sábado, 22 de noviembre de 2014



El emblemático trovador Gerardo Alfonso ha regalado una tarde-noche de lujo a los tuneros, y él se ha sentido como en casa con el público que compartió con él más de dos horas de concierto en El patio de Pepe, un íntimo y acogedor espacio de la Plaza Martiana, de la ciudad de Las Tunas, al oriente de Cuba.

Todo fue empatía. Vestido de verde, con su inseparable guitarra y su talentoso y joven grupo, el cantautor cubano envolvió con su magia a los adolescentes, jóvenes y adultos que acudieron a su encuentro, y según sus propias confesiones, se sintió a sus anchas, porque “se vale la sonrisa, la alegría y la felicidad”, y el canto surcó la tarde-noche, y los improvisados coros demostraron que sus temas se conocen de memoria, como de memoria se sabe su brillante trayectoria, como uno de los Trovadores de la herejía, al decir de los autores Fidel Díaz Castro y Bladimir Zamora en un texto con ese título, que recoge parte de la vida de Frank Delgado, Carlos Varela, Santiago Feliú y el propio Gerardo, Los Topos.

Fue un encuentro de canto y diálogo, de conversaciones francas, de confesiones, de encantamiento por Las Tunas y su público, de las ganas de volver cuanto antes, porque aquí se pueden cantar canciones que en otros lugares resulta difícil porque no se entienden.

La presentación de Gerardo dentro de las actividades del Festival de música joven Entre música, pasó por algunos de sus emblemáticos temas, algunos de ellos con los ritmos Guayasón y Ochanga que él creó. Y junto al público brillaron otra vez El Ilustrado Caballero de París, Un día cualquiera, El pintor de las cavernas, Amada, Tengo unas ganas de, Quisiera, Aquí cualquiera tiene, Yo te quería y Ser o no ser

El clímax llegó con Son los sueños todavía, esa canción que hace temblar el alma dedicada a Ernesto Che Guevara, y Sábanas Blancas, todo un himno coreado por los presentes hasta el delirio.

Gerardo Alfonso sabe que “el amor es como los cristales, se parte y luego te cortas, te arde y sangras, pero lo soportas. Por más que quema el fuego siempre se apaga”, en alusión a un fragmento de su canción Por más que quema.

Como uno de los imprescindibles de la trova cubana, El Caballero de La Habana, si se me permite parafrasearlo, llegó a Las Tunas para quedarse, y al final, los tuneros se fueron con él, para enseñarle el camino de regreso.



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