sábado, 16 de agosto de 2014



Guillermo, a la izquierda, en Guaracabulla, el día que mirió.
Era el año 2001 y yo andaba por Ghana, en el África subsahariana, empeñado en darle cobertura periodística a la labor de los médicos cubanos en ese país, de los más pobres del continente.

Cada día, cuando estábamos en algún lugar con comunicación (lo que no siempre era así) rastreaba la prensa cubana de punta a cabo para conocer lo que ocurría en mi país, a miles de kilómetros de distancia, y buscaba mucho la sección La tecla ocurrente, de Guillermo Cabrera Álvarez, el genio, como lo había calificado el Comandante Fidel Castro

Y entonces descubrí y leí aquella tecla que me sorprendió y me emocionó hasta los huesos, porque un mensaje personal que yo había enviado a mi amigo y colega Juan Morales Agüero en un momento de ansias por mi tierra, el Guille lo había publicado parcialmente en su columna con una presentación muy original, como siempre lograba.

Entonces sentí la necesidad de saldar una deuda con él (muy mía por supuesto) y le escribí y me respondió, y surgió una bonita amistad entre los dos que selló cuando nos encontramos a mi regreso a Cuba.

Es muy triste que ya Guillermo no esté, y hoy, cuando he encontrado estas correspondencias en mis archivos africanos que creía perdidos, me atrevo a publicarlos, 11 años después, junto con su columna en La Tecla ocurrente (Juventud Rebelde) sobre mi mensaje, y como un homenaje a quien se fue sin despedirse, dejando un vacío en la prensa cubana de hoy. He aquí lo que pasó entonces.

Ghanas cubana


Guillermo Cabrera Álvarez
director@prensaip.co.cu

Tenía en la pantalla otro tema. A Juan, el corresponsal de Juventud Rebelde en el oriente medio (Las Tunas), se le ocurrió mandarme, con la intención de publicarla, una carta de su amigo y colega Miguel, desde Ghana, y a mí me entraron las ocurrentes ganas de teclear solo las zonas públicas y "púdicas". Leamos fragmentos:

Aquí, extrañando todos los días más a mi país, que es insuperable. Y para saberlo solo hay que cruzar el Atlántico, o cualquier otro mar que te aleje de esa Isla, con sus blancas y mulatas, con su idiosincrasia sin igual, con la gente que constituye un espectáculo solo de mirarlas.

"Oye, hermano, de verdad, nuestro país es lo máximo. Y te lo digo después de visitar París.

"No se trata de la melancolía por la melancolía, es que no es igual ni aunque tengas millones de pesos. Hasta los problemas que tenemos se extrañan: que no hay petróleo, que no hay comida, que los muchachos no tienen zapatos..., eso es lo que nos hace grandes, porque cuando las cosas son fáciles no tienen sabor o saben distinto.

"En este país hay de todo. Si quieres comprar una vaca la compras, pero, ¿y cuándo te miras como persona? Cuando ves a esos niños como mi hijo José Alberto que te miran con una cara que parte el alma, y te saludan, y te sonríen.

"Entonces a uno le dan ganas de coger una balsa y cruzar el Atlántico y ponerse a tomar chispa de tren, y a comer lo que se consigue, y salir a discutir a una de nuestras inigualables e incomparables mujeres.

"Como te habrás dado cuenta, hoy tengo el gorrión que parece un elefante volando, y la muela también la tengo encendida. Pero bueno, los amigos están para aguantar cualquier cosa, y si no quieres leerme apaga la máquina y punto. Así de fácil.

"Nuestro grupo, Juan, le ronca, no hay celo profesional y todos estamos por lo mismo. Por donde se va uno nos vamos todos. ¿Por qué un día no se logra eso allá? ¿Por qué no hacer las cosas mejor cada día sin pensar en lo que hacen los demás?

"No me has dicho si Segura piensa publicar lo que he mandado para allá. Son cosas más bien generales, sobre las tradiciones, los funerales, la toma de posesión de algún rey, siempre vinculado con los médicos.

"El libro lo estoy escribiendo sobre la marcha, por lo menos las ideas fundamentales, después viene el proceso de `pulimentación'.

"Sería bueno que te mandaran a una misión como esta para que te crezcas y hagas una pincha mejor. Profesionalmente esto es importante, y personalmente te marca.

"Bueno, está bueno ya de hablar. El negro Raúl me escribió y me echó tremenda descarga porque ni lo menciono en los correos. Ya le contesté y espero le dure el MODEM que le prestaron.

"Salúdame a todos los que pregunten por mí y a los que se lo merezcan. Dale un beso a Iris y tú recibe un abrazo de tu hermano que tequieremuchoynoteolvidaynopuedevivirsinti... Miguel."

Regalo de jueves

En la perspectiva del corazón, ¡qué vagamente nos parece la distancia!
(Rabindranath Tagore)

Guillermo:

¿Te he dicho alguna vez cuánto te admiro? Creo que no.  Hace varios años, cada vez que leía un Abrecartas con tus originales y sorprendentes respuestas, me proponía la meta de llamarte por teléfono desde Las Tunas, pero siempre me encerraba en la vorágine del trabajo y la idea quedaba trunca hasta la próxima lectura de tu columna, y volvía a pasar lo mismo. Hasta que un día, en el Instituto que diriges, iba a materializar el viejo anhelo, pero sin darme cuenta pisé el césped cuando estaba en el anfiteatro, en la actividad final del primer curso de computación de la escuela Ñico López, y tu descarga me dejó como clavado en la tierra, al extremo de que no tuve fuerzas para hacerte extensiva la vieja felicitación.

Y ahora, desde estas tierras oscuras y por la magia de Internet, he leído en Juventud Rebelde digital los públicos y púdicos fragmentos de una carta que le mandé a mi amigo Juan, en una tarde de domingo gris y melancólico, y nuevamente me he asombrado de tus ocurrencias para comunicarte con los lectores. ¿Cómo puedes sin decir casi nada decir tanto? ¿Cómo se te ocurren cosas impensables, que para muchos pasan inadvertidas? ¿Cómo te aferras tanto al más mínimo detalle que te hace grande entre los periodistas cubanos y latinoamericanos?

Créeme que esto no lo escribo porque  me tocas de cerca. Es que todos los días muestras una capacidad increíble de impactar y asombrar con tu fino verbo y con tus originales ocurrencias, y en este caso, cuando buscaba en Rebelde un trabajo escrito por nosotros desde acá, encuentro unas confesiones a un amigo que nunca pensé vieran la luz pública. Y créeme otra vez, me emocioné doblemente: primero porque fue algo completamente inesperado, y segundo, porque le sacas lasca a todo y siempre te queda bien.

Bueno, profe, (¿me permites llamarte así?) disculpa la lata y espero algún día tener la oportunidad de expresarte mi admiración personalmente, cuando no vuelva a pisar tu césped, y quizás entonces comprenda mejor tu ángel y se me pegue algo de tu talento.

Un abrazo desde casi el fin del mundo.

Miguel

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