sábado, 29 de noviembre de 2014



Manuel Cofiño es un nombre obligado en las letras cubanas contemporáneas, por la huella que dejó en la literatura.

Recuerdo ahora cuando lo entrevisté como fotorreportero para el entonces diario 26, de la provincia de Las Tunas, allá por los inicios de los años 80 del pasado siglo. La redactora era Rosa Velázquez, y la entrevista se desarrolló en una de las habitaciones del hotel Santiago, donde estaba hospedado. Él sentado en la cama y Rosa y yo en dos sillas.

El objeto de información de aquella entrevista era su obra en sentido general, pero irremediablemente hubo que detenerse en la novela que había centrado la atención de la crítica y los lectores del país, cuyo título era La próxima mujer y el próximo combate.

La conversación duró unas dos horas, y al referirse a esa novela, nos hizo una anécdota sobre su título, que inicialmente era Un pino entre los pinos, porque según él, por más que se había roto la cabeza no encontraba un título para aquel texto que resultó emblemático.


Por aquel entonces –contaba- llegaban a Cuba tres de los sobrevivientes de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, y en conferencia de prensa, narraban las peripecias que habían pasado por la persecución a que fueron sometidos. Y uno de ellos le dio el título de la novela cuando en un interrogatorio le habían preguntado de forma grotesca qué como ellos resolvían los problemas sexuales en la guerrilla, a lo que respondió con firmeza: “Pensando en la última mujer que tuvimos y en el próximo combate que vamos a tener”, sin dudas una respuesta brillante que Cofiño tomó para su texto.

En aquel momento Cofiño tendría unos 43 o 44 años, y un tiempo después, exactamente el 8 de abril de 1987, falleció en la capital cubana con solo 51 años, con un reconocido prestigio, tanto a nivel nacional, como internacional. Así, su súbita muerte quebrantó la plenitud de sus facultades físicas e intelectuales, con muchos proyectos por delante.

Cofiño había cursado la primaria y el bachillerato en La Habana, y después del triunfo de la Revolución trabajó como profesor de español y economía política e investigador y redactor de textos del Ministerio de Industrias. Fue jefe de la cátedra de Ciencias Sociales y vicedirector docente del Instituto Preuniversitario de La Habana; impartió clases de Ciencias Sociales en el Instituto de Superación Educacional y colaboraba con El país Gráfico, Prensa Libre, Bohemia, Revolución, Verde Olivo, El Mundo, La Gaceta de Cuba, Romances, Mujeres, Casa de las Américas, Con la Guardia en Alto, Unión, El Caimán Barbudo, entre otras publicaciones que quedaron marcadas por su depurado estilo.

Su novela premiada Cuando la sangre se parece al fuego ha sido traducida al eslovaco, al rumano, al ruso y al inglés.

En 1969 Manuel Cofiño obtuvo mención en el Concurso David por su libro de poemas Meditaciones y argumentos del transeúnte y el premio de cuento del Concurso 26 de Julio, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, por Tiempo de cambio.

Ya en 1971 ganó el premio de novela en el Concurso Casa de las Américas por La última mujer y el próximo combate, y en 1972 se alza con el premio de cuento en el Concurso Infantil La Edad de Oro por Las viejitas de las sombrillas. En el Concurso UNEAC 1975 obtiene mención por su novela Cuando la sangre se parece al fuego.

Con su muerte, las letras cubanas y latinoamericanas perdieron a uno de sus buenos exponentes.


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