domingo, 30 de noviembre de 2014



Nuevamente Guillermo Vidal dicta lo que es bueno en la creación literaria con la premiación del Concurso nacional de narrativa que lleva su nombre, y que cada año es abierto a todos los escritores del país desde Las Tunas, ciudad del oriente cubano que lo vio nacer hace 62 años y fue testigo de su muerte el 15 de mayo de 2004.

Este año, en su octava edición, el concurso es ganado por otro escritor fuera de Las Tunas, y en esta ocasión el lauro lo alcanzó el narrador de la provincia de Mayabeque Reinaldo Medina Hernández, con su texto de cuentos Aguas albañales.

Reinaldo nació en San Antonio de las Vegas, en 1961, y trabaja como editor en el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Mayabeque. Entre sus anteriores textos destacan Bar de ida (Premio Pinos Nuevos 1993), Viajero nocturno (2000) y Trenes y fantasmas (2005), entre otros.

El texto ganador es un reflejo de la obra de este autor, que se caracteriza por el absurdo de corte humanista y sociológico, con el uso de mecanismos del sueño, la irrealidad, lo sorprendente y la fantasía ingenua, y hasta infantil, que se mezclan sutilmente en sus cuentos, según leí de Omar Felipe Mauri.

Carlos Zamora, un escritor habanero-tunero que ya ganó el concurso en novela, integró el jurado junto a los no menos destacados escritores Marylin Bobes y Antonio Gutiérrez, este último uno de los amigos más cercanos de Guillermo Vidal, quienes destacan en su dictamen los valores estéticos y literarios de la obra, en un cuaderno convencional pero abarcador, que aborda temas de la actualidad cubana e invita a una lectura fluida y amena.
Reinaldo Medina, el ganador del Premio Guillermo Vidal 2014.

Hace ocho años que se convoca al Premio de narrativa Guillermo Vidal, un año en cuento y el otro en novela, y el primer galardonado con este importante lauro, uno de los más prestigiosos de Cuba con la dotación de 10 mil pesos y la publicación de la obra por la Editorial Unión, fue Joel James Figarola, un destacado narrador ya fallecido que se llevó el galardón con su obra Altar de fuego.

Guillermo Vidal, el Guille, como le decimos los amigos, fue un narrador muy incomprendido y criticado, quizás por su dura crudeza al enfrentar la realidad y llevarla a la literatura, pero por sus resultados y sus extraordinarias dotes como escritor, muchos lo reconocen hoy como el narrador más importante del siglo XX en Cuba, porque impuso novedosas técnicas en el cuento y la novela.

Guillermo nació en la ciudad de Las Tunas, de la que nunca se quiso ir, y aquí descansan sus restos, y lo más importante, aquí lo seguimos venerando quienes siempre lo hicimos, y hasta sus detractores hoy inclinan la cabeza ante su grandeza, porque supo –y sabe- mostrar sus dotes de buen escritor y buena persona aun en la saga que lo sigue persiguiendo, en las manzanas que disfruta en su paraíso, en el quinto sol que lo alumbra, en la confabulación con las arañas que siempre lo criticaron, en los cuervos que lo rondan. Y no importa que haya permutado su casa, porque él sigue siendo El amo de las tumbas.


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