martes, 27 de octubre de 2015

El día que Argibaldo Acebo decidió de niño cambiar la batería por la guitarra y sintió la emoción y el temblor cuando la maestra Bertica Maestre le entregó ese bello instrumento en sus manos, la música de concierto ganó, desde ese mismo instante, a uno de sus mejores exponentes no solo de Las Tunas, sino del país.

Eso fue hace muchos años, tiempo en el que Argibaldo se graduó de la escuela vocacional de Arte y del Instituto Superior de Arte, y de acumular cientos de horas de estudio de la guitarra, instrumento que se sabe al detalle, pero que cada día le sorprende con un sonido que puede resultar nuevo.

Joven observador, filósofo de la vida y alumno siempre del arte, es Argibaldo una persona querida por todos, por su forma de ser, su manera de ver la vida y de tratar a los demás, a quienes comprende porque siempre se pone en su lugar, y de ahí que sus triunfos vayan más allá de su existencia artística.
Decir el nombre de Argibaldo es decir calidad interpretativa, calidad humana, proyecciones presentes y futuras, lucha por un mundo mejor como persona y como integrante de la sociedad que él decidió para vivir.

Sus presentaciones siempre resultan memorables, porque es tanta la maestría adquirida aun en su juventud, que asombra y sobre todo deleita el verlo en el escenario, acariciando a su eterna compañera, que le es recíproca con sus bellos sonidos que enaltecen el alma.

Guitarrista concertista de excelencia, él pertenece a una generación de envidia en el manejo del instrumento, y eso hace mayores sus éxitos, porque le ha tocado vivir una época de elite en la guitarra, siempre bajo el manto de grandes maestros como Andrés Segovia, a quien espera imitar al final de su vida para terminar en un escenario, más allá de los 90 años, como su máxima aspiración, a lo que él llama la definitiva consagración.

Y seguramente así será, porque la vida premia a los grandes, a los que luchan siempre por ser mejores, a los imprescindibles, en cuya fila ya se integra Argibaldo Acebo, un hombre de bondad y de altruismo, quizás más allá del límite.


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