domingo, 10 de mayo de 2015

José Enrique Valdés Cano es un joven que toca el cielo con sus manos, cada vez que le da vida a una escultura que nace para perdurar en el tiempo.

Y es más grande su quehacer en las formas tridimensionales del arte, porque vive en Chaparra, poblado cabecera del municipio de Jesús Menéndez, al norte de Las Tunas, alejado de los centros de desarrollo de las artes plásticas, y su formación académica y autodidacta es producto no solo del talento innato con el que nació, sino, y sobre todo, de su empeño, oficio y perseverancia para crear su obra.

Este artista de la plástica ni siquiera tiene un taller, ni siquiera un espacio más o menos propicio, y en la pequeña sala de su pequeño apartamento, tiene dibujos, bocetos, maderas, sierras, trinchas y martillos, que suenan enloquecedoramente en busca del proyecto final.

Valdés Cano acaricia la madera para crear formar increíbles, lo cual hace después de pensar en los conceptos que se propone, a partir de las sugerencias para el público, que deleita su mirada y su espíritu ante propuestas cada vez más enriquecedoras.

José Enrique tiene una formación peculiar, desde su posición de hijo único, alejado del bullicio, de los malos ojos, de las opiniones insidiosas, porque para él la soledad tiene un precio, que toma forma cuando pasa horas mirando por la ventana del balcón de su casa en busca de la idea que lo haga feliz no solo a él, sino a los demás.

Decir que este joven es el mejor escultor que tiene Las Tunas en este momento quizás sea un poco pretensioso y seguramente que él será el primero en estar en desacuerdo. Pero ese criterio no está nada lejos de la verdad, y no porque sus condiciones como artista sean superiores a las de los demás, sino porque en cada propuesta hay algo novedoso, porque no se repite, porque no explica, sugiere, porque sus obras sobresalen desde el concepto hasta la hechura, la terminación exquisita y la solidez del mensaje.

De ahí que muchos de los entendidos lo consideren único en estos momentos entre sus colegas, y eso ya es bastante y hace pensar que de ahí a la verdad hay un pequeño trecho, porque José Enrique Valdés Cano supera todos los pronósticos, todas las barreras, todas las pretensiones de la plástica tunera, y eso es más que suficiente.





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