanas.

Y así pasaron unos días, disfrutando hasta la saciedad aquellas crónicas, quizás por eso de que los periodistas siempre estamos a la caza de buenos textos, hasta que un día leí una entrevista a Leticia en el diario Juventud Rebelde y cuál fue mi asombro al descubrir que la autora de aquella bella prosa solo tenía 25 años, cuando escribía como toda una consagrada de tan difícil profesión, lo cual me agradó inmensamente, porque una vez más comprobaba que los jóvenes periodistas de hoy están mucho mejor formados que los que llevamos varios años en la profesión.

Después supe que Leticia regresaba de su misión, y un día la encontré en facebook, esa red social que nos permite acercarnos a personas a veces inasibles y vibré de emoción cuando me aceptó como su amigo y conversamos a través de la red, porque descubrí -nuevamente- que su belleza espiritual -y física por supuesto- no era exclusiva de su prosa periodística, sino de su comunicación interpersonal.

Respondiendo a su primer mensaje le escribí algo así: "...créeme también que gozo de emoción por ser tu amigo. Regalo de la vida. ¡Al fin una buena que vale por mil!, bueno en verdad la segunda buena porque antes fueron tus crónicas desde Haití. Solo de un alma como la tuya pueden salir imágenes tan deliciosas. ¡Qué manera de disfrutarlas!."

Después he seguido de cerca el trabajo de Leticia, desde sus comentarios en facebook sobre cualquier tema o sobre su bella hija Carmen, o en sus coberturas como periodista del Consejo de Estado ahora, y en abril pasado la conocí personalmente en el Octavo Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el Palacio de las Convenciones, con su compañera de batería y oriunda de mi tierra, del semanario 26, para ser más preciso: Yaíma Puig Meneses, y le tomé esta foto que ahora les regalo.

Por eso he tenido el atrevimiento de escribir sobre Leticia -sin su permiso- y a través de mi humilde visión ofrecer parte de la dimensión de esta muchacha que con unos 29 años y con un camino largo por andar, se ha acercado de un tirón al cielo de este mundo, por sus excepcionales condiciones humanas y profesionales.




4 comentarios:

  1. Buen artículo, Miguel. Coincido.
    Saludos.
    Vicente Feliú

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario. La muchacha es un amor de persona en todos los sentidos. ¿Eres el Vicente que conozco, hermano de Santiago? Siempre he sido uno de tus grandes admiradores.
      Saludos,
      MiguelDN

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  2. Al borde del infarto te saluda: Leticia Martínez Hernández...Gracias por tus palabras, un abrazo

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    Respuestas
    1. No, Leti, las gracias son para ti. La belleza no está en mis ojos, está en ti.

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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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