domingo, 22 de noviembre de 2015

Cuando Gerardo Hernández Nordelo llega al Aula Magna de la Universidad de La Habana, decenas de jóvenes estudiantes van a su encuentro para hacerse fotos junto al Héroe, que, solícito, complace a todos los que plasman el instante en sus celulares en las afueras del simbólico recinto.

Después de largos minutos todos entran para participar en un panel sobre el ejemplo de Fidel Castro en el aniversario 70 de su entrada a la Universidad de La Habana, y luego de la intervención de dos oradores, Gerardo va al podio y comienza su intercambio con los estudiantes.


Entonces habla del ejemplo de Fidel para Los Cinco durante los duros años de las cárceles en suelo de Estados Unidos. Como brillante comunicador traslada a todos a lo que cuenta tras las rejas, donde infinidad de veces estaba el ejemplo de Fidel.

Cuenta que en los días del amañado juicio contra ellos en Miami, cuando se encaminaban a una de las salas, un hombre con mal aspecto los miraba con detenimiento. Al darse cuenta, alerta a los otros cuatro para tener cuidado al pasar por su lado. Y cuando eso sucede el hombre los detiene y les pregunta: «¿ustedes son los cubanos?» Y ante la respuesta afirmativa les espeta: «Manténganse firmes que Fidel Castro no los abandonará».


Otro ejemplo fue el de un joven cubano que estaba frente a su celda en el hueco, quien en conversaciones con él le afirmaba con cierto reproche que no quería saber nada de Cuba ni mucho menos de Fidel Castro, pues lo de él era vivir en Estados Unidos y hacer las locuras que le gustaban.

Cierto día, el joven vecino se desorientó mentalmente por las difíciles condiciones del hueco, y en señal de protesta cogió excremento del escusado y lo regó por las paredes de la pequeñísima celda. Los guardias, en respuesta a sus provocaciones, le sellaron el escusado y le cerraron la diminuta ventana por donde entraba el aire, entre otras medidas duras con el prisionero.

Después de una semana en esas condiciones, el joven cubano golpeaba la puerta y gritaba palabrotas contra sus verdugos, y aseguraba a viva voz que a él no lo doblegarían, porque era cubano y había sido educado por Fidel Castro, cuya figura emergía como estandarte sostenido por el preso.

Después contó todo lo relacionado con Fidel desde la cárcel, su aliento constante, su paradigmática frase de que ¡Volverán!, hasta su encuentro con Los Cinco a pocos días del regreso.

Al terminar, un prolongado aplauso se dejó escuchar en el recinto por los jóvenes, que una vez fuera, otra vez se hicieron decenas de fotos con el Héroe, quien con mucha paciencia atendía la petición de todos, como el hombre de pueblo que es.


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Este es mi espacio personal para el diálogo con personas de buena voluntad de todo el mundo. No soy dueño de la verdad, sino defensor de ella. Vivo en un país libre y siento orgullo de ser cubano.
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